El ejemplo para tu hijo tiene más fuerza que cualquier regla

Enseñar a través del ejemplo es infalible. Se trata de un aprendizaje que el niño adquiere de forma paulatina, de un modelo que se labra cada día y sin necesidad de armar cantaletas. ¿Quieres enseñar a tu hijo cómo hacer algo? Muéstrale, de manera amorosa, cómo hacerlo. ¡Ya verás como nunca lo olvida!

Entre un bebé y su mamá se desarrolla una manera de comunicación que no necesita palabras, se trata de un lenguaje más primitivo y más claro que el lenguaje verbal, y esta forma de comunicarse aunque es complicada de explicar, es fácil de identificar. Ya habrás visto que hay personas que con solo mirarse se comunican y es a través de ese lenguaje instintivo que los niños aprenden más.

Los niños aprenden observando. Más de una vez te habrás reído cuando lo viste jugando y te imitó a ti, a su papá o a su abuelo. No es gratuito que en muchos hogares se le diga al niño: A ver, ¿cómo pone la cara tu abuelo? y el niño lo imite, mientras todos ríen de lo gracioso que es el bebé.

Pero mira más allá de las risas, procura identificar que ese es un momento clave en el que se nota claramente que el ejemplo para tu hijo tiene más fuerza que cualquier regla. ¿De dónde aprendió a imitar a los demás?… La respuesta es sencilla: De su capacidad de observación.

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El ejemplo se nutre del día a día

Ya irás viendo que tu hijo aprende ciertas tareas de una manera que parece casi automática, pero la verdad es que te ha visto tantas veces colocar las llaves sobre la mesa que él también lo hará o sabrá buscarlas sin que tú le digas dónde.

Lo mismo pasará con cuestiones menos simples que el lugar de las llaves. Por ejemplo, a lo largo su vida te habrá visto comer sobre la mesa tantas veces que él también se anima a hacerlo, porque es allí donde comparte con sus papás y hermanos y, aunque eventualmente tomará sus alimentos frente a la televisión, de seguro no será mayor problema pedirle que te acompañe a comer si ha visto en sobradas ocasiones que el lugar correcto para comer es la mesa del comedor.

La paciencia será siempre tu mejor aliada, y aunque enseñar con el ejemplo es uno de los mejores métodos de educación porque el niño aprende en los primeros años de su vida por imitación, nunca está de más que le expliques los porqués de las cosas. Dile por qué, por ejemplo, es mejor comer en la mesa y no aislado en su cuarto y lo hará de mejor gana.

Enseñar con el ejemplo, amar a tu hijo incondicionalmente, tener una paciencia infinita -o al menos procurar tenerla- y explicarle con razones objetivas el porqué de las cosas, serán tres herramientas vitales en la educación de tu hijo.

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El ejemplo es un arma

La máxima de se enseña con el ejemplo es un arma de doble filo porque puede revelarse en tu contra si estás exigiendo alguna cosa que no das o que no practicas cabalmente. Tu hijo será una persona responsable y puntual porque sus padres lo son.

Aprenderá con el tiempo a ser limpio y ordenado más que por órdenes porque lo ve, porque sabe lo agradable que es estar en un lugar limpio y ordenado. También aprenderá el valor de la honestidad si la familia lo es, si todos los días ve que sus padres prefieren ser honestos y dejar pasar todas las tentaciones que los invitan a desistir de sus valores.

Pero es muy difícil pedirle a un niño o un adolescente que no te mienta o que confíe en ti, si fuiste tú quien mintió o desconfió primero. Descubrir que sus padres mienten es una de las decepciones más grandes que un niño puede tener. Lo mismo pasa con el orden, con la limpieza, con la puntualidad, con la responsabilidad; esas son cuestiones que no se aprenden de la noche a la mañana, que no se aprenden con un discurso o de manera impuesta; los valores se aprenden con el día a día, con la fuerza del ejemplo.

Enseñar con el ejemplo también incluye pedir disculpas. Nadie es perfecto y los padres aunque siempre tratan de dar lo mejor de si, se equivocan en algunas ocasiones. Seguramente tus padres cometieron algún error delante de ti que te resultó decepcionante.

Ten en cuenta que es muy probable que tú también cometas errores, eres humano y es bueno que lo sepas, que lo entiendas y que tu hijo también lo sepa y lo entienda. Aún así no te desanimes: Cuando falles, cuando te sientas débil, pide disculpas ¿y por qué no? le puedes pedir ayuda a tu hijo cuando no sabes cómo resolver algo. Y así, aunque hayas fallado, tu hijo aprenderá humildad, eso es seguro.

La razón te la dará el tiempo. Ya ves que cuando un adulto hace un recuento de quién es, de lo que aprendió, seguramente sus padres figuran como sus primeros y más fecundos maestros.

De ellos aprendió todas las nociones básicas para conducirse en el día a día y también aprendió los valores que rigen su vida. Tú también eres el primer y más amado maestro de tu hijo, en tus manos está la grandiosa tarea de formarlo, de educarlo. No olvides nunca lo que dicen por ahí: Las palabras mueven, el ejemplo arrastra.

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