Ejercer control sobre el hijo adolescente: ¿hasta qué punto?

26 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Ejercer un excesivo control sobre tu hijo adolescente solo perjudicará vuestro vínculo. Pero la permisividad tampoco es una buena alternativa. Descubre cómo hallar un equilibrio.

Con un adolescente en casa, los conflictos suelen ser parte del día a día. Pero en algunos hogares la situación escala hasta volverse continua e insostenible. Las discusiones pueden originarse por diversos motivos: el joven no recoge, no colabora, no obedece, se muestra irritable y hostil… Sin embargo, la razón de fondo es siempre la misma: los padres tratan de ejercer el control sobre el hijo adolescente y este se resiste.

Evidentemente, como responsables del menor, los padres han de imponer cierta disciplina, vigilar y velar por su bienestar. Pero no es menos cierto que la adolescencia es una etapa complicada y que esa transición de la niñez a la edad adulta implica que el joven vaya reclamando más libertad a sus progenitores. ¿Cómo encontrar, entonces, un equilibrio?

Chica adolescente preocupada por esta nueva etapa de su vida.

¿Hasta qué punto se debe ejercer control sobre el hijo adolescente?

La llegada de la adolescencia supone importantes retos tanto para el joven como para sus padres. A los progenitores puede resultarles complicado dejar de percibir a su hijo como un niño. Desde su nacimiento ellos han velado por su bienestar y le han procurado una educación.

Durante años han tomado decisiones por él: qué comía, a qué hora se acostaba, qué programas podía ver en la televisión… Llegada la pubertad, ese control debe ir flexibilizándose, pero puede costar trabajo asimilar que debe haber un cambio de dinámica.

Por su parte, el adolescente comienza a sentirse adulto, desea establecer su identidad y reclama independencia. Con frecuencia, se rebelará ante las órdenes e imposiciones y demandará su derecho a decidir y dirigir su propia vida.

Sin embargo, paradójicamente, en muchos otros momentos apelará a su todavía condición de menor para librarse de responsabilidades y exigencias. Esta actitud contradictoria hará que la situación se vuelva aún más confusa para todos.

Para afrontar esta etapa de la mejor forma posible es necesario que todos los miembros de la familia sean flexibles y capaces de adaptarse a la nueva situación.

No se puede negar la progresiva independencia al adolescente, ejercer un control férreo y desmedido solo perjudicará al vínculo entre padres e hijo. No obstante, la permisividad tampoco es una buena alternativa. La clave se halla en ejercer control desde el respeto y la preocupación genuina por su correcto desarrollo.

¿Cómo hallar un equilibrio saludable?

Madre intentando ejercer control sobre su hijo adolescente con medida.

Establecer límites

Establecer límites es significativamente diferente de ejercer control. Poner límites implica marcar unas normas claras y congruentes, conocidas por todos, y unas consecuencias que se derivan del no cumplimiento de las mismas. Por ejemplo, se establece que el adolescente es responsable de mantener su habitación limpia y recogida y que si no cumple con dicha responsabilidad, no podrá salir con sus amigos.

Esto implica que ni el padre ni la madre tengan que estar cada día detrás del joven, instándole a que recoja y generando conflictos y ambientes hostiles en el hogar. Él es responsable de recogerla y es libre de hacerlo o no, mas, de no hacerlo, sabe que se aplicarán las consecuencias pactadas.

Fomentar la confianza

¿No crees que poder confiar sería mucho más agradable que tener que estar vigilando? De este modo, la relación con tu hijo se basaría en la comunicación y el respeto mutuo y no en una constante y desgastante lucha de poder.

Si quieres dejar de pelear y de controlar, construye la confianza. Para ello, ve permitiéndole parcelas de libertad progresivamente mayores y ve haciéndole consciente de que estás teniendo fe en él.

Si va cumpliendo con lo acordado, si demuestra ser responsable y digno de confianza, ve recompensando su conducta con mayor autonomía. Si, por el contrario, falta a su palabra, sabrás (y sabrá) que ejercer el control está justificado.

Chica adolescente desafiando a sus padres maltratados.

¿Por qué ejercer el control sobre el hijo adolescente?

Lo más importante es recordar que somos padres, no policías. Que nuestra misión no es lograr la obediencia, sino el desarrollo integral de un ser humano feliz y con valores. Por ello, cuando tengas dudas sobre cómo actuar, piensa en el objetivo.

¿Favorece más la responsabilidad y la autonomía de un joven que se le prohíba salir o que se negocien con él unas condiciones y se le dé un voto de confianza? No nos dejemos llevar por el temor a perder la autoridad, no tratemos de retener el control sobre nuestros hijos y mejor enseñémosles a volar.