¿Cómo influyen los hermanos la sociabilidad de los niños?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez el 29 diciembre, 2018
Francisco María García · 29 diciembre, 2018
Con hermanos o no, el grado de socialización de un niño en casa dependerá más de la educación que reciba de sus padres o de su capacidad de integración en el grupo. El papel de los padres, por tanto, es fundamental para que el pequeño no tienda a ser cada vez más introvertido.

La ‘mala fama’ que posee el hecho de ser el único hijo ha llevado a muchos padres a buscar la reproducción filial con tal de que el mayor no caiga en el estigma. Y es que muchas veces se les considera caprichosos, egocéntricos o consentidos.

Es evidente que esto no tienen por qué ser así y dependerá de la educación que den los padres pero, ¿cómo influye tener más hermanos en el grado de sociabilidad de los niños? A pesar de los tópicos sobre hermanos e hijos únicos, las costumbres y los modelos de familia  cambian, tirando por tierra los prejuicios.

¿Tener más hermanos afecta al grado de sociabilidad?

El entorno en el que un niño se desarrolla, sobre todo en sus primeros años de vida, tiene una influencia vital en la definición de la personalidad. Un ambiente sano y una crianza a base de amor y cuidado son las más importantes necesidades.

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La empatía, la confianza, las capacidades intelectuales y, en general, las habilidades sociales del niño, dependen en gran medida de lo que ocurra en sus primeros 12 o 24 meses. Además, por supuesto, del apoyo y la cercanía que reciban de sus padres.

La paternidad se ha retrasado

Las familias actuales, en su amplia diversidad, no se rigen demasiado por moralismos anticuados. Al contrario, las parejas prefieren muchas veces priorizar el trabajo y la profesión, la juventud o los viajes antes de dar el enorme paso de la paternidad.

En la práctica, el disfrute de la pareja sin hijos supone una demora en la formación de la familia. Cuando ambos cónyuges llegan a cierta edad no desean más que dedicarse a criar bien a un único hijo o hija. Para quien llega a un hogar con hermanos y para quien los recibe cuando ha pasado mucho tiempo, son las mismas las dificultades para enfrentarse al mundo social.

En sus relaciones sociales, el hijo único suele tener mayor predisposición a trabar amistades con el mundo, obligado por la falta de hermanos. Por el contrario, los hogares donde se crían varios suelen favorecer situaciones de socialización endogámica entre los pequeños.

Más hermanos, menos hermanos, ningún hermano

La presencia de hermanos supone hermosas ventajas y difíciles desafíos para los niños. Para el hijo único también hay desafíos y, por supuesto, ventajas. A la pregunta de si influye tener más hermanos en el grado de socialización de los niños, la respuesta es que no necesariamente.

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Sin embargo, un niño con hermanos tendrá compañeros de juegos a todas horas y recibirá menos presión, ya que las expectativas de sus progenitores con respecto a ellos estarán repartidas. Al menos durante la infancia, los hermanos y hermanas amenizan los días.

El hijo único luchará en silencio contra la soledad. Si tiene suerte, sus padres no compensarán la falta de hermanos con más y más juguetes. Le darán amor y atención de calidad, por lo que su rendimiento social, académico y laboral puede incluso superar ampliamente a aquellos que debieron compartir a los padres.

Ofrecer al hijo un desarrollo sano, un ambiente cálido, armonioso y equilibrado es la mejor receta para que lleve adelante relaciones de la misma calidad. Con o sin hermanos, cada niño es único y merece ser criado de manera especial.

En conclusión, lo único que impide un buen grado de socialización en niños con o sin hermanos es el ejemplo que obtienen de su entorno. A su vez, un niño que tiene sus demandas básicas satisfechas –tenga o no hermanos- será feliz y logrará comunicarse sanamente con sus amigos, así como con otras generaciones.