¿Y si mi hijo es desordenado? ¿Cómo lo ayudo?

¿Tienes un hijo desordenado? No te aflijas, simplemente ármate de paciencia y pon en práctica los siguientes consejos para conservar el orden de la casa.
¿Y si mi hijo es desordenado? ¿Cómo lo ayudo?
Ana Couñago

Revisado y aprobado por la psicóloga Ana Couñago.

Última actualización: 07 agosto, 2022

Ropa, juguetes y objetos de todo tipo desparramados en el suelo de tu morada: la pesadilla de toda madre. Pocas mamás pueden gritar a los cuatro vientos que su hijo no deja patas arriba su hogar, mientras que la gran mayoría sigue preguntándose: “¿por qué mi hijo es desordenado?“.

Conserva la calma, porque en este artículo te explicamos cómo puedes ayudar a tu hijo para mantener el orden de la casa, sin cansarte y frustrarte en el intento. Presta atención y anota los siguientes consejos para poner fin a esta incómoda situación.

Como suele afirmarse incansablemente en lo que a la crianza de los niños respecta, no existen fórmulas mágicas y probablemente debas armarte de paciencia para repetir constantemente una indicación sencilla hasta conseguir que de frutos. Como ves, en la educación nada es fácil ni rápido.



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Suele ser un calvario si, además de ser desordenado, a tu hijo no le gusta recoger el regadero de objetos que arrojó sin siquiera evaluar las consecuencias, muchas veces contra las oportunas indicaciones de los mayores. Entonces, ¿qué hacer cuando nos encontramos ante un hijo desordenado?

Explica a tu hijo la importancia del orden en el hogar

Principalmente, los especialistas insisten en que dejemos razonar al pequeño sobre sus actos. Para lo cual no estaría de más hacerle ver al niño que no se trata de un simple capricho materno por cuanto el orden y la limpieza de la casa trae aparejada una serie de beneficios:

  • El orden de la casa se constituye en una valiosa herramienta para los niños pequeños dado que en esas condiciones pueden orientarse y reconocer mejor diversos espacios de la casa, diferenciando las actividades a realizarse en cada ambiente.
  • Evitar el desorden es la mejor arma para combatir accidentes domésticos, enfermedades bacteriales y virales, pérdidas de objetos queridos y demás.
  • Si el niño adquiere el hábito del orden y la limpieza, forja a futuro una persona ordenada tanto a nivel material como social, sentimental, intelectual y laboral.

¿Cómo le enseño a mi hijo a no ser desordenado?

Si quieres que tus hijos avancen, haz más fácil su camino, y para ello la mejor manera de animarlos a ordenar es poniéndose en su lugar. Pues no basta con explicarle los puntos anteriormente detallados, sino también entender la importancia de la negociación, la empatía y la practicidad.

  • ¿Qué tal un intercambio? “Si recoges bien y rápido lo que tiraste, podremos ir a tomar un helado o a jugar al parque”, una negociación con tu hijo puede llegar a buen puerto y traer beneficios para ambos.
  • Reglas estrictas. No es un régimen militar, pero muchas veces la única manera de que las cosas marchen es establecer ciertas normas que deben respetarse a rajatabla.
  • Los juguetes, a los cajones. Si los organizas de este modo, solo tendrá que depositarlos allí.
  • No haces mal si le echas una mano. Pero, ¡cuidado!, porque esto no significa que debas hacer el trabajo por él, implica enseñarle a recoger y guardar cada cosa en su lugar. Se trata de transmitir el hábito y la mecánica de recoger las cosas una vez utilizadas.
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Más consejos para enseñar a tu hijo a no ser desordenado

Acompaña estos consejos incentivando la responsabilidad, dándole oportunidades para tomar decisiones, reforzándolo con palabras positivas, estableciendo límites claros y eliminando de la faz del hogar las dañinas críticas.

Por sus cosas a su altura

Si queremos que el niño guarde sus cosas debe tener acceso a los cajones que tiene asignados para organizar sus pertenencias, esto incluye ropa, zapatos, juguetes, útiles escolares. Preciso es que se encuentren a su altura, que los pueda abrir y cerrar, porque solo así sentirá que son suyos.

Enseñarle un orden e insistirle que lo mantenga

Cada cosa en su lugar’, es una lección en la que hay que insistir. Los cajones de los juguetes clasificados por temáticas: bomberos, muñecas, naves, soldados, peluches, etc. La ropa por igual, clasificada según sea de salir, de estar en casa, interior, zapatos. Y en su lugar respectivo los materiales de la escuela, lápices, cuadernos, libros.

La lección: recoger no es tirar donde sea y como sea. Es separar, distribuir, organizar, disponer en los espacios establecidos, de modo que sea fácil encontrar y usar.

Predica con el ejemplo

Es una regla de oro de la maternidad en tanto que nuestros hijos tienen cierta tendencia a imitarnos ya que, desde que nacen, nos convertimos en sus modelos a seguir. Por ello, debemos aprovechar esta situación que se da durante los primeros años de vida ya que es el momento en que mejor pueden adquirir este hábito de recoger.

Prueba con juegos

No necesariamente el momento de eliminar el desorden debe ser un castigo o un suplicio, antes bien mediante alguna actividad lúdica puede resultar un momento divertido para la familia.

Cuestión de tiempos

Como ya hemos dicho anteriormente, el orden físico ayuda a los más pequeños. En efecto, llevar determinado orden temporal resultará beneficioso. Por ejemplo: luego de merendar, hacen sus deberes escolares. Después, juegan.

Finalmente, tras el rato de esparcimiento y ocio, llega la hora de ordenar como antesala para la cena. Es probable que con esta secuencia predigan su rutina diaria, adquiriendo seguridad, estabilidad y autoestima.

Orden y autonomía van de la mano

El niño que lograr llevar a su rutina diaria el orden de su ropa, juguetes y útiles, ha alcanzado niveles claros de autonomía. Claro que seguirá existiendo una voz que dicte órdenes. Pero es muy distinto lanzar una directriz que se cumple, a un lamento que no encuentra eco en el desorden y el desinterés.

Los niños necesitan pautas. Los autores del artículo ‘La orientación familiar para el desarrollo de la autonomía de los niños de la infancia temprana’, hablan de desplegar un plan de ‘encomiendas sencillas’ que le dicen al niño qué hacer.

La idea es promover cambios de actitud estimulando la autonomía con la realización de estas encomiendas y así promover su desarrollo social, transmitiéndole “nociones y conocimientos concretos acerca de cómo ellos pueden por sí solos ir satisfaciendo sus necesidades básicas vitales (vestirse, desvestirse, cepillarse, calzarse, lavarse la cara)”.

El objetivo, arraigar costumbres, crear hábitos.

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  • Dupeyrón García, M. D. L. N., Cabrera Valdés, B. D. L. C., Amor Pérez, N., & González Collera, L. A. (2021). La orientación familiar para el desarrollo de la autonomía de los niños de la infancia temprana. Conrado, 17(82), 473-483. http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S1990-86442021000500473&script=sci_arttext&tlng=en
  • Muñoz Zapata, A. P., & Castaño, L. C. (2013). La empatía: ¿un concepto unívoco?

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