Moldeamiento y encadenamiento para enseñar habilidades

4 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Los niños han de aprender muchas nuevas habilidades en sus primeros años de vida. Moldeamiento y encadenamiento son dos técnicas que pueden ayudarlos.

Como padres, somos los encargados de ayudar a nuestros hijos a adquirir nuevas habilidades. Somos sus mentores de vida y está en nuestra mano facilitarles la tarea de aprender a hablar, a caminar, a lavarse los dientes o a vestirse solos. Moldeamiento y encadenamiento son dos técnicas muy sencillas y efectivas para lograr este propósito.

Ambas son técnicas operantes basadas en el refuerzo, que ayudan a los pequeños dominar una habilidad o conducta de forma progresiva. Debido a su facilidad de aplicación, pueden ser empleadas en el hogar cuando no se requiera una intervención por parte de un profesional.

Moldeamiento y encadenamiento: dos técnicas operantes

Tanto moldeamiento como encadenamiento se encuadran dentro del enfoque operante de modificación de conducta. El mismo se basa en la premisa de que nuestros actos se ven influidos por las consecuencias que los siguen.Así, si un comportamiento es premiado (o reforzado), aumentará naturalmente su frecuencia. Del mismo modo, si es castigado o ignorado, reducirá su aparición.Niña lavándose los dientes mediante las técnicas de moldeamiento y encadenamiento.

Con esta base, ambas técnicas utilizan el refuerzo y la extinción para ir dando forma a la conducta de los niños de una manera positiva. Pueden emplearse para instaurar comportamientos nuevos o para modificar otros previamente existentes. No obstante, moldeamiento y encadenamiento cuentan con algunas especificaciones diferentes que hay que tener en cuenta.

Moldeamiento

El moldeamiento se utiliza para establecer, de forma progresiva, conductas sencillas y unitarias. Por ejemplo, para enseñar al niño a pronunciar una palabra o a recortar con tijeras. Para ello, se utiliza el método de aproximaciones sucesivas, que consiste en reforzar conductas cada vez más similares al acto final.

De este modo, es necesario, en primer lugar, definir el objetivo; por ejemplo, que el infante aprenda a pronunciar la palabra ‘muñeco’. A continuación, hay que conocer la línea base de la que partimos, es decir, una conducta que ya exista en el repertorio del pequeño y, a partir de la cual, podamos trabajar. En este caso, podría ser que el niño dijese ‘eco’ cada vez que pida su muñeco.

Desde este punto, habremos de ir reforzando pronunciaciones cada vez más aproximadas al objetivo final. Así, al principio será conveniente reforzar ‘eco’, de manera que el niño se sienta motivado a seguir pidiendo su muñeco con palabras. No obstante, más adelante, la exigencia ha de ir subiendo, de modo que dejaremos de reforzar ‘eco’ y trataremos que el niño emita una pronunciación más similar.

Si, por ejemplo, logramos que diga ‘nuneco’, esta será la nueva aproximación a premiar, y dejaremos de reforzar el paso anterior ‘eco’. Así, mediante nuestra atención y halagos, iremos conduciendo al niño a una pronunciación más acertada hasta lograr la palabra completa.Niños recogiendo sus juguetes mediante las técnicas de moldeamiento y encadenamiento.

Encadenamiento

El encadenamiento se utiliza para enlazar conductas simples de manera que se forme una secuencia. Es lo que deseamos lograr, por ejemplo, cuando queremos que el niño aprenda a lavarse los dientes. Hacerlo adecuadamente requiere realizar una serie de acciones, unas detrás de otras.

En el encadenamiento hacia delante se enseña al niño el primer paso del proceso, por ejemplo, poner la pasta de dientes en el cepillo, y se premia esta acción, siendo el adulto quien realiza el resto de la secuencia. Progresivamente se van añadiendo pasos, como frotar los dientes de arriba, los de abajo, las muelas, enjuagarse…, y solo se refuerza la última ampliación de la secuencia. Si el niño ya ha adquirido los pasos hasta frotar las muelas, no tendría sentido reforzar el mero hecho de que ponga la pasta en el cepillo.

Otra variante de esta técnica es el encadenamiento hacia atrás, en la cual se empieza adquirir la secuencia por el final y se van añadiendo pasos previos. Por ejemplo, si deseamos que el niño recoja la habitación después de jugar, podemos guardar nosotros todos sus juguetes menos uno. Dejaremos que sea él quien guarde el último y premiaremos su conducta.

Al día siguiente, el niño guardará dos juguetes, al siguiente, tres, así, hasta que coloque la habitación por sí mismo. El punto favorable que tiene esta opción es que el niño comienza a aprender desde pasos más cercanos a la finalización, es decir, al éxito. Esto puede hacer que su motivación sea mayor desde el primer día.

En definitiva, ambas son técnicas sencillas y fáciles de aplicar en el hogar. Son una alternativa muy favorable para ayudar al niño a adquirir habilidades nuevas desde un enfoque positivo y reforzador.