Ojos llorosos en los bebés

Adrianazul · 9 diciembre, 2015

Hay varias razones por las cuales tu bebé tiene ojos llorosos, pero las más frecuentes son dos: haber nacido con el canal lacrimal obstruido o padecer de conjuntivitis. En ambos casos el tratamiento es sencillo y fundamentalmente se requiere ser riguroso con la higiene.


Algunos niños nacen con el canal lagrimal obstruido, eso produce lagrimeo y, frecuentemente, infección persistente con secreción purulenta como en las conjuntivitis.

Esta situación suele mejorar con el tiempo, no obstante la Asociación Española de Pediatría, recomienda que le hagas a tu bebé un masaje como exprimiendo el canal lagrimal hacia fuera.

Si persiste el problema a los 6-12 meses, el oculista quizás tenga que desobstruir el conducto lavándolo con una sonda muy fina.

En la mayoría de los casos la conjuntivitis curará sola, pero se considera indicado el tratamiento para acortar la duración y prevenir contagios y complicaciones.

Clémentine

¿Qué es la conjuntivitis?

Los documentos de la Asociación Española de Pediatría explican que conjuntivitis es una inflamación de la conjuntiva.

La conjuntiva es la capa más externa del ojo, que recubre la zona visible del globo ocular y la parte interior de los párpados. La conjuntiva es casi transparente en condiciones normales.

También expone que la conjuntivitis puede ser infecciosa (causada por bacterias o virus), alérgica (causada por una reacción alérgica), irritativa (causada por un cuerpo extraño en el ojo) o química (causada por una sustancia química).

Quizá la información te ponga algo nerviosa, pero despreocúpate, pues la mayoría de las conjuntivitis infecciosas son leves, solo en raras ocasiones pueden causar daños más importantes.

Es preciso saber que la conjuntivitis infecciosa puede ser causada por bacterias o virus. Un 80% de las conjuntivitis infecciosas son causadas por bacterias que normalmente viven en la nariz o en la piel.
Los casos restantes son virales.

La conjuntivitis es la infección ocular más frecuente en los niños. A pesar de que la mayoría de las conjuntivitis son contagiosas, normalmente no causan daño ni al ojo ni a la visión.

Sintomas de la conjuntivitis

Lo más probable es que tu niño se queje de molestias en los ojos, que no se alivian al frotárselos, incluso pueden dolerle un poco.

Posterior a ello se producirá enrojecimiento e inflamación de la conjuntiva, lo que comúnmente se conoce como ojo rojo. Con frecuencia siente como si tuviera algo metido en el ojo.

El bebé también puede presentar secreción (legañas) blanca, amarilla o verdosa. En las conjuntivitis bacterianas esta secreción puede ser abundante y espesa, lo que genera como consecuencia que amanezca con los ojos pegados.

En cambio en la conjuntivitis vírica, expone la Asociación Española de Pediatría, la secreción suele ser menos importante.

Como el ojo se comunica con la nariz por el conducto lagrimal y la nariz con el oído a través de la trompa de Eustaquio, algunos niños, especialmente los más pequeños, tienen otitis al tiempo que conjuntivitis.

Por eso, si un niño tiene conjuntivitis y se queja del oído (o si es un bebé y llora más de lo habitual), debe ser examinado por su médico.

That one tear

¿Cómo se previene la conjuntivitis?

Los niños no deben tocarse con las manos sucias los ojos. Además, cuando un niño padece una conjuntivitis infecciosa, tanto él como quien lo cuide deben lavarse las manos después de tocarse o tocarle los ojos.

Esto es necesario a la hora de aplicarle un colirio o pomada, por ejemplo. Y ten en cuenta que a veces es imposible prevenir que la enfermedad se contagie entre convivientes.

¿Cómo se tratan los ojos llorosos?

La Asociación Española de Pediatría recomienda que para mejorar las molestias se pueden administrar analgésicos o poner compresas frías o tibias.

También deben limpiarse las secreciones y costras y despegarse los párpados con agua hervida tibia, suero fisiológico estéril o un líquido adecuado de la farmacia.

Los peditatras coinciden en que el tratamiento médico para la conjuntivitis consiste en la prescripción de unas gotas (colirio), pomada o gel antibiótico.

Normalmente el tratamiento dura una semana, las gotas deben ponerse frecuentemente, entre cuatro o seis veces al día y la pomada o gel dos o tres veces en 24 horas.

La pomada puede nublar la vista por lo que es mejor que se la coloques de noche a tu bebé. El gel tiene la ventaja de que se pone menos veces que el colirio (como la pomada), no nubla la vista, pero solo hay un preparado, con lo cual restringe las posibilidades de tratamiento a un solo antibiótico.

Generalmente los niños toleran bien el tratamiento, pero puede ser un auténtico reto poner una gota dentro del ojo, varias veces al día y durante una semana, a un niño que se resiste.

Para lidiar con este caso, acuesta al niño, con la cabeza inclinada hacia atrás y mirando hacia arriba; cuando tenga los ojos cerrados, aplícale una gota en el borde interno del párpado. Lo ideal es que luego los abra y cierre durante unos segundos.

La conjuntivitis de los recién nacidos a veces es más importante. Por eso en las maternidades se administran unas gotas en los ojos al bebé para prevenir los contagios por gérmenes procedentes de los genitales de su madre durante el parto.