La magia de la relación padre-hija

Macarena · 3 junio, 2016
La relación padre-hija es uno de los vínculos más enternecedores e intensos que existen. A continuación te contamos más acerca de este tipo de magia tan especial.

Un padre presente en la vida de sus hijos, que se esmera por dar amor y valores a sus hijos es una presencia muy positiva en la vida de todo niño. Ahora bien, en lo que respecta la relación padre-hija, esta puede resultar algo mágico.

Y es que, sin duda alguna, los padres que cuidan de sus hijas con ternura y delicadeza, ayudan a que estas niñas crezcan de una forma sana, feliz y, el día de mañana, sean seres humanos íntegros.

No es para menos, pues se trata del primer hombre en su vida, además de un modelo sumamente inspirador. La figura paterna constituye una referencia en la cotidianidad de la niña.

A continuación te brindamos una serie de consejos para construir (o mantener) una relación padre-hija bonita, especial, enriquecedora, amena y, sobre todo, memorable.

La relación padre-hija.

¿Cómo fortalecer la mágica relación padre-hija?

Demuéstrale a la pequeña tu profundo e incondicional amor por su mamá. Así sabrá que ella puede ser amada de la misma manera. Por esto mismo, se afirma que la relación padre-hija marca la futura relación de ellas con los hombres en su edad adulta.

Gracias a ese primer amor que le habrá mostrado cómo es una relación amorosa, la nena deseará encarnar una propia tan bella como la que mantenían sus progenitores cuando sea grande y llegue la hora de buscar a su media naranja.

Asimismo, la figura del padre ayuda a su hija a desarrollar su feminidad y personalidad. Dile palabras bellas, hazle saber que es hermosa e inteligente para que se sienta querida, valorada y gane en autoestima y seguridad.

Despierta la admiración de tu pequeña con atenciones hacia ella. Escríbele cartas y baila con ella. No dejes que el tiempo pase mientras aguardas el rito de iniciación de su cumpleaños de 15 para invitarla a danzar por primera vez.

No olvides brindarle toda tu atención y de disfrutar con con ella de aquellas cosas que son importantes y que la hacen inmensamente feliz. Haz que se sienta protegida y acompañada por sus padres, siempre.

La relación padre-hija, un vínculo a prueba del paso del tiempo

Por ello, aprecia el momento ahora. Báñala, porque crecerá y después no podrás hacerlo. ¡Atrévete a cantarle! Compartan momentos de karaoke, sean amigos, cómplices y compartan tanto como quieran de las mejores cosas de la vida: música, comidas, libros, etcétera.

Disfrútala al máximo mientras puedas: juega, salta, llévala de paseo y regálale flores.

Llévala a la escuela, pues llegará ese momento en que no querrá que la acompañes y se molestará cuando intentes hacerlo. Es conveniente que desde muy corta edad le recuerdes el camino a casa.

Llegará el día en que sea mayor e independiente, por lo cual es fundamental que le hagas saber a tiempo dónde está su casa.

La relación padre-hija.

Esta relación padre-hija funciona cual bomba de tiempo que explota en adolescencia. Una etapa en la que normalmente este vínculo estrecho se desdibuja puesto que se impone cierta distancia. Algo tan normal como esencial para preparar futuros vínculos con otros hombres.

La llegada del primera menstruación de la mano de la modificación de la silueta y la aparición de los primeros amores son vividos con cierta melancolía por parte del padre, quien se pregunta por qué la chica se encierra en su habitación por tanto tiempo.

Si bien se trata de una época muy complicada, los padres deben continuar cerca de sus hijas. Incluso cuando sientas que esa bebé se ha convertido en una extraña.

Piensa que, durante este proceso, tu papel en su crianza también es clave para que la niña se desarrolle emocionalmente sana.

Las enseñanzas ideales en la relación padre-hija

Aprovecha las oportunidades para brindarle a tu hija de enseñanzas de todo tipo. Buenos modales y valores deben estar a la orden del día. Pero, sobre todas las cosas enséñale cosas útiles, como cambiar una llanta, poner un foco o arreglar algo de la casa.

Hazle saber que es valiosa por ser quien es y que, a pesar de que tenga un compañero de vida, no debe depender de nadie. Hazla fuerte pero gentil, astuta, dulce, lista, alegre, reflexiva, pero sobre todo, invítala a ser libre y a manejarse con autonomía.

En suma, ¡Apuesta por los valores y los momentos que trascenderán en las vidas de ambos!