A veces, los padres también deben pedir perdón a sus hijos

Francisco María García · 27 noviembre, 2018
Aunque no es bueno caer en el exceso, si los padres saben pedir perdón a los hijos de forma ocasional, esto puede ayudar a los jóvenes en su educación y en la visión de la vida. Es una cuestión de inculcar valores, como la bondad, la solidaridad o la humildad.

Los adultos, padres y cuidadores son el modelo según el cual los niños crearán su manera de estar en el mundo. En ese sentido, se entiende que los padres también deben pedir perdón a sus hijos para incluir en el aprendizaje el reconocimiento de los errores, la asunción de la responsabilidad y el crecimiento personal.

En el marco de la convivencia diaria, el pedir perdón de los padres resuena de manera especial en los niños. A continuación, haremos una reflexión sobre por qué a veces los padres también deben pedir perdón a sus hijos, y de por qué a veces no es aconsejable hacerlo.

Criar en la conciencia y el respeto

La crianza consciente supone no hablar de padres y madres perfectos, sino de padres y madres en deconstrucción. Cuando no se naturalizan ciertas tradiciones y los modelos parentales son cuestionados a cada paso, se está llevando adelante un cuidado consciente.

En paralelo a cuestionar o poner en tela de juicio cada antiguo precepto tradicionalista, surge una crianza respetuosa del sentir del niño. Esto se logra pensando a los pequeños en tanto seres completos en sí mismos, pero en constante formación y aprendizaje.

Los niños sienten lo que está bien o lo que está mal; sin embargo, si un adulto no define una acción claramente como buena o mala, el niño naturaliza sin cuestionar. De este modo, bajo el pretexto de que ‘es un juego’, o que ‘no tiene nada de malo’, muchos infantes caen en conductas abusivas y delictivas por parte de los adultos que los rodean.

Los padres también deben pedir perdón a sus hijos: referentes

Los niños crean figuras de apego durante la infancia. Los padres suelen ser sus principales referentes; es decir, aquellas personas con las que se sienten seguros y cuidados y que tomarán de guía. Estas figuras les enseñan cuestiones prácticas, como andar en bicicleta, pero también les dan un marco de interacción social.

¿Qué sentimientos germinan en los niños cuando los padres piden perdón?

Para empezar, el hecho de que los padres también deben pedir perdón a sus hijos da cuenta de que no hay edad ni condición social para equivocarse. Tampoco la hay para reconocer el error y pedir disculpas en el seno familiar.

Al observar a sus padres asumiendo la responsabilidad de sus actos, el niño trasladará esta premisa a su vida adulta. Podrá reconocer en una discusión cuándo la situación necesita una disculpa, ya sea de su parte o de parte del interlocutor. A su vez, tendrá recursos para elaborar y aceptar disculpas en su vida cotidiana.

Los padres también deben pedir perdón a sus hijos, ya que es un importante valor para el resto de sus vidas.

Por otra parte, en caso de necesitarlo, al pedirle perdón el pequeño experimentará un gran alivio; entonces, se sentirá comprendido. El adulto, en tanto, se sentirá perdonado por algo que no ha hecho bien.

¿Exceso de perdones?

Es cierto que los padres también deben pedir perdón a sus hijos; no obstante, tampoco debería darse un preocupante abuso del recurso. En este sentido, hay que ser precavidos.

No debemos olvidar que pedir perdón es una acción muy valiosa, así como ofrecerlo. Por eso, si se pide perdón y se vuelve a incurrir en el equívoco, el mensaje será muy confuso para el niño. La solicitud de una disculpa debe ir acompañada de un sincero deseo de cambio.

Equivocadamente, algunos padres incurren en disculpas permanentemente y ante el menor contratiempo. Así, se disculpan ante sus hijos por acciones menores, como no conseguir sus galletas favoritas, no tener listo el desayuno, no comprarles una golosina o no alcanzarle un vaso de agua en determinado momento.

Este método de crianza puede provocar una sensación de inseguridad en los hijos. Primero, la palabra ‘perdón’ pierde su sentido, ya que se usa indiscriminadamente para todo. Además de esto, se torna más en una necesidad casi neurótica de los progenitores o cuidadores, que en una real manera de enfocarse en la necesidad de los hijos.

Pedir perdón es aceptar que todos nos equivocamos.

“Al observar a sus padres asumiendo la responsabilidad de sus actos, el niño trasladará esta premisa a su vida adulta”

Por favor, perdón y gracias

Pedir perdón es un regalo para los hijos y un aprendizaje para ambas partes. Pararse a la altura de sus ojos, mirarlo de frente y elaborar una disculpa a conciencia, es una muestra de ejemplo y de grandeza. Los niños sabrán que ellos pueden perdonar y que pueden, también, equivocarse y pedir una sincera disculpa.

Por último, ese perdón del niño quizás sea muy inocente en un principio, ya que el concepto de errar y de perdonar se incorpora con los años. En cualquier caso, un interesante cierre es agradecer ese perdón, reconociendo así con gratitud la bondad del otro.