Haz de tu hogar un nido de amor

El nido que le construyas a tu hijo deberá ser tan fuerte como para durar la vida entera, y tan cálido como para mantener su temperatura ante el paso del tiempo

Haz de tu hogar un nido de amor construyendo rama a rama un cálido refugio donde tu hijo pueda desarrollarse de manera física y emocional.


Edifica una morada armoniosa, segura y placentera. Para ello no necesitas más que el apoyo de toda la familia.

En el presente artículo nos gustaría brindarte algunos consejos al respecto.

Haz de tu hogar un campo de recreo

El desarrollo psicomotor de un niño se incentiva mediante el juego diario.

Cuando un bebé juega, toma un juguete en sus manitas, lo observa con cuidado, lo voltea, lo pone otra vez en el piso, lo vuelve a tomar… esta sencilla secuencia de movimientos estimula sus habilidades motrices y desarrolla su cerebro.

Cuando compartimos el juego con nuestro hijo no solo le brindamos seguridad, cariño, y apoyo, también le ofrecemos un tiempo precioso en el cual él tendrá la posibilidad de poner en práctica una de las cosas que mejor sabe hacer: imitarnos, para aprender cómo nos comportamos los humanos.

Al niño pequeño hay que proveerle los juguetes y el espacio necesario para jugar. Eso también es amarlo y hacer de nuestra morada un refugio amoroso.

Haz de tu hogar un lugar seguro

Proveerle un ambiente seguro a un niño y adecuar los hábitos de cada miembro de la familia al resguardo de la nueva criatura debe ser una primicia para cualquier madre.

Con el nacimiento de un bebé la decoración en casa también deberá cambiar. Si antes de su llegada todas las mesitas eran bajas y de cristal, o si sobre ellas habían no pocos adornos de cerámica todo esto habrá que reemplazarlo.

Los productos de la limpieza y las sustancias peligrosas deberán quedar a buen recaudo.

Así mismo se pondrán los utensilios cortantes: tijeras, cuchillos, punzones…, etc.

Las escaleras, ventanas y puertas de salida deberán bloquearse. Y todo lo que signifique un peligro potencial para el bebé habrá que buscarle un nuevo lugar.

Desde el mismo nacimiento del niño la familia deberá adecuar su vida, porque más temprano que tarde el bultito que duerme en la cuna comenzará a hacer de las suyas por toda la casa.

Brindarle en todo momento un ambiente seguro es hacer de tu hogar un nido de amor.

Haz de tu hogar un espacio para el aprendizaje

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Cuando un niño nace necesita que sus padres, o las personas mayores con las que convive participen de manera activa en su aprendizaje.

“Nadie nace sabiendo” así versa el refrán. Y como ninguno de nosotros vino al mundo totalmente capacitado se sabe que desde las primeras etapas nos hace falta la guía de nuestros mejores tutores: nuestros padres.

Los seres humanos precisamos que se nos enseñe casi todo. Si otros animales apenas nacen corren tras sus madres a alimentarse para nosotros incluso saciar una necesidad tan vital como esa se convierte en algo más complicado.

A medida que los bebés crecen, y sus padres intervienen en su enseñanza, gatean, se paran, caminan, hablan, corren…

Mediante las canciones y los cuentos infantiles y todo el tiempo que les dedicamos nuestros hijos aprenden.

Velar por su desarrollo en general y garantizarle un correcto aprendizaje… es amarlo.

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Haz de tu hogar un nido de amor

En todo momento hemos intentado que entiendas que hacer de tu hogar un nido de amor es saciar las necesidades vitales de tu hijo, suministrarle un ambiente seguro, darle cariño, cuidarlo, estimular su aprendizaje y compartir tiempo con él.

Un niño pequeño requiere toda nuestra dedicación para crecer sano y feliz. Cuando te convertiste en madre, lo aprendiste.

Ahora bien, tu hijo no siempre seguirá siendo ese bebecito que apenas gorjea. Poco a poco irá creciendo y seguirá necesitando tu supervisión y comprensión para convertirse en el hombre y la mujer que esperas.

Muy pronto te verás enfrascada en la difícil situación de dejarlo cometer errores para que de ellos saque sus propias enseñanzas.

Deberás lidiar con los cambios físicos y de humor que viven todos los adolescentes. Y en ese momento te tocará responder no pocas preguntas. Algunas de ellas quizás te resulten un tanto difíciles de contestar.

Deberás prepararte para el salto hacia un nivel superior de enseñanza: el instituto y todas las responsabilidades y nuevos retos que esto trae. Te tocará vivir en carne propia los rigores del estudio como si fueras tú quien cada día asistiera al salón de clases.

En fin, hacerle un nido de amor a tu hijo es estar siempre presente cuando él te necesite. Construirle una morada a la que vea como su hogar y hacerlo sentir que allí siempre encontrará tu apoyo.

Tu deber no es otro que ese.

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