4 maneras de ayudar a los niños a hacer amigos

Mónica Heras Berigüete · 15 noviembre, 2018
Existen diversas formas de ayudar a los niños a hacer amigos y darles un empujoncito hacia la socialización. ¿Quieres saber cómo? No te pierdas las sugerencias que aquí te presentamos.

A medida que nuestros hijos crecen, la socialización se convierte en algo cada vez más importante. Los amigos les dan seguridad, fomentan su autoestima y constituyen un marco de referencia para que desarrollen las habilidades sociales que les servirán el resto de su vida. Ayudar a los niños a hacer amigos requiere un poco de observación y mucho tacto por tu parte.

¿Por qué es tan importante ayudar a los niños a hacer amigos?

Si bien es cierto que hasta los 3 años la interacción con otros niños no es tan determinante, en el período comprendido entre los 4 y los 11 años la integración en un grupo social se torna cada vez más importante, hasta convertirse en algo crucial al alcanzar la adolescencia.

Las amistades favorecen la autoestima de los niños, gracias a que es a través de las relaciones con los demás como ellos comienzan a adquirir autoconocimiento. Esto implica estar consciente de sus capacidades, sus limitaciones, la imagen que tienen los demás sobre ellos, etc.

Cuando aprenden a comunicarse con sus iguales, a entablar lazos y a cooperar, están desarrollando su capacidad de empatía. Indudablemente, se trata de una cualidad muy importante para su desarrollo emocional.

Relacionarse en ámbitos distintos al de la familia ayuda a los niños en su proceso madurativo, los obliga a desarrollar habilidades y estrategias, a buscar soluciones e, invariablemente, amplía su visión del mundo.

Sin embargo, lo que para algunos resulta muy fácil y natural, para otros parece una misión imposible. Si tu hijo es del grupo al que le cuesta trabajo relacionarse, debes saber que existen fórmulas con las que puedes ayudar a los niños a hacer amigos.

Cómo ayudar a los niños a hacer amigos

1. No metas tus propios sentimientos

No es baladí cuando estamos hablando de nuestros hijos, pero por norma general tendemos a victimizarlos sin darnos cuenta de ello.

Es posible que, ante un rechazo, tu hijo no haya experimentado ninguna emoción negativa; sin embargo, si tu le dices “Pobrecito, que mal debes sentirte”, o incluso si calificas al niño que no quiso jugar con él de “malo”, le estás dando un mensaje muy poco constructivo a tu hijo.

Responder las preguntas más comunes de los niños debe hacerse con paciencia y claridad.

Puede que para ti el rechazo sea un tema que te afecta, pero, ¿no crees que tu hijo también debe aprender a decir no? Para ello, es importante que se experimenten en ambos lados: el que dice no y el que recibe un no. Además, no siempre nos apetece relacionarnos y no con todo el mundo, sin que eso tenga que suponer un problema.

Por otro lado, en muchas ocasiones las experiencias que viven nuestros hijos nos conectan con las nuestras; así, nos recuerdan situaciones que pudieron ser traumáticas en el pasado y creemos que para ellos también lo son. Recuerda: él reacciona distinto y es muy positivo darle la oportunidad de que así sea.

2. Ahora investiga

Una vez que te has separado de la emoción, investiga realmente cómo se siente tu hijo al respecto. Procura una charla distendida, tal vez durante un paseo por el parque o una merienda especial en la que podáis compartir un rato sin presiones ni interrupciones.

Ten tacto, no preguntes a bocajarro, podrían sentirse intimidados o incluso pensar que algo malo está sucediendo. Lo primero que necesitas saber es si su falta de amigos le molesta, qué emoción le causa: enfado, tristeza, frustración, indiferencia o cualquier otra.

Una vez que sabes esto, te será fácil llegar al por qué. Es vital conocer qué es lo que le impide relacionarse: la timidez, su precocidad, si le cuestan las relaciones con iguales y prefiere estar con los adultos, si se debe a que se encierra en algún juego que lo orilla a aislarse (sucede mucho con los videojuegos), u otro motivo.

Un punto en el que hay que poner mucha atención es en indagar si detrás de todo esto se podría estar dando alguna situación de bullying. En ese caso, debes asesorarte para determinar si tu hijo está siendo víctima de acoso escolar y cómo actuar.

“Cuando los niños aprenden a comunicarse con sus iguales, a entablar lazos y a cooperar, están desarrollando su capacidad de empatía”

3. Pasemos a la acción

Una vez que tienes los datos suficientes para saber qué está pasando y por qué a tu hijo le cuesta relacionarse, puedes poner manos a la obra con algunas estrategias sencillas que suelen ayudar a los niños a hacer amigos. Estos son dos ejemplos:

  • Intereses comunes: Supongamos que tienes una hija a la que le encantan los superhéroes y ves que un niño de su clase lleva una camiseta de Thor. Tal vez podrías hacérselo notar para que vea que pueden tener afinidades: “Mira, ¿ese niño no va en tu clase? Parece que es tan fanático de los superhéroes como tú”.
Construir un refugio es una de las vivencias que deben experimentar los niños antes de cumplir 10 años.

  • Un ambiente seguro: Lleva a los niños a un terreno en el que tu hijo se sienta cómodo, como por ejemplo su casa. Proponle organizar una merienda en la que invite a sus compañeros, que les muestre sus juguetes, que les ofrezcáis unos ricos bocadillos preparados por vosotros mismos y que él pueda desplegar sus herramientas sociales sintiéndose seguro, en un ambiente que controla.

4. Abre sus horizontes

Facilítale actividades para relacionarse más allá de la escuela. Es posible que le guste practicar algún deporte o que quiera aprender a tocar un instrumento musical.

El hecho de compartir aficiones específicas con otros niños independientemente del ambiente escolar es muy positivo para ellos. Ya tienen ganado un paso, que es el de encontrar un punto de concordancia con el otro.