Varicela y herpes zóster durante el embarazo

Si bien la varicela y el herpes zóster son provocadas por el mismo agente, sus complicaciones durante el embarazo pueden ser muy diversas. Conoce más en esta nota.
Varicela y herpes zóster durante el embarazo
Maria del Carmen Hernandez

Escrito y verificado por la dermatóloga Maria del Carmen Hernandez.

Última actualización: 06 julio, 2023

La varicela y el herpes zóster son enfermedades relevantes durante el embarazo. De hecho, una de cada tres personas desarrollan la patología en algún momento de su vida. No obstante, las complicaciones ocurren principalmente en los adultos mayores y, con menor frecuencia, durante la gestación. A continuación, te contamos todo lo que debes saber al respecto.

¿Qué son la varicela y el herpes zóster y por qué aparecen?

El herpes zóster es una infección viral ocasionada por el virus de la varicela zóster. Una vez que el cuadro inicial de la varicela se ha resuelto, el virus se mantiene latente en el sistema nervioso del organismo durante bastante tiempo para reactivarse luego como herpes zóster, también llamado culebrilla.

Por lo tanto, si nunca se ha tenido varicela, no es posible padecer el herpes zóster. Por su parte, si se expone a alguien que tiene herpes zóster y no se cuenta con la inmunidad a la varicela, la persona contraerá esta última enfermedad.

Síntomas del herpes zoster durante el embarazo

La mayor parte de los cuadros de herpes se resuelven en el transcurso de las 3 o 5 semanas. Incluso, en aquellas personas que tienen factores de riesgo, la enfermedad puede aparecer más de una vez.

La lesión del herpes zóster se presenta como un ramillete de ampollas llenas de líquido en un hemisferio del cuerpo y en un área determinada de la piel denominada dermatoma. Esta es la diferencia de las pequeñas ampollas diseminadas por todo el cuerpo que se observan en la varicela.

De acuerdo con una publicación de la American Academy of Dermatology, los síntomas incluyen los siguientes:

  • Escalofríos.
  • Fiebre.
  • Cefalea.
  • Dolor muscular.
  • Fatiga.
Algunas infecciones virales, como el herpes zóster, se caracterizan por presentar la piel pruriginosa y eritematosa, que genera dolor y sensación de quemazón.

¿Cómo se contagian la varicela y el herpes zoster durante el embarazo?

La varicela se contagia por contacto estrecho entre las personas. De hecho, si nunca antes se ha expresado algún síntoma, puede aparecer a cualquier edad. Así, las formas de contagio son a través de las gotitas respiratorias o por el contacto directo con las lesiones que aún no resolvieron.

Si estás embarazada y nunca has tenido varicela, lo mejor es evitar el contacto con aquellas personas que tengan la enfermedad o herpes zóster. Por su parte, el virus es contagioso siempre que las lesiones estén expuestas y no hayan evolucionado a costras.

¿Las embarazadas tienen mayor riesgo de contagio?

Es posible que durante el embarazo los casos de herpes zóster tiendan a elevarse. Esto se debe a que se genera un estado de inmunosupresión natural que hace descender las propias defensas inmunitarias del cuerpo.

Si el herpes zóster se desencadena durante el embarazo, no ocasionaría daños en el bebé. De hecho, la inmunidad que la embarazada puede tener a la varicela colaboraría para proteger al pequeño antes de nacer. De lo contrario, si la gestante no tiene inmunidad o no está inoculada con la vacuna, la exposición al virus sí es potencialmente riesgosa para el niño.

¿Hay riesgos para el bebé en desarrollo?

De acuerdo con estudios publicados por MotherToBaby, la culebrilla es poco frecuente durante la etapa de gestación. Por lo tanto, no se ha observado que aumente la probabilidad de defectos de nacimientos. Tampoco se ha visto que el herpes zóster aumente las probabilidades de complicaciones en el embarazo, tanto parto prematuro como bajo peso al nacer.

Sin embargo, contagiarse varicela durante el embarazo puede poner en riesgo al feto. De acuerdo con una publicación de AEPap, esto dependerá del momento de la gestación en que se produce el contagio, lo cual puede provocar las siguientes manifestaciones clínicas:

  • Síndrome de varicela fetal.
  • Varicela fetal asintomática.
  • Varicela perinatal.
  • Varicela neonatal adquirida.
En general, se indica realizar un análisis de sangre para determinar si existen anticuerpos contra el virus de la culebrilla.

¿Cuándo se debe acudir al médico?

En caso de haber estado expuesto a alguien con herpes zóster o varicela, y no haber tenido la enfermedad previamente, se debe informar al obstetra de inmediato. Si hay anticuerpos presentes, quiere decir que en el pasado se tuvo varicela o se recibió la vacuna contra ella. En este caso, no existe riesgo de contraer la enfermedad.

Si no se encuentran anticuerpos séricos para el virus, se puede administrar una inyección de inmunoglobulina. Asimismo, si se pretende que sea lo más efectiva posible, debe recibirse dentro de los 4 días posteriores a la exposición. Esto ayuda a evitar contraer la enfermedad y, quizás, herpes zóster en el futuro. Incluso, cursar un cuadro de varicela menos grave. El diagnóstico es relativamente sencillo, según los síntomas y la localización de las lesiones.

Opciones terapéuticas para poner en práctica

La administración de un medicamento antiviral ayuda a disminuir la sintomatología y a reducir la duración de la patología. En la mayoría de los casos, los antivirales son fármacos seguros para administrar durante el embarazo. Si bien el herpes zóster no suele ser peligroso para el bebé o la embarazada, algunos de los síntomas pueden complicarse si son severos o prolongados. Es decir, cuando existen signos de deshidratación o fiebre.

La importancia de los cuidados perinatales

En conclusión, las probabilidades de cursar varicela o herpes zóster durante el embarazo son bajas. Incluso, si se presenta, es poco probable que la culebrilla ponga en riesgo al bebé. En caso de notar una erupción eritematosa de cualquier tipo durante el embarazo, siempre se aconseja informar al médico de confianza. Si bien puede no ser varicela o culebrilla, podría tratarse de alguna otra condición potencialmente peligrosa que justifique el diagnóstico y tratamiento.


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