Proteger y consentir: ¿cómo se diferencian?

Este artículo fue redactado y avalado por la profesora Marisol Rendón Manrique
· 7 marzo, 2019
Aprende a identificar la gran diferencia entre un niño que es protegido y uno excesivamente consentido.

Hay muchas diferencias entre proteger y consentir a un niño, y también entre un hijo feliz y uno consentido. Recuerda que la forma en la que educamos a los pequeños los prepara para lo que la sociedad les pedirá en un futuro. Por eso, la capacidad que tengan para adaptarse a las características del mundo depende del entorno en el que crezcan.

«La sobreprotección es una actitud inconsciente que frecuentemente asumen los padres ante la crianza de los hijos y que se manifiesta en cuidados excesivos, permisividades y complacencias con el afán de idealizar la imagen de padres abnegados y que cubre el rechazo al rol que les corresponde desempeñar.»

– Pascual Álvaro –

La infancia es la época en que se empiezan a interiorizar los valores y se desarrolla el carácter y las habilidades para la vida. Por eso, hay que ver a los niños como un tesoro maleable que se debe respetar y educar con afecto y fundamento. Viéndolo de esta manera, es posible esculpir al ser humano que el mundo necesita para ser mejor.

¿Cuáles son las diferencias entre proteger y consentir?

Lo que espera el niño de la vida y de los demás

Un niño que ha sido sobreprotegido o excesivamente consentido demanda mucho de su entorno. Cuando no consigue lo que quiere, recurre a las pataletas y a mecanismos de presión que no son apropiados. Está habituado a conseguir lo que quiere, cuando quiere y no tiene tolerancia a la frustración.Proteger y consentir: ¿cómo se diferencian?

Por el contrario, un niño protegido y feliz aprende con más facilidad el valor de las cosas. Comprende las situaciones y no tener el juguete de moda o un teléfono de alta gama no implica un problema mayor. Aunque lo quiera, puede vivir perfectamente sin él.

El sistema de valores y creencias

Consentir al extremo a un niño afecta su sistema de valores. Empieza a surgir la creencia de que todo se puede comprar u obtener sin hacer grandes esfuerzos. Finalmente, eso es lo que ve en su entorno.

Al otro de lado de la balanza están los niños que crecen en entornos en los que reciben comprensión, afecto y tienen conciencia de lo correcto y lo incorrecto. Cada vivencia les hace apreciar el hecho de tener un grupo de apoyo en casa. Esto les ayuda a construir un sólido concepto del amor, de la familia y de la solidaridad.

La formación del carácter

El carácter de los niños “mimados” suele inclinarse a la fácil frustración y a la intransigencia, incluso en edades tempranas. Aprenden a demandar las cosas con poca sutileza y sin pensar en los sentimientos y posibilidades del otro. Les cuesta enormemente desarrollar el valor de la empatíade ahí la importancia de diferenciar proteger y consentir a los niños.

Un niño feliz manifiesta acciones más sensibles desde pequeño. Aprende a pedir lo que quiere o necesita de un modo cordial y no hiere intencionalmente a los demás. También hay que resaltar que un niño educado bajo la protección controlada e inteligente será un adulto más independiente.

El nivel de entendimiento

Los pequeños que reciben inmediatamente todo lo que piden pierden su sentido de curiosidad y creatividad. Si, por ejemplo, les prestas tu móvil sin mayor oposición, no buscarán formas alternas de divertirse y entretenerse.

Los niños que reciben un “no” como respuesta ante alguna de sus peticiones, cambiarán de interés rápidamente. Son más recursivos y logran desarrollar habilidades diferentes y se dejan llevar por su creatividad al imaginar otros juegos. Proteger y consentir: ¿cómo se diferencian?

En resumen…

Aunque es natural que quieras darles a tus hijos todo lo que piden (y lo que tal vez tú no tuviste), hacerlo no es la mejor opción, de ahí la diferencia entre proteger y consentir. Un ser humano necesita desarrollar tolerancia a la frustración y firmeza en sus convicciones para sobrevivir a un mundo feroz. También requiere sensibilidad ante las situaciones que afrontan los demás y la fortaleza para sobreponerse a las dificultades cuantas veces sea necesario.

El propósito de formar seres humanos con valores solo puede conseguirse a través del amor y la formación con disciplina. Estos dos pilares ayudarán a tus hijos a ser física y emocionalmente saludables y a estar preparados para las habilidades que demanda la sociedad. El equilibrio es la clave para construir los principios y el sistema de creencias que esperas para quienes son el futuro del mundo.

  • Jacquard, A., Manent, P. & Renaut, A. (2004). ¿Una educación sin autoridad ni sanción? Barcelona: Paidós.