¿Qué hacer para que mi hijo no grite?

Yamila Papa · 2 diciembre, 2018
Si te preguntas qué medidas tomar para que tu hijo no alce la voz tan a menudo, primero debes saber por qué lo hace. Luego, será momento de buscar soluciones y ser muy constante para lograr resultados.

Hay niños que encuentran en los gritos una única manera de expresar su enojo o frustración. Eso, desde luego, no está bien. Si te preguntas qué hacer para que mi hijo no grite todo el tiempo, te recomendamos que leas el siguiente artículo.

¿Qué hacer para que mi hijo no grite más?

En casa, en el parque, en el mercado, en el autobús… tu hijo grita continuamente y ya no sabes qué hacer para que se calme y cambie su forma de “expresarse”. Debes saber que los niños gritones abundan en este mundo y que lo hacen para llamar la atención de sus padres, así como también para indicar que están enojados, frustrados o inconformes.

Por supuesto, hay casos en los cuales el pequeño grita porque está acostumbrado a ello y su hábito es más fuerte que cualquier intento de cambio.

Como primera medida, debemos saber por qué el niño grita. En la mayoría de los casos, esto se debe a que es la forma en la que maneja sus emociones, sobre todo cuando algo no le gusta o le frustra. Además, los gritos suelen estar acompañados de ‘rabietas’, ‘pataletas’ o llantos.

También puede que se comporte así para conseguir algo que de lo contrario no obtendría. Y allí es cuando los padres tienen la responsabilidad. Si ve que gritando le dan lo que quiere, lo seguirá haciendo. Es decir, la próxima vez que desee algo similar, utilizará ese método que le da resultado.

Otra cuestión que debemos tener en cuenta es que los niños son como esponjas que absorben todo lo que ven; ellos copian cualquier cosa que observan a su alrededor. Si los padres o hermanos hablan a los gritos, entonces él también hará lo mismo.

Los niños desobedientes deben ser atendidos, pero también educados con firmeza.

Consejos para cambiar la forma de expresión de un niño

Es primordial dejar en claro que los gritos no son una buena manera de expresarse, no importa la edad que tengamos o qué queramos conseguir. En lo que se refiere a los niños, es fundamental explicarles que incluso un grito agrava la situación.

Claro está, cuando son muy pequeños, pensamos que no podemos hacerles entender con palabras, pero sí con gestos o acciones. Entonces, el primer paso a seguir es no gritarle a tu hijo. Así, él comprenderá que los gritos no son correctos y que existe otra manera de expresarse. Si le gritas, le darás un mal ejemplo y será confuso para él identificar la mejor forma de hablar.

Haz todo lo posible por detener los gritos en casa, aunque sea entre los adultos y cuando creemos que los niños no están oyendo. Controla la ira y, si tienes algún problema de pareja, soluciónalo en otro sitio o en voz baja y calmada.

Debes saber también que tu hijo no dejará de gritar de la noche a la mañana si lleva meses haciéndolo. Sin embargo, tú sí has de ser tajante en cuanto al cambio de hábitos. La próxima vez que el niño grite, no le respondas con un grito más alto ni salgas corriendo a cumplir sus deseos.

Dile que no le prestarás atención si sigue gritando… que puede hacer las pataletas que quiera pero no le servirán de nada. Sigue haciendo otra actividad y deja que se calme. Recién en ese momento retoma la conversación y permite que te diga qué le sucede.

¿Cuánto tiempo puede llevar este proceso?

No se trata de una modificación fácil. Será muy complejo al principio, te dará pena o querrás hacer lo imposible para que se calle. Sin embargo, si sigues aceptando sus caprichos, cada vez será más complicado que cambie. Si se comporta de esa manera en la calle, que no te importe el “qué dirán”, ya que siempre habrá alguien con malas intenciones dispuesto a juzgarte.

Si un niño grita para conseguir lo que quiere, es importante que los padres no cedan ante todos sus caprichos.

“En la mayoría de los casos, los gritos se deben a que es la forma en la que el niño maneja sus emociones, sobre todo cuando algo no le gusta o le frustra”

Es verdad que si estamos en el autobús, en el metro, en el mercado o en un avión y el niño comienza a gritar no sabremos de qué manera lograr que se calle al instante. Es en esas ocasiones cuando volvemos a “foja cero” con lo que ya habíamos logrado en casa. Seguramente sabrás de qué forma calmarle, al menos hasta regresar a la intimidad familiar.

La paciencia es clave en estos casos, cuando parece que nada funciona. Respira profundo, cuenta hasta cien y pide disculpas a los que te rodean, pero por nada del mundo cedas a sus caprichos. Recién cuando se calme, el niño entrará en razones y se dará cuenta de que conseguirá lo que desea si lo pide correctamente.