Riesgos de la incompatibilidad sanguínea entre la madre y el bebé

Amanda3 9 febrero, 2017

La incompatibilidad sanguínea no es muy común entre madre e hijo, sin embargo, puede suceder. Esto se refiere a que el grupo sanguíneo de la madre es distinto a la del feto, por ejemplo, uno es Rh negativo y el otro Rh positivo.

Cuando existe incompatibilidad sanguínea, las personas que reciben la sangre que no es compatible, pueden generar reacciones en su organismo. En caso de que esta situación se presente en el embarazo, el cuerpo de la madre reaccionará de manera adversa ante la sangre de su hijo.

El sistema inmunológico de la madre es capaz de atacar las células sanguíneas el feto, al punto de destruir los glóbulos rojos del pequeño. Los efectos en el organismo fetal, son diversos, comenzando por anemia.

¿Cómo se presenta la incompatibilidad sanguínea en el embarazo?

Aunque esto suceda en nuestro cuerpo, se tiene entendido que no presenta síntomas. La sangre de ambos, no necesariamente entra en contacto; puede suceder en el parto, por hemorragias internas o en el parto.

Para detectar si existe incompatibilidad de grupo sanguíneo, los médicos realizan pruebas especiales. Una vez que se diagnostica el problema, la madre es tratada por medio de vacunas de inmunoglobulina Rh. Esta inyección se coloca en la semana 28, y su función es impedir la generación de anticuerpos.

En lo adelante, el riesgo se puede presentar durante el parto. Por lo tanto, se redobla la atención al recién nacido para evitar que se presenten complicaciones. Este tipo de posibles inconvenientes son previstos por el médico durante las consultas prenatales. Después de realizar el diagnostico, los especialistas evalúan e indican el tratamiento para controlar los efectos.

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Si no hubiese un control adecuado, los anticuerpos que genera la madre, pueden atravesar la placenta. Es decir, el feto puede ser atacado gravemente mientras se desarrolla. En el caso de que se destruyan sus células sanguíneas, se puede producir la muerte intrauterina por causa de anemia.

¿Cuáles son los riesgos?

Como hemos dicho, el principal riesgo, es que el bebé nazca con anemia o que la sufra en el útero. Esta situación se produce por la ruptura de los glóbulos rojos por acción de los anticuerpos de la madre. Como consecuencia, el bebé puede morir en el vientre materno o nacer anémico.

A este padecimiento de le conoce como enfermedad hemolítica o eritroblastosis fetal. Ocurre porque aumenta la cantidad de eritroblastos. Esta enfermedad es considerada grave en algunos casos, incluso puede conducir a la muerte intrauterina. Sin embargo, en otras circunstancias ni siquiera presenta síntomas en el bebé.

Otras consecuencias de la incompatibilidad sanguínea son las siguientes. Inflamación generalizada del organismo, Ictericia, agrandamiento del bazo o del hígado.  El parto inducido es otro riesgo en caso que el médico determine que es necesario para salvar al bebé.

¿Existe propensión a la incompatibilidad sanguínea?

Una madre primeriza difícilmente pueda presentar este problema. Por lo general, la sensibilidad a la incompatibilidad se presenta a medida que se producen más embarazos. Es decir, ante el primer embarazo no hay riesgos, pero se considera que en los siguientes hay más sensibilidad. Sin embargo, puede haber casos donde la sangre de la madre no entre en su bebé por alguna anormalidad.

El principal factor de riesgo en estos casos, es que la sangre de la madre tenga un factor Rh negativo y la del padre tenga uno Rh positivo. Aunque existen múltiples combinaciones, se ha descubierto que esta es la más peligrosa. Si el bebé hereda el factor Rh negativo de la madre, no hay ningún riesgo. No obstante, esto no sucede con mucha frecuencia.

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Por otro lado, los expertos aseguran que cuando se produce este tipo de combinación, el bebé puede presentar otros problemas de salud. Se cree que en la mitad de los casos existe tal riesgo.

¿Cuál es el procedimiento a seguir?

Una vez que el médico detecta la incompatibilidad sanguínea, el procedimiento depende de la etapa del embarazo. En la mayoría de los casos intenta controlarse por medio de un tratamiento externo. La madre recibe fármacos que mantengan controlado un eventual ataque con anticuerpos.

Si la gestación se halla en las últimas semanas, es posible que el médico plantee la inducción del parto. Sin embargo, cuando aún falta mucho por recorrer, se puede realizar una transfusión sanguínea. Dicha transfusión se hace por medio del cordón umbilical.

 

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