Niños manipuladores: ¿qué hacer y cómo educarlos?

La manipulación emocional puede traer problemas en las relaciones personales, pero los niños la utilizan porque les resulta útil. Te contamos cómo revertir este problema.
Niños manipuladores: ¿qué hacer y cómo educarlos?
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 13 marzo, 2022

Cuando los niños llegan al mundo, aprenden progresivamente a desenvolverse en su entorno y a relacionarse con los demás. Poco a poco adquieren habilidades y estrategias que les permitan obtener lo que desean o evitar las consecuencias negativas. Así, es común encontrar niños manipuladores que siempre logran salirse con la suya.

Es importante recordar que no se trata de un acto de maldad, pues no buscan causar daño. Simplemente, implementan una herramienta que han descubierto que les resulta útil.

Por esto, como adultos, nuestra tarea es extinguir este comportamiento y ayudarles a instaurar otros métodos más positivos y funcionales. Finalmente, somos nosotros quienes les enseñamos lo bueno y lo malo.

¿Por qué existen niños manipuladores?

Es cierto que algunos niños hacen un uso más frecuente de la manipulación emocional que otros. Pero, en mayor o en menor medida, es usual que los niños recurran a esta estrategia alguna vez. Y es que, como hemos comentado, suele darles buenos resultados.

Si te preguntas por qué tu hijo manipula a los demás, no pienses que se trata de falta de nobleza o que esta actitud alberga malas intenciones. En realidad, hay dos poderosas razones que llevan a los niños a actuar de este modo.

1. El modelado

Los adultos utilizamos el chantaje emocional en nuestro día a día, con mucha más frecuencia de la que creemos.

Cuando le retiras la palabra a tu pareja tras una discusión hasta que cede, lo estás manipulando. Y cuando le dices a tu hijo que es un niño malo para que te obedezca, también. En ambos casos usar las emociones para controlar el comportamiento del otro, juegas con su deseo de complacerte y esto, los niños lo aprenden rápidamente.

Si los menores ven a sus mayores emplear el chantaje con ellos y con sus iguales, asumen que esta es una estrategia válida. Así, la incorporan como propia y la implementan. Nosotros somos sus principales modelos.

2. Las consecuencias

Por otro lado, los pequeños aprenden a manipular por pura experimentación, a base de ensayo y error. De las diversas estrategias que prueban, el chantaje emocional da resultados y, por esto, lo emplean una y otra vez.

Por ejemplo, cuando en una discusión entre hermanos uno de ellos llora, chilla y se hace la víctima, consigue que el regaño vaya a parar al otro. También, si un padre que se ha negado a comprarle un juguete a su hijo acaba por ceder para frenar la rabieta, el pequeño logra su cometido.

En ambos casos, las consecuencias de la manipulación han sido positivas para el pequeño: se ha librado de algo desagradable (la regañina) o ha obtenido lo que deseaba (el juguete). A la vista de esto, ¿por qué abandonar esa estrategia?

Niña con una rabieta en la frutería.
Los niños utilizan la estrategia del chantaje emocional porque han comprobado que les resulta para conseguir sus cometidos.

¿Cómo educar a los niños manipuladores?

En primer lugar, hemos de tomar conciencia de que somos nosotros, los adultos, quienes hemos originado ese comportamiento o contribuimos a mantenerlo. Así, no se trata de culpar, reprochar o castigar al niño, sino de ver cómo revertir esta situación.

A continuación, te ofrecemos algunas pautas útiles para lograrlo.

Revisa tus comportamientos como padre o madre

Como hemos dicho, es posible que le hayas ofrecido a tu hijo un modelo inadecuado sin darte cuenta. Analiza si en tus propias relaciones aplicas la manipulación emocional, aunque no sea de forma consciente y deliberada.

Si es así, cambia de estrategia y procura no buscar controlar a los demás. Comienza a comunicarte y a relacionarte de una manera más asertiva. Por supuesto, no utilices el chantaje emocional con tus hijos, pues existen mejores estrategias para guiar su conducta.

Mantén límites firmes y coherentes

Es complicado no ceder cuando el niño llora, chilla, golpea objetos y nada parece calmarlo. Especialmente si nos encontramos en un espacio público ante la vista y el juicio de otros. Sin embargo, es fundamental mantenerse firme ante los límites que hemos establecido.

No puedes alargar el momento de ir a dormir porque el niño se enfada ni comprarle todo lo que desea o cambiarle la comida que hay en la mesa. Delimita cuáles son tus normas y mantente fiel a ellas. Esto aporta coherencia y estabilidad a los menores y hace que la manipulación deje de ser efectiva.

Aprende a tolerar y acompaña las emociones negativas de los niños

Lo que les sucede a muchos padres de los niños manipuladores es que no soportan ver a sus hijos enfadados, frustrados, tristes o agresivos. Esas emociones infantiles les resultan intolerables y, por eso, solo desean que desaparezcan lo más pronto posible.

Para lograrlo, no dudan en ceder, en contradecirse y en complacer cualquier deseo del niño. Desafortunadamente, esto solamente perpetúa la situación.

Es importante que aprendas a respirar y a aceptar las emociones negativas de tu hijo, sin tratar de disolverlas. Puedes acompañarlo en su tristeza o en su ira, hacerle saber que le comprendes, validar lo que siente, pero no por esto retirar tus normas.

Probablemente, será un momento incómodo que tendrás que tolerar varias veces, pero a largo plazo verás que fue una enseñanza muy positiva.

Refuerza conductas alternativas

Desde la psicología conductista contamos con diferentes técnicas para modificar el comportamiento infantil. Una de ellas, conocida como extinción, nos permite eliminar los comportamientos inadecuados con nada más que retirar la atención de ellos. Sin embargo, si queremos aumentar su efectividad y no hacer sentir al niño rechazado, es crucial que, al mismo tiempo, reforcemos una conducta alternativa.

Es decir, si un niño tiene una rabieta no hemos de atenderle hasta que se calme (podemos permanecer a su lado en silencio). Pero una vez calmado, hemos de ofrecerle toda nuestra atención y disposición para dialogar. Así, comprenderá que esta segunda alternativa resulta mucho más útil.

De la misma forma, si queremos eliminar la manipulación, hemos de premiar al niño cuando recurra a comunicarse con calma y sinceridad y cuando acepte un “no” por respuesta. Y es que estas son las conductas que queremos que se repitan, por lo que deben reportarle algún tipo de ganancia o beneficio.

Padre e hijo aprendiendo a ser resilientes.
No hay gratificación mejor para los pequeños que la atención de sus padres.

Eliminemos la etiqueta de los niños manipuladores

En suma, si aplicas las pautas anteriores de manera consistente, es probable que en poco tiempo observes grandes cambios.

Los niños responden a su ambiente y a las consecuencias que marcan los adultos. Si modificas tu comportamiento, el de ellos también lo hará. Por esto, evita etiquetar a tus hijos como “niños manipuladores”, pues estas etiquetas dañan su autoestima y pueden perpetuar el comportamiento indeseable.

No son manipuladores, solo han estado manipulando porque así lo han aprendido. Ayúdales a desaprender esto y a establecer nuevas dinámicas. Verás que pronto todo cambiará.

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