El juego como eje metodológico en la etapa de infantil

6 septiembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la pedagoga María Matilde
El juego es la forma de expresión infantil por medio de la cual los niños se conectan con su entorno y van aprendiendo cada día. Con lo cual, tanto en el contexto familiar como en el escolar se debe considerar al juego como fundamental para el correcto crecimiento y desarrollo de los niños.

En la etapa de la infancia, y concretamente en el contexto educativo, el juego como eje metodológico es la base sobre la que se organizan las actividades de enseñanza-aprendizaje de los niños. El juego fomenta la imaginación y la creatividad, y permite que los niños logren aprendizajes significativos sin ser conscientes de que están aprendiendo porque lo hacen jugando.

Clases de juegos

Existen multiplicidad de juegos que podrán ser clasificados según el espacio en que se realizan, por ejemplo. Así, existen juegos que pueden realizarse en el interior, como los juegos simbólicos o de razonamiento y lógica, o juegos al aire libre con objetivos más relacionados con el desarrollo físico y motor.

Ademas, los juegos pueden ser clasificados dependiendo de si son libres y espontáneos, o son dirigidos. En los primeros, los niños dejan volar su creatividad e imaginación, y en los segundos es el educador quien pauta reglas concretas en relación a cómo deberá realizarse, controlando que estas se lleven a cabo.

Por otro lado, los juegos también se clasifican según el número de participantes. Hay juegos solitarios, como puede ser un rompecabezas, juegos por parejas, como las palmas, y otros muchos juegos en los que pueden participar más de dos niños.

Los juegos según las funciones que ayudan a desarrollar

Los juegos, además, varían según las funciones que se ejercitan mientras se juega, y las características de la actividad que desarrollen los niños. Estos juegos pueden ser:

  • Para ejercitar los sentidos. Como, por ejemplo, identificar tamaños y texturas, o escuchar sonidos de animales o de la naturaleza.
  • Motores. Estos implican movimientos como saltar, correr, subir y bajar, etc.
  • Manipulativos o de construcción y montaje. Para ejercitar acciones como atrapar, presionar, ensartar, enroscar, sujetar, abrochar, vaciar, llenar, equilibrar, etc.
  • Simbólicos. Se imitan situaciones y escenas de la vida real, representando roles, situaciones y personas.Niños utilizando el juego como eje metodológico en la etapa de infantil.
  • Verbales. En  los que la palabra es central, como los acertijos, las adivinanzas, los cuentos, los trabalenguas.
  • De razonamiento lógico. Juegos como los rompecabezas, tetris de madera o ajedrez para niños, sientan las bases para desarrollar la capacidad de cálculo mediante la asimilación de conceptos matemáticos como la seriación, la clasificación, y la correspondencia.
  • Para ejercitar las relaciones espaciales. Son juegos para hacer, generalmente, en espacios amplios y en los que hacer actividades que impliquen la discriminación de obstáculos, salidas, escondites, medidas y distancias. 
  • Para ejercitar las relaciones temporales. En estos juegos se puede aprender a diferenciar las estaciones del año, o las partes del día y su relación con las actividades que se realizan. Como, por ejemplo, por la mañana se va al cole y por la tarde se merienda.

Principales características del juego como eje metodológico

Como podemos observar, existe una gran cantidad de juegos. Estos juegos pueden ser clasificados según criterios variados pero, en definitiva, sea el tipo de juego que sea, todos comparten unas características que son comunes y que definen su naturaleza. Estas son:

  • Se trata de un modo de interactuar con el entorno y con la realidad.
  • Su finalidad es intrínseca; no se juega con ningún otro objetivo.
  • Es espontáneo, voluntario y motivador.
  • Permite que, a la vez que se juega, se desarrollen todas las capacidades tanto psíquicas y físicas del ser humano, contribuyendo a la progresiva construcción de la propia identidad y autonomía.  
  • Es un recurso educativo por excelencia porque favorece aprendizajes significativos cada vez más complejos. Permite la adquisición de habilidades y destrezas, pautas de conducta y valores.
  • Es una fuente de placer, satisfacción, entretenimiento y diversión.
  • Permite la libre expresión y manifestación de los niños, de sus sentimientos y estados de ánimo.
  • Cumple una función compensadora de desigualdades e integradora y, en ocasiones, rehabilitadora.
  • Permite la relación con los demás y favorece la socialización.
  • Desarrolla la fantasía, la imaginación y la imitación, permitiendo que los niños puedan crear realidades ficticias poniendo en juego distintas estrategias de actuación.Niños jugando en la etapa de infantil.

El juego como eje metodológico en la etapa de infantil

La etapa educativa denominada de infantil atiende a niños desde su nacimiento hasta los 6 años de edad, y se ordena en dos ciclos. El primero, que comprende hasta los 3 años de edad, y el segundo, que va desde los 3 a los 6 años.

Esta etapa educativa hace referencia a un periodo fundamental en el crecimiento de los niños, respecto de lo cual, nuestro sistema educativo establece que el juego sea la forma metodológica fundamental para organizar los procesos de enseñanza-aprendizaje y la organización de los contenidos.

El juego como eje metodológico tiene su razón de ser porque permite el progresivo avance en las distintas áreas de desarrollo de los niños, desarrollo social, emocional, cognitivo, físico y motor. Específicamente, el juego en esta etapa educativa en concreto desarrolla las siguientes capacidades:

  • Lingüística. Ampliando el vocabulario y mejorando la expresión oral, y la comprensión.
  • Físico-cinestésica. Trabajando la motricidad gruesa y fina, y el dominio del esquema corporal.
  • Lógico-matemática. Mediante la resolución de problemas, la atención y la memoria.
  • Espacial y temporal. Ejercitando la localización y orientación, y también la memoria visual.
  • Musical. A través de la discriminación y la memoria auditiva.
  • Interpersonal. Influyendo en la cooperación, comunicación, solidaridad, el trabajo en equipo y la resolución de conflictos.
  • Intrapersonal. Mediante el trabajo con la gestión de sentimientos y emociones, la autoestima, la autodisciplina, la autocrítica, la paciencia, y la responsabilidad.