Sofía, la niña con síndrome de Down que conmueve al mundo

Sophia es una niña preciosa. Tiene 7 años y reluce ante todo por su fuerza interior y una actitud tan positiva, que a pesar de su corta edad, ha conseguido emocionar a todo el mundo. Según explica ella misma, tener Síndrome de Down no duele ni le asusta, es más, la vida le parece emocionante.

Sabemos que no es la primera vez que te hablamos de esta alteración genética que denomina al Síndrome de Down, ahí donde la presencia de un cromosoma de más, determina las características comunes que todos conocemos. No hace mucho te explicamos el caso de Asher Nash, el adorable bebé al que el mundo de la publicidad le cerró las puertas solo por su apariencia, por sus rasgos diferentes, por sus deficiencias.

Ahora bien, en esta ocasión, vamos un poco más allá para hablarte de una persona muy grande contenida en un cuerpo muy pequeño: Sophia. Esta niña californiana ha conseguido algo que nos hacía mucha falta: está creando conciencia. Esto es así porque hay algo que no podemos negar: estamos ante un colectivo generalmente desfavorecido  u olvidado en nuestra sociedad.

Puede que suene algo cruel decirlo, pero es un dato evidente: las personas con Síndrome de Down son respetadas por la sociedad, pero aún no hemos dado un paso auténtico y real hacia la inclusión. Los niños, las niñas, los jóvenes y los adultos con esta característica no necesitan nuestra compasión, no quieren que les comprendamos, lo que desean de verdad es ser integrados con total naturalidad, ya sea en nuestros entornos de trabajo, en las aulas ordinarias de los colegios, en la publicidad, el arte, el cine…

Quieren su espacio, merecen tener voz y que nosotros, los miremos como a una parte más de nuestra sociedad y no como a personas “enfermas”. Porque tal y como nos dice la propia Sophia, tener Síndrome de Down no duele.

Sophia, una niña muy querida

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Sophia es adoptada. Vino al mundo hace 7 años, en Ucrania, pero cuando sus padres vieron su aspecto y descubrieron su condición genética decidieron abandonarla. Sus primeros meses de vida los pasó en un orfanato, hasta que Jennifer Sánchez y su marido, se cruzaron por casualidad en su vida, y no pudieron cerrar los ojos, no pudieron dejar a su suerte a esa niña tan necesitada.

Los papás adoptivos de Sophia se sensibilizaron de inmediato con ella por una razón muy concreta: uno de sus dos hijos, Joaquín, de 8 años, también tiene Síndrome de Down. No podemos olvidar que estamos ante una particularidad genética que demanda sin duda una atención particular evidente:

  • Estos niños presentan a menudo anomalías congénitas en el corazón
  • Retraso madurativo
  • Aprendizaje lento
  • Problemas oculares
  • Retrasos en el tono muscular
  • Problemas óseos e hipotiroidismo…

Son sin duda condiciones que requieren de una atención médica, afectiva y personal muy especial que a estos padres no les venía de nuevo. Así que cuando Sophia tenía 8 meses, inició una nueva vida con una familia que la adoró desde el primer momento.

No siento miedo, pienso que  tener Síndrome de Down es emocionante

Hace solo unos meses Jennifer Sánchez, la mamá de Sophia, colgó un video de su hija en las redes sociales sin saber que al poco, se convertiría en un video viral. Era una simple conversación entre ambas, donde Sophia respondía a unas preguntas al respecto del Síndrome de Down.

Sophia

En ella, esta niña explica que su particularidad está en la sangre, y que lejos de sentir miedo por sentirse o verse diferente al resto de los niños, nuestra protagonista explica, sencillamente, que para ella es algo emocionante. Lo es porque puede hacer cualquier cosa, porque su corazón se ilusiona del mismo modo que el resto de los niños y porque ante su mirada, parece no haber ningún impedimento para ser feliz.

  • El video de Sophia no tardó en dar la vuelta al mundo, y la razón de su impacto se debió ante todo por esa confianza en sí misma, por sentirse emocionada, feliz y satisfecha por como es, por lo que le caracteriza.
  • Para Sophia ser diferente es algo estupendo. Se siente amada, se siente feliz, se ve bonita por como es, por sus rasgos y esa identidad propia que está construyendo del modo más positivo.

Esta niña nos demuestra que tener Síndrome de Down es celebrar la belleza en todas sus formas. Porque un rostro bonito no tiene por qué tener las clásicas líneas a las que estamos acostumbrados. La auténtica hermosura es la que sobresale de un corazón lleno de vida, de una mirada que desea comerse el mundo y que se siente bien por como es.

Hagamos lo posible para que esa sensación, esa felicidad, esté presente en ella y en todos los niños con necesidades especiales durante toda su vida. Favorezcamos su inclusión, normalicemos su presencia para que todos ganemos.

 

 

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