Los niños merecen sentirse queridos

Indira Ramírez Terán · 22 abril, 2020
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Ana Couñago el 22 abril, 2020
Los niños necesitan sentir amor y cariño para desarrollarse adecuadamente.

No hay discusión. Los niños merecen sentirse queridos, se trata de la población más frágil y del futuro de la humanidad. En ellos están nuestras esperanzas de que puedan hacerlo mejor que sus padres, maestros y adultos de hoy.

Ellos, nuestros niños, son el futuro y para que ese tiempo sea mejor que el actual es necesario formarlos desde el amor, sentimiento que por su fuerza e intensidad nos asegura serán de adultos personas buenas, amorosas, felices, fuertes y sanas.

Los padres deben hacer una prioridad el demostrar amor a sus hijos. Por ellos, debemos frenar las caras de angustia, cansancio, molestia e incluso frustración por los avatares que a diario se enfrentan en la calle, el trabajo y la vida misma y darles, por su felicidad, una sonrisa y nuestro mejor tiempo cargado de imaginación, amor y ratos agradables y entretenidos. Ellos no tienen porqué lidiar con nuestras angustias ni ser en quienes depositemos nuestras sombras.

Los niños merecen sentirse queridos porque no hay nada más mezquino y triste que negarle amor a un niño que en los primeros años de vida nos necesita para su supervivencia y solo nos reclama amor.

Un niño con carencias afectivas crecerá con un vacío que no se llena con cosas materiales, sino con afecto de sus padres, y tendrá de adulto mayor inclinación al vicio, las relaciones tóxicas, problemas de autoestima y sociabilidad y a sufrir de depresiones.

Los niños merecen sentirse queridos

Gestos amorosos

Los abrazos, besos y caricias son una demostración clara de afecto que beneficia tanto a quien la da como a quien la recibe. A tus hijos no raciones estas muestras de afecto, al contrario demuéstrales cuánto los quieres, aliéntalos a hacer demostraciones de afecto para que no crezcan con la falsa creencia de que está mal o es mal visto demostrar sus sentimientos.

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Las demostraciones de afecto además afianzan los lazos padres-hijos.

Da amor con tus palabras

Siempre debes referirte a tu hijo con cariño. Dirígete a él con respeto y en un tono de voz que le deje saber desde el primer momento que puede contar contigo, que eres su amigo y que siempre estarás allí para él. No uses malas palabras, frases despectivas y evita hablar de forma áspera a tus hijos. Siempre alienta sus avances en la escuela, el deporte o sus acciones en casa con halagos y destaca los aspectos positivos y hermosos de su persona. Un hijo que se sabe querido crecerá sabiéndose valioso y suficiente.

Corrige desde el amor

Cuando tengas que corregir el comportamiento de tu hijo o llamar la atención por un mal acto que haya cometido, incluso en esos momentos, acércate a él desde la comprensión para que conozca que estas palabras vienen de una persona que se preocupa por él y que tus observaciones son por su bienestar. Actúa con tus hijos y con tus semejantes de manera que tus actos demuestren a tu hijo que es desde el amor donde se abren puertas, tienden puentes y reducen las brechas entre los hombres.

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¿Cómo es un niño que sabe que es querido?

  • Tiene mayor fortaleza emocional y de adulto podrá asumir retos y compromisos con seguridad y sabiéndose suficiente.
  • Los abrazos y caricias alivian los dolores físicos y emocionales. El amor es el mejor tratamiento para sanar las heridas del alma.
  • Un niño querido sabrá su valor y al crecer tendrá sanos límites de respeto. Sabrá identificar al lado de quién debe permanecer y de quiénes alejarse.
  • Tiene mayor rendimiento en la escuela y mejor desempeño social.
  • Manifiesta mayor confianza hacía sí mismo y quienes le rodean.
  • Un niño amado sabrá el significado de valores positivos como: familia, amor, amistad, respeto y empatía.
  • Un niño que sabe es amado por sus padres es feliz y tiene una sana autoestima.
  • Se siente acompañado en el mundo. No está solo, tiene una familia.
  • Las caricias y abrazos a tus hijos refuerzas los lazos y hacen que aterricen y disfruten el momento.