Cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante

Practicamente todos los órganos y sistemas del cuerpo se ven afectados durante el embarazo, principalmente debido a una influencia hormonal. A continuación te explicamos los cambios más relevantes.
Cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante
Miriam Barriga Sánchez

Escrito y verificado por la enfermera Miriam Barriga Sánchez.

Última actualización: 05 septiembre, 2022

Los cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante se deben a los nuevos requerimientos y necesidades del cuerpo y del feto. Estos cambios afectan a todos los aparatos y sistemas del organismo, y no todas las mujeres los experimentan en igual medida.

Por tal motivo, el proceso de adaptación puede ser bastante duro dependiendo del contexto. En el siguiente artículo te explicamos a profundidad cuáles son todos esos cambios, siempre desde un punto de vista objetivo y entendiendo que es algo natural y temporal.

1. Aparato reproductor

El útero es el órgano del aparato reproductor que más cambios experimenta. Aumenta de tamaño, alcanzando hasta una capacidad de 5 litros aproximadamente y 1.100 gramos de peso al finalizar la gestación.

En la mujer no embarazada, el útero se encuentra dentro de la pelvis. Durante el embarazo se convierte en un órgano abdominal y, conforme aumenta de tamaño, se puede palpar su fondo a través del abdomen.

El crecimiento uterino es uno de los parámetros más empleados para controlar la evolución del embarazo. Ese crecimiento se debe a la acción de los estrógenos y la progesterona (ambas son hormonas), y a la distensión que provoca el crecimiento fetal desde el interior.

Asimismo, el flujo sanguíneo al útero aumenta conforme avanza el embarazo para poder perfundir adecuadamente a la placenta y, por consiguiente, al feto.

Cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante.

Otros cambios del aparato reproductor

Si bien el útero es el órgano visiblemente más “afectado” por el embarazo, también hay cambios vitales en otros órganos cercanos. Te explicamos los más importantes:

  • Cuello uterino. Aumenta la secreción de las glándulas cervicales, dando lugar al tapón mucoso, que servirá de defensa ante la entrada de microorganismos en la vagina. También aumenta su vascularización y se edematiza, reblandece (signo de Hegar) y toma una coloración ligeramente azulada.
  • Vagina y vulva. Aumenta la vascularización, lo que provoca que los tejidos estén ligeramente edematosos y cianóticos (es decir, con coloración azulada, que aquí se conoce como signo de Chadwick). La vagina se vuelve más elástica, aumenta la secreción de flujo blanquecino y espeso y baja el pH vaginal, lo que favorece las infecciones como candidiasis.
  • Ovarios. Aproximadamente, hasta las 7 semanas de embarazo uno de los ovarios contiene el cuerpo lúteo, que mantiene la producción hormonal que permite que el embarazo progrese hasta que la placenta sea la principal productora de hormonas.
  • Mamas. Aumentan de tamaño, así como también la pigmentación de la areola y el pezón, en donde se forman unas elevaciones conocidas como tubérculos de Montgomery (glándulas sebáceas hipertróficas). Asimismo, aparece la red venosa de Haller y, a partir del cuarto mes de gestación, es posible que aparezca la primera secreción láctea.

Dentro de los cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante, el aparato reproductor es uno de los que más modificaciones presenta.

2. Piel

Los cambios hormonales son la causa de la mayoría de las modificaciones cutáneas. Durante el embarazo puede aparecer lo siguiente:

  • Hiperpigmentación en la línea alba del abdomen, los pezones, las areolas o la vulva.
  • Manchas en la cara (cloasma gravídico). Según un estudio, se trata fundamentalmente de un problema estético, caracterizado por zonas hiperpigmentadas que adquieren diversas tonalidades. Suele resolverse espontáneamente luego del embarazo.
  • Pueden aparecer arañas vasculares en cara, cuello, extremidades o tórax.
  • Estrías en mamas, abdomen o glúteos.
  • Aumento de actividad de las glándulas sudoríparas y sebáceas.

3. Cambios metabólicos

A nivel metabólico, el cuerpo de la mujer gestante también experimenta cambios:

  • Aumento de peso. Debido fundamentalmente al feto, aumento de volumen sanguíneo y líquido intersticial, crecimiento de útero y mamas y depósitos nuevos de grasa.
  • Metabolismo de los hidratos de carbono. Aumenta la producción de insulina y al mismo tiempo aparece una resistencia de los tejidos a su efecto. Aumenta la utilización periférica de glucosa y disminuye la producción de glucosa en el hígado.
  • Metabolismo de las grasas. Durante el segundo trimestre, aumenta tanto la síntesis como la absorción de colesterol y triglicéridos, al igual que la acumulación de grasa en los tejidos.
  • Metabolismo de las proteínas. El crecimiento de los tejidos fetales supone una gran demanda de proteínas.
  • Metabolismo del agua. La retención de agua durante el embarazo es fisiológica, reteniéndose hasta 7 litros de agua repartidos entre madre, feto y anejos.


4. Aparato respiratorio

Los estrógenos aumentados durante el embarazo causan hiperemia de la mucosa de las fosas nasales, lo que causa episodios de rinitis, congestión nasal o epistaxis (sangrado por la nariz).

La caja torácica también se modifica en el embarazo; el diafragma se eleva y el ancho del tórax aumenta. Estos cambios se deben al aumento de tamaño del útero y a la relajación de los ligamentos intercostales debido a las hormonas.

Cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante.

A nivel de la función pulmonar también se producen cambios:

  • La capacidad residual funcional y total disminuyen.
  • Aumentan la capacidad inspiratoria y el volumen corriente.
  • Aumenta ligeramente la frecuencia respiratoria, especialmente en el tercer trimestre.

5. Aparato digestivo

Es habitual que las mujeres embarazadas sientan náuseas y padezcan vómitos, y esto se debe, fundamentalmente, a la presencia y acción de la β-hCG y de la progesterona (hormonas que actúan durante el embarazo).

La boca también sufre modificaciones durante el embarazo ya que, debido a la acción de las hormonas, el pH salival desciende, lo que puede alterar la flora bacteriana. Si no se potencia una adecuada higiene bucal, esto puede propiciar la aparición de caries.

Aí pues, los estrógenos aumentan la vascularización, lo que puede provocar sangrado e inflamación de encías.

El útero, al aumentar de tamaño, desplaza los órganos abdominales, lo que provoca que aumente la presión intraabdominal. La progesterona relaja el tracto gastrointestinal, por lo que el tránsito intestinal se vuelve más lento. Esto puede ocasionar lo siguiente:

La acción de la progesterona también actúa sobre la vesícula biliar, lo que provoca un vaciado más lento, hecho que aumenta el espesor de la bilis. Estos cambios favorecen la litiasis (aparición de cálculos o “piedras”) en la vesícula.

6. Aparato urinario

Los riñones en el embarazo aumentan de tamaño al aumentar la vascularización, el volumen intersticial y los espacios muertos. También se dilatan las pelvis renales y los uréteres.

Estos cambios son más marcados en el riñón derecho (por la rotación del útero), y se pueden apreciar desde el primer trimestre de embarazo. Además, ocasionan una estasis urinaria que puede dar lugar a infecciones o litiasis en el riñón.

El útero aumenta la presión intravesical, lo que, sumado al aumento de producción de orina, da lugar a un incremento de las micciones diarias.

7. Sistema endocrino

Durante el embarazo se producen cambios en la segregación de diferentes hormonas, al igual que se liberan otras nuevas. Una de las más importantes es la gonadotropina coriónica humana (HCG), en especial su subunidad beta (β-hCG), la cual es medida por los distintos test de embarazo, tanto de sangre como de orina.

Esta sustancia es producida por la placenta. Sus niveles son muy altos durante el primer trimestre, y disminuyen para después mantenerse estables durante el resto del embarazo. Se sabe que influye en el crecimiento fetal, mantiene el cuerpo lúteo hasta que la placenta es capaz de producir esteroides suficientes y estimula los testículos fetales para que produzcan testosterona.

Cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante.

También cambian las concentraciones de algunas hormonas vitales durante el embarazo. Son las siguientes:

  • Lactógeno placentario. También es una hormona placentaria. Sus funciones son aumentar la lipólisis (degradación de triglicéridos en el tejido adiposo), aumentar la resistencia a la insulina, disminuir la gluconeogénesis (producción de glucosa) e inducir la proliferación del tejido mamario.
  • Estrógenos y progesterona. También producidas por la placenta. Intervienen en la mayor parte de cambios anatómicos que se producen durante el embarazo.
  • Hormona liberadora de gonadotropinas. Es una hormona hipotalámica que actúa sobre el crecimiento de la placenta y sus niveles aumentan durante el embarazo.
  • Prolactina. Es una hormona hipofisaria. Sus niveles aumentan conforme avanza el embarazo para preparar al cuerpo para la lactancia.
  • Hormona tirotropa. Se produce en la glándula tiroides. Sus niveles descienden ligeramente en el primer trimestre al aumentar la HCG (tienen estructura similar). Luego sus niveles vuelven a la normalidad.


8. Aparato cardiovascular

El volumen sanguíneo aumenta en la embarazada sobre 1.500 – 1.700 mililitros. Este aumento de volumen no es regular, ya que aumenta más el volumen plasmático que el celular en la sangre, lo que conlleva una hemodilución y una anemia fisiológica. Este aumento del volumen sanguíneo tiene diferentes funciones durante el embarazo:

  • Protege de las pérdidas sanguíneas que sufrirá la madre en el parto.
  • Satisface las nuevas demandas metabólicas.
  • Protege de los efectos perjudiciales del retorno venoso deteriorado en el embarazo.

El número de leucocitos se eleva y las plaquetas pueden disminuir de manera leve. Los factores de coagulación aumentan y desciende la actividad fibrinolítica, lo que, sumado a la estasis sanguínea que produce el útero sobre el retorno venoso, aumenta el riesgo de padecer un tromboembolismo.

A nivel anatómico, el diafragma se eleva y desplaza hacia delante y hacia la izquierda el corazón. El gasto cardíaco (GC) aumenta, al igual que la frecuencia cardíaca, que aumenta hasta 15-20 latidos por minuto.

Asimismo, los valores de tensión arterial no se modifican durante el embarazo, y pueden, en algunos casos, incluso disminuir.

Otros cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante

Huesos

El cuerpo de la mujer embarazada aumenta la absorción de calcio y fósforo, al igual que moviliza el que contienen sus huesos para permitir el adecuado desarrollo del feto. Tras el parto, la densidad ósea vuelve a la normalidad. Está demostrado que la gestación no es un factor de riesgo para padecer osteoporosis en el futuro.

Sistema musculoesquelético

La columna vertebral acentúa su lordosis para adaptarse al aumento de peso. Pueden comprimirse o distenderse raíces nerviosas vertebrales. Estos cambios pueden provocar lumbalgias o neuralgias.

Cambios anatomofisiológicos en la mujer gestante.

Sistema inmunitario

Durante el embarazo, ciertas funciones inmunitarias se suprimen para permitir que un “cuerpo extraño” (el embrión) se aloje en el cuerpo.

Sexualidad

Las modificaciones previamente descritas pueden influir en la sexualidad. El aumento de vascularización de la región genital aumenta la sensibilidad, lo que puede aumentar la satisfacción o incluso resultar molesto para algunas mujeres.

En los embarazos de curso normal, las contracciones generadas en el útero tras un orgasmo no desencadenarían el parto porque son de baja intensidad.

Toda embarazada debería conocer los cambios por los que está pasando su cuerpo

En definitiva, el embarazo es un evento muy complejo y que ocurre bastante rápido. Los cambios son progresivos pero muy acentuados, por lo que toda futura madre puede experimentar cierta sensación de incomodidad ante el nuevo cuerpo.

Es importante entender que se trata de algo natural y transitorio, y que es posible adaptarse a las nuevas situaciones con un poco de paciencia y orientación. Por eso, siempre que se tenga una duda vale la pena acudir con la matrona o el obstetra de confianza y recibir una orientación al respecto.

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  • Juárez M, et al. Melasma en Atención Primaria. Med fam Andal Vol. 18, Nº.2, octubre-noviembre-diciembre 2017. Disponible en: https://www.samfyc.es/wp-content/uploads/2018/10/v18n2_07_repasandoAP.pdf.