Diferencias entre sobreprotección y protección exagerada

En muchas ocasiones, las madres y padres, sin querer, nos excedemos en nuestras competencias a la hora de proteger a los más pequeños, y es algo que no es positivo para los niños.
Diferencias entre sobreprotección y protección exagerada
Pedro González Núñez

Escrito y verificado por el educador infantil Pedro González Núñez el 10 abril, 2021.

Última actualización: 10 abril, 2021

Conscientes de que proteger en exceso al niño puede ser un problema, todavía queda una diferenciación que hemos de considerar. Sobreprotección y protección exagerada parecen lo mismo, pero no siempre van de la mano, aunque se consideren dos vertientes de un mismo río.

Sea como fuere, ni la sobreprotección, la más elevada de las protecciones, ni la exageración en este campo acaban por ser situaciones sanas ni para el niño ni tampoco para el adulto que, en realidad, está escondiendo sus problemas propios al volcarse sobre su hijo como si lo quisiera moldear, proteger de todo mal o evitarle lances comunes en la vida y desarrollo de todo ser humano.

Las tenues diferencias entre sobreprotección y protección exagerada

Padre ejerciendo una protección exagerada con su hija.

Las diferencias entre protección exagerada y sobreprotección pueden radicar, de forma común, en el miedo que los padres pueden tener. Y es que, cuando sobreprotegen, impiden que los niños hagan nada por miedo a que se frustren o sientan malestar. Cuando exageran la protección, simplemente son desconfiados, creen que el pequeño se puede lastimar, pero no llegan a hacer las tareas por él, aunque sí hay cierta tendencia a la prohibición.

Así pues, una persona que es protectora en exceso tiene dificultades para entender el desarrollo de su hijo, por ejemplo, creyendo que no tiene habilidad motora suficiente para alimentarse por sí mismo, por lo que le da de comer cuando el infante ya debería ir probando por sí solo para mejorar su desempeño con los cubiertos.

No obstante, por más desconfianza que genere, finalmente se van dando pasos, lentos, pero de avance, para que el pequeño actúe por su cuenta.

Cuando el adulto practica la sobreprotección, directamente impide que su hijo haga nada de nada, aunque esté preparado y tenga la habilidad. Hablamos de que el pequeño coma solo y también de que se vista por sus propios medios, por ejemplo. No lo permite por miedo a que se dañe.

Proteger, proteger exageradamente y sobreproteger

Proteger es ayudar a una persona que no tiene los recursos suficientes para cuidarse por sí misma. Es la mejor forma de ayudar a los niños a que se vayan desarrollando de una forma óptima.

Proteger exageradamente es parecido a la protección, aunque las madres tienen cierto miedo y están más pendientes de lo estrictamente necesario, lo que puede provocar que el desarrollo no sea óptimo o sea más lento de lo habitual.

Sobreproteger produce angustia y malestar continuo en la madre. Y, por supuesto, también despierta sentimientos negativos en los niños, que se ven incapaces de hacer nada por sí mismos y acaban por creer que la burbuja en la que viven es el mundo real.

¿Cómo evitar la protección exagerada y la sobreprotección?

¿Cómo podemos evitar la protección exagerada y, sobre todo, la sobreprotección? Generalmente, el sentido común nos informa de ello. No obstante, lo ideal es una protección adecuada, que consiste en lo siguiente:

Niño abrazando a su padre porque sabe que puede hacer las cosas por sí mismo.
  • Dar de comer a los bebés cuando no tienen la habilidad motora propia para hacerlo. Ahora bien, hay que tener la paciencia suficiente para que, según el niño adquiere capacidad, vaya probando sus propias capacidades. No es normal que un chico de 3 o 4 años, por ejemplo, no coma solo nunca o ni siquiera lo intente o no le dejen hacerlo.
  • Ayudar a los niños a vestirse mientras no han desarrollado las habilidades pertinentes. Ahora bien, también hay que ir enseñando cómo hacerlo por sus propios medios para que, aprendidas las destrezas, ellos sean capaces de hacerlo sin ayuda.
  • Hacer lo mismo con todas las habilidades que han de desarrollar los niños para que se conviertan en personas autosuficientes y responsables.
  • Evitar que el pequeño se exponga innecesariamente a situaciones que le pueden provocar malestar o podrían suponer un riesgo absurdo para su salud física y psicológica.

En definitiva, leídos los básicos del cuidado y la protección adecuada del niño, recordemos que esto no se debe confundir con los excesos.

“Mientras más lo protege una, a la larga es peor para él, pues le impide desarrollar sus propias defensas”.

Zenobia Camprubí Aymar

Recuerda siempre las leves diferencias entre sobreprotección y protección exagerada y la necesidad de apostar por el sentido común en la educación y desarrollo de los niños. Solo con una protección sensata y razonable podremos lograr que nuestros peques sean sujetos autosuficientes, con un correcto amor propio y seguros de sí mismos.

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  • Borja, D. (2012). La sobreprotección familiar y su incidencia en el desarrollo integral de los niños y niñas. Ecuador: Ambato.