5 claves para evitar contagiar tus miedos a tu hijo

Sentir miedo es una situación normal en los seres humanos, puesto que es una sensación que nos alerta de cualquier amenaza. Esto es natural incluso en los pequeños de la casa porque desconocen muchísimas cosas que lo rodean, pero, poco a poco, se van superando. El problema aparece cuando los padres somos los causantes de esos temores que se sostienen en el tiempo.

Aunque no logremos darnos cuenta temprano, en muchas ocasiones, los padres nos encargamos de transmitir un sistema de creencias sobre los nuevos miembros de la familia, en el que se incluyen miles de inseguridades. Si no atajamos este asunto con suficiente inteligente para evitarlo, esas debilidades serán sus acompañantes en un futuro.

Para evitar que tus hijos se contagien con tus miedos, primero debes reconocerlos

Los chiquitines son como esponjas que absorben todo tipo de información, pero no tienen la capacidad de distinguir lo bueno y lo malo. Por este motivo, los adultos somos fuente principal de aprendizaje y conocimiento, es decir, representamos para ellos un referente para actuar en la vida.

Seguramente, los has escuchado decir que quieren ser como tú o como su papá cuando sea grande… Esta frase revela la verdad más pura de la infancia: papi y mami son el ejemplo a seguir. En este sentido, es fundamental que conozcamos nuestro mundo interior y descubramos qué miedos no nos gustaría transmitirle.

No te angusties si no sabes cómo ponerle freno a esta realidad. Todo esto se trata de un proceso que debemos comprender y, además, puedes seguir los consejos que te daremos a continuación para lograr este objetivo.

No contagies tus miedos a tu hijo

Toda persona se define según la crianza que tuvo y por las circunstancias que han vivido a lo largo de los años. Sin embargo, una vez que tenemos a esos hermosos retoñitos en nuestros brazos, debemos ser muy cuidadosos de no influenciarlos con esas negatividades que ya hemos experimentado.

Cada uno escribirá su propia historia, con altos y bajos. Esto es un hecho ineludible, pero si como padres les implantamos una serie de premisas que aún no han podido descubrir, estaremos delante de un niño con altas probabilidades de ser sumiso, aislado, vulnerable y desmotivado ante el entorno.

La crianza que recibimos de nuestros padres influye en nuestra forma de educar a los niños

Probablemente, en tu infancia te caíste de un árbol y no tuviste el valor de volverlo a hacer por miedo, o tus papás te impedían salir a la calle a jugar con el resto de los niños pues no querían que te pasara nada malo… ¿Quieres que tu chiquitín viva con estas sombras, solo porque tú las viviste? Por supuesto que no.

5 claves para que no le contagies tus miedos

Bajo este contexto, te traemos esta lista de cinco claves básicas para que sepas cómo evitar que los reyes del hogar se contagien con esas frustraciones que llevas en tu corazón:

  • Ten el valor y evalúa los miedos que habitan en el corazón: con esta información, procura reconocer de qué manera lo estás transmitiendo a tus hijos.
  • Intenta hablar sobre esas cosas que te asustan y enfréntalas: no se trata solamente de hablarlos, sino de que les enseñes una forma efectiva para hacerles frente.
  • No exageres sobre esos temores: nadie sabe lo que te puede llegar a preocupar un hecho, pero cuidado al hablar de este tema, para que no crean que es algo más grave de lo que es.
  • Si ves que siente temor, escúchalo y plantéale diferentes soluciones.
  • No te burles de sus preocupaciones, ni abras espacios para que se sienta mal por aquello que le asusta.

La sobreprotección, el mejor amigo de los miedos

Nadie quiere que esos pequeñitos que tanto nos alegran la existencia pasen por circunstancias difíciles o peligrosas, que impliquen un riesgo latente. Como responsables de su integridad, tenemos que orientarles para que sepan de qué manera deben cuidarse siempre y a que reconozcan el verdadero peligro.

A veces, se nos pasa la mano tratando de cuidarles de estos momentos complejos y no nos damos cuenta de que lo estamos sobreprotegiendo. A partir de esta falla, es que los niños empiezan a fortalecer el miedo dentro de sí mismos y se les hace difícil superar estas emociones.

Cuidar de ellos no significa ponerle millones de límites para que no salgan de una burbuja; por el contrario, es invitarles a salir de ese mundo para que reconozcan lo que no se debe hacer. No es tarea sencilla, pero con amor vamos a lograr que sean libres y felices.

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