Consecuencias de las carencias afectivas en la niñez

El afecto, el cariño, el amor y el cuidado son de los alimentos más importantes a dar a los niños en sus primeros años de vida. En los primeros meses incluso es primordial para su sobrevivencia. Pero ¿qué pasa cuando faltan estos alimentos para el alma y el normal desarrollo del infante?, ¿cuáles son las consecuencias de las carencias afectivas en la niñez?

Se conoce como carencia afectiva la privación del amor, afecto, cariño y cuidado de los padres, pero sobre todo de la madre, hacia los hijos. Se manifiesta por distintos factores que pueden ser desde la ausencia física de los padres por maltrato, negligencia, rechazo o abandono, por rupturas del hogar o incluso, ausencias inesperadas como la muerte de los padres o la estadía por largos períodos de tiempo del niño o de la madre en hospitalización.

El amor es importante tanto como los alimentos y la educación para el desarrollo físico, psíquico y emocional del niño. Quien en su infancia ha carecido de calor de hogar y del amor infinito de los padres o ha percibido, aún estando con ellos, que no ha sido amado lo suficiente, podría carecer de afecto y desarrollar patrones de apego insanos o ser más propenso a conductas autodestructivas.

La privación por un largo período de tiempo del afecto de padres o cuidadores del bebé puede desencadenar el síndrome de la carencia afectiva definido como la privación de la relación, desde el amor y el afecto, de la madre con el hijo. Es una falta grave de estimulación afectiva que interrumpe la maduración cognitiva, física, emocional y social del niño y causa trastornos conductuales y sociales.

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Consecuencias de las carencias afectivas en la niñez

Los padres deben estar muy conscientes de la importancia de su rol modelador y de soporte que tienen con sus hijos. Padres ensimismados, egoístas y egocéntricos, centrados solo en sus asuntos, por lo general, son quienes no cumplen a cabalidad con la cuota de afecto que demandan sus hijos.

El amor no se mendiga ni se exige, pero sí se ha traído una vida al mundo, un ser vulnerable que demanda de nosotros solo lo más puro como es el sentimiento del amor, la pregunta es ¿por qué no brindarlo?

Un niño sometido a la privación del afecto, en su adultez tenderá a presentar inmadurez emocional, será alguien egoísta, sin empatía, presentará dependencia emocional, inseguridad en sus relaciones, trastornos depresivos, fobias y será una persona egocéntrica y con propensión a los vicios. Son innumerables los males que causa en una persona la crianza en un hogar sin amor.

Permanente búsqueda afectiva

El niño que crece con carencia de amor de sus progenitores o cuidadores se conducirá por el mundo con avidez de afecto. Tenderán a buscar reconocimiento, aceptación y afecto a toda costa en otras personas y a depositar su valía en la opinión de los demás.

Trastornos de lenguaje y aprendizaje

Los niños con síndrome de carencia afectiva -indican los psicólogos- presentan problemas de lenguaje y bajo rendimiento académico. Demoran en desarrollar el lenguaje y poseen pocas habilidades sociales. Por lo general ven de forma negativa la expresión de afecto por lo que no son muy afectuosos con quienes le rodean. Censuran sus emociones.

Diversos estudios han demostrado que los niños con carencias afectivas son más propensos a contraer enfermedades.

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Desconfianza generalizada, miedo al abandono

Los niños con carencias afectivas profundas, que no son atendidas terapéuticamente o superadas, crecen con una sensación de vacío y desconfianza que mina sus relaciones. El miedo al abandono es parte de los patrones que ha adquirido y del que le costará desprenderse. La dependencia emocional, la baja estima y el aislamiento serán vestigios de las faltas de amor en la infancia.

Cómo evitar las carencias afectivas

Para evitar las carencias afectivas en la niñez es importante que los padres estén al pendiente del mundo e intereses de sus hijos.

No se trata de ser padres helicópteros, pero sí padres que entablen relaciones saludables con sus hijos. No basta con estar físicamente, sino que esté mentalmente y emocionalmente dispuesto a dar lo mejor de sí a su familia e hijos.

  • Mantén una buena comunicación con tu hijo. Sé un buen escucha y atiende sus demandas. Lee sus expresiones y valora sus opiniones.
  • Pasa tiempo de calidad junto a tu hijo, juegue, realicen viajes juntos.
  • No raciones ni escatimes en muestras de afecto. Haz que tu hijo siempre se sienta seguro y querido cuando esté a tu lado.
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