Mi hijo no quiere trabajar ni estudiar, ¿qué debo hacer?

Los jóvenes que no quieren trabajar ni estudiar entran en un círculo peligroso. Poco a poco, sienten que no pueden afrontar solos la vida y bajan los brazos a los desafíos. Esto puede terminar por crear una conducta que les lleve a sentirse inferiores y desencantados de todo.

En los últimos años, una de las quejas más frecuentes de los padres con hijos jóvenes es: “Mi hijo no quiere trabajar ni estudiar”. Estos jóvenes desencantados de la vida entran en un período de confusión, por lo que no se complacen ni con el estudio ni con el trabajo.

Realmente, y desde el punto de vista social, los jóvenes sin estímulos terminan siendo una generación pasiva, cómoda y mantenida por sus padres; no hay visión de futuro y no se genera el esfuerzo suficiente para cumplir objetivos o sueños.

¿Por qué mi hijo no quiere trabajar ni estudiar?

Los jóvenes sin incentivos son el resultado de al menos dos factores que afectan su modo de ver la vida. El primero es la sobreprotección paterna, y el segundo, la sociedad.

En la práctica, muchos padres que se quejan de que “mi hijo no quiere trabajar ni estudiar”, son los que causaron esta situación al sobreprotegerlos desde que nacieron. No siempre es así, pero las estadísticas asombran al mostrar tantos supuestos de sobreprotección paterna.

Este tipo de educación da como resultado futuros jóvenes indolentes; ellos no se responsabilizan de sus actos ni tienen la capacidad para afrontar y solucionar problemas por sí mismos.

En general, los jóvenes con este problema sienten que no pueden solos ante la vida. Tienen miedo de enfrentarse al futuro y, por esa razón, bajan los brazos a los desafíos, no desean superarse. Esto termina en un círculo vicioso mental que los lleva a sentirse inferiores y desencantados de todo.

Además, como están acostumbrados a que sus padres sean los que les resuelvan los problemas, tienen poca tolerancia a la frustración. Entonces, llegan a reaccionar muy mal cuando las cosas no salen como ellos quieren.

Si mi hijo no quiere trabajar ni estudiar, puede que haya sido criado con demasiada protección.

El aspecto social

La sociedad es otro factor que influye mucho en esta generación de jóvenes que no quieren ni trabajar ni estudiar. Vivimos en un mundo competitivo, que no da oportunidades a quienes entran en el mundo laboral.

A los jóvenes les resulta difícil posicionarse en un buen empleo, aún después de largos años de estudios. Con ello, terminan pensando que no vale la pena esforzarse por conseguir un título porque no hay oportunidades.

Si para una persona con estudios es complicado encontrar empleo, aún más lo será para quienes no están titulados. Por todo ello, la conclusión es: ¿para qué esforzarse si de todas maneras la sociedad no me acepta?

Los jóvenes nini —así se les llama en algunos foros, por la frase “ni estudian, ni trabajan”— sienten que cualquier esfuerzo es una pérdida de tiempo. Esa falta de deseo por superarse y por luchar por sus sueños convierte a estos jóvenes en víctimas de la sociedad que tanto rechazan.

Como no tienen un ideal al que seguir, se amoldan a las modas y tendencias sin cuestionarse si gustan o no de ellas. Van transformándose en títeres de las tendencias sin cuestionar si son correctas o sanas; se dejan llevar pasivamente por el entorno y consumen todo lo que se les ofrece.

El resultado final será la transformación en personas que no pueden ni quieren comprometerse o luchar por sus valores; entre otras cosas, porque desconocen cuáles son los suyos.

“Los jóvenes nini sienten que cualquier esfuerzo es una pérdida de tiempo”

Mi hijo no quiere trabajar ni estudiar, ¿será un joven nini?

La buena noticia es que los jóvenes nini son todavía una minoría. Sin embargo, la preocupación de los padres con hijos que no quieren ni trabajar ni estudiar va en aumento. ¿Cómo se puede ayudar a estos jóvenes? El primer paso es conocer por qué sucede este fenómeno. En ese sentido, los siguientes consejos pueden resultar útiles:

Alentar su autoestima

Como padres, se debe enseñar a los hijos a quererse a sí mismos de forma equilibrada. Ellos han de conocer cuáles son sus cualidades para pulirlas y reconocer sus defectos para controlarlos.

Mi hijo no quiere trabajar ni estudiar, ¿qué hago al respecto?

Fomentar valores

Lo material nunca debe cubrir las carencias de personalidad. De esa forma, se fortalecen en ellos los valores que los formarán como adultos responsables y comprometidos con su entorno.

Fijar límites razonables

El hecho de establecer límites concretos ayuda a los jóvenes a saber lidiar con la frustración, a la vez que les enseñan a reconocer hasta dónde pueden llegar. Los límites deben ser claros, no hay que exigir de más ni tampoco de menos.

Si es necesario, se debe recurrir a la orientación de un psicólogo; él ayudará a la familia en conjunto a luchar con este problema cada vez más común. Si eres de los que dicen “Mi hijo no quiere trabajar ni estudiar”, debes involucrarte para cambiar el rumbo de la situación.

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