Ser madre de una hija es ganar una cómplice para toda la vida

El día que tú naciste, dejé de ser la hija de mi madre para ser la madre de mi hija. Ese día comenzó la vida para ti… y también una nueva vida para mí.
Siempre he creído que ser mujer es un privilegio enorme. Ante todo, la mujer es ambivalente y se debate siempre entre estados de ánimo y sentimientos. Por otro lado, ser madre es una experiencia reveladora, abrumadora y sorprendente que nos enfrenta a un “nuevo yo” que llevamos dentro y que nunca pensamos que existiera.

¡Felicidades es una niña!

Al tener una niña, tienes en tus brazos a una pequeña que desde hoy te robará la calma, te quitara el sueño, llenará tu vida de ternura, detalles y sensibilidad.

Esta pequeñita se irá convirtiendo en una niña a la que, sin importar si le gusta o no el color rosa, lleva ya en sus genes la capacidad de saber amar y odiar con la misma intensidad; desde hoy es fuerte en un plano más allá del físico; su fortaleza reside en su gran capacidad de dar y darse a otros.

Te llenarás de emoción al ver a tu hija reír y llorar casi al mismo tiempo. La verás ser tierna, cariñosa, cursi y coqueta, sin siquiera saber de dónde lo ha aprendido. Un día la encontrarás arrullando a su oso de peluche y al día siguiente la verás saltando en charcos de lodo y con la boca llena de chocolate derretido.

Todos los días verás en ella una nueva faceta de su personalidad. Te sorprenderá saber y observar que cada día se parece más a ti.

Un día, más pronto de lo que crees, querrá ser como tú y se pondrá tus zapatos, tus collares y tu maquillaje. Se enamorará de su papá, pero su primer ejemplo de cómo ser mujer, serás tú. Se enojará cuando abraces o beses a su papá, pero su primera amiga, confidente y refugio serás tu.

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Te sorprenderá saber que la  conexión que existe con tu hija es tan fuerte y tan íntima que se reconocen como iguales a simple vista. Su complicidad viene de ese entendimiento que hay entre ambas, sabiendo de antemano lo dramáticas, volubles, inteligentes y antojadizas que las mujeres podemos llegar a ser.

 

Una hija es al mismo tiempo una copia de su madre y una persona totalmente distinta y única.

Simone de Beauvoir

 

Reconocer en palabras el amor por una hija es una tarea difícil. Solo de pensarlo me emociona y se me salen  las lágrimas. Ser mamá de una niña es una bendición.  Tu hija se vuelve tu mejor amiga para siempre: no hay vuelta de hoja. En cada gesto, palabra o reacción va una parte de ti que no se puede negar. Comprar sus primeros vestidos y ropa en tonos rosas es un recuerdo muy emocionante.

 

¿Qué implica ser madre de una hija?

Aquí te presento algunos consejos para dirigir a tu cómplice:

  • Puedes leer  mucho con ella y elige historias donde las mujeres desempeñen una función importante, para que no piense que existen oportunidades en la vida que están fuera de su alcance.
  • Cuando algo le preocupe, habla con ella sentada al borde de su cama. Le gusta mucho el contacto cercano y cara a cara.
  • Si notas que con sus amigos siempre es la que cede, enséñale que está permitido expresar lo que ella piensa. Así aprende a velar por sus derechos.
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Conocer cómo tienden a actuar y a aprender las niñas y qué actitudes suelen ser necesarias, estimular en ella te ayudará a entender más a tu hija y a educarla de la mejor manera posible.

Si estás embarazada y es una niña quiero que sepas que hoy te conviertes en mamá de una nueva mujer,  pero si ya eres madre de una hermosa princesa te deseo que siempre sepas encontrar las palabras adecuadas para acariciar su corazón de niña, sin importar la edad que tenga.

Que encuentre en ti a la mejor aliada ya sea para jugar juntas a las muñecas, para sacar un permiso de papá, o para tomar un café y arreglar el mundo.

Nunca olvides darle un buen ejemplo a tu hija y  esto dependerá que sea tu cómplice para toda la vida.

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