Las preguntas más comunes de los niños

¿Quién no se ha visto sorprendido por una pregunta inesperada de un niño? Su curiosidad merece respuestas concretas y sencillas por parte de los adultos.
Las preguntas más comunes de los niños
María Alejandra Castro Arbeláez

Revisado y aprobado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez.

Escrito por Corina González

Última actualización: 30 abril, 2022

La curiosidad de los niños es ilimitada. Ellos se cuestionan todo aquello que no comprenden o llama su atención; es por eso que los adultos deben estar preparados para responder con certeza a las preguntas más comunes de los niños.

Regularmente, esto ocurre a partir de los tres años, cuando el hemisferio izquierdo de su cerebro comienza a madurar. Con el crecimiento, el niño empieza a buscar la lógica de las cosas y a observar el mundo de otra manera.

Afrontar este período de cuestionamiento puede resultar algo tedioso para los padres. Sin embargo, es un buen síntoma de que el desarrollo del cerebro del pequeño va de manera correcta y de que sus capacidades de análisis mejorarán de forma progresiva.

Puede ser agotador contestar tantas preguntas seguidas. Por ello, es fundamental armarnos de mucha paciencia; los niños solo tienen curiosidad por aprender y los adultos que les rodean serán siempre su primera opción para resolver todas esas interrogantes.



 Beneficios de la curiosidad en los niños

Estas son las principales ventajas de esta etapa de tantas preguntas en los pequeños:

  • Estimula su cerebro.
  • Ayudan a superar la ansiedad.
  • Favorece sus relaciones interpersonales.
  • Aumenta la facilidad para aprender cosas nuevas.
  • Incrementa su interés por la lectura.
  • Mejora su capacidad de comunicación.

Los pequeños de la casa pueden realizar infinidad de preguntas de variados tópicos y complejidad. Cuestionarse el por qué de todo se hace cotidiano en su vida, en especial cuando son situaciones que se presentan en el día a día, como los fenómenos atmosféricos o la razón por la cual tienen que hacer sus deberes.

Muchos padres se ven sorprendidos por preguntas más comunes de los niños.

Aprender algo nuevo a diario de la mano de sus familiares cercanos siempre es divertido. Ellos ven los adultos que les rodean como orientadores y poseedores de todo el conocimiento universal.

Si la actitud de los padres es de pesadez y aburrimiento ante la curiosidad de sus pequeños, estos pueden perder la confianza y sus aspiraciones por aprender. Estas son algunas de las preguntas más comunes de los niños:

  • ¿Por qué llueve?
  • ¿Por qué la vecina tiene la piel oscura?
  • ¿Cómo nacen los bebés?
  • ¿De dónde cae la nieve?
  • ¿Por qué el cielo es azul?
  • ¿Cuánta sal hay en el mar?
  • ¿Por qué deben hacer sus obligaciones?
  • ¿Qué es la muerte?
  • ¿Cómo vuelan los pájaros?
  • ¿Para qué debo ir al colegio?
  • ¿Por qué debo comer verduras?
  • ¿Cómo se hacen los bebés?

Este es un ciclo en el que el niño realmente suele cuestionarse cosas; si se observa que está intrigado por algo, entonces hay que procurar contestarle siempre de manera sencilla y acorde a la edad.

Cómo contestar las preguntas más comunes de los niños

Responder con otra pregunta

A los niños hay que ayudarlos a pensar, por lo que devolverles la pregunta podría motivarlos a que ellos mismos le den respuesta. Por ejemplo, decirles: “¿Y a ti qué se te ocurre?”, o “¿Por qué crees que sucede tal o cual cosa?”; podría ser una buena opción.

Manejo cauteloso de los temas de adultos

Cuando las preguntas sean referentes a temas de adultos, estos deben dar a los pequeños respuestas concretas, utilizando lenguaje conforme a las capacidades de compresión y a la edad.

“Las preguntas son un buen síntoma de que el desarrollo del cerebro del pequeño va de manera correcta y de que sus capacidades de análisis mejoran día a día”

No contestar a las carreras o por salir del paso

Con la famosa pregunta del “¿Y por qué?”, aparecen una seguidilla de cuestionamientos ante los cuales necesitamos tiempo y paciencia para aclarar. Responder sin ganas o de manera errada tan solo por salir del paso es una actitud que se debe evitar. Hay que recordar que la curiosidad ayudará a los pequeños a desarrollar su inteligencia, mejorar el lenguaje y aumentar la confianza.

Las preguntas más comunes de los niños pueden ser difíciles

Existe una clase de preguntas a las que hoy en día es necesario prestar atención particular, y son las referentes a los abusos. Hace 4 décadas, un niño pequeño no hubiera preguntado quién o qué es un pedófilo, violador o corrupto, pero ahora sí es posible.

Este tipo de cuestionamientos pueden tener lugar por dos razones: la primera, el niño ha oído la palabra por televisión o la ha pronunciado algún amigo; la segunda, la ha leído en páginas de internet.



Las preguntas más comunes de los niños pueden incomodar a los padres.

Estas interrogantes, como tantas otras, provienen de su sencilla curiosidad y requieren que su fuente de información más fiable las aclare. Siempre en estos casos es mejor explicarle en casa lo que significan.

Acontecimientos como ataques terroristas, guerras, desastres naturales y otras lamentables situaciones seguramente le generarán preguntas al pequeño. Los adultos pueden hacer mucho aquí, ya que no solo se limitarían a contestar una simple inquietud, sino que aprovecharían la situación para promover valores al respecto.

Las preguntas y la escuela

Preguntando los niños interaccionan con su entorno, como actividad les ayuda por medio del lenguaje a relacionarse con la realidad que les rodea. No exactamente por el conocimiento que supone la respuesta en sí, sino por la posibilidad de crear nexos afectivos con esa herramienta tan poderosa y maleable que son las palabras.

Las preguntas captan la atención y en seguidilla harán que el adulto deba inclinarse, mirarlo a los ojos y hacer lo posible para responder. Todo esto y mucho más, precisa de tiempo, de dedicación.

Resulta obvio que quien pregunta ha ganado el derecho a preguntar y su acción transforma el contexto a su favor, en función de sus intereses. Por esta razón, las preguntas se reducen cuando el niño llega a la escuela.

Desde ese momento en nuestras vidas, la dirección de las preguntas cambia. Ahora serán los adultos y la institución escolar la que las haga y exija las respuestas apropiadas. Solo que aquí la naturaleza de las preguntas cambia: el niño pregunta genuinamente, desde su curiosidad y ganas de conocer; la escuela pregunta por lo que ya sabe.

Aprovechemos entonces que nuestro niño está en edad de preguntar para fomentar su creatividad e imaginación. Enriquezcamos el potencial lúdico del lenguaje y literalmente juguemos con las palabras. Más que razones científicas y conceptos, el niño quiere imaginar.

Hay que tener mucha paciencia e inteligencia para encontrar los términos adecuados para darle una explicación al niño de las cosas complejas de la vida y lo que acontece en este planeta que habitamos. Con amor y dedicación, lograremos promover la curiosidad en nuestros hijos para que sus ansias de seguir aprendiendo sean infinitas. 

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