La función emocional del chupete

10 junio, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El chupete puede ser un complemento adecuado en algunas ocasiones, especialmente para aquellos bebés que no realizan lactancia materna. Sin embargo, su uso no es lo más adecuado.

En la actualidad, el uso del chupete por parte de los más pequeños está completamente extendido y normalizado. Incluso muchos padres llegan a pensar que se trata de un elemento necesario e imprescindible para su bebé. La realidad es que los niños no lo necesitan, hasta hay quienes lo rechazan. Por ello, antes de decidir tu postura respecto a este objeto, es importante que conozcas la función emocional que cumple el chupete.

Como padres, tomamos las decisiones que nos parecen más acertadas y beneficiosas para nuestros hijos. Cada hogar, cada familia, atraviesa unas circunstancias diferentes y, por ello, no se puede generalizar respecto a lo que es más positivo. Así, cualquier decisión que tomes será lícita y acertada, siempre que lo hagas desde una posición informada.

La importancia de la succión

El reflejo de succión acompaña a los niños desde antes del nacimiento, pues ya en el viente materno comienza a desarrollarse este patrón. Sin embargo, la succión va mucho más allá de su función nutritiva. Ayuda al pequeño a desarrollarse neurológicamente y favorece la aparición del habla. Pero, sobre todo, ejerce un efecto calmante y tranquilizador en el bebé.

Por lo mismo, la lactancia materna no solo sirve al niño como alimento, sino como fuente de establecimiento del vínculo de apego. El pecho lo consuela, lo ayuda a regularse emocionalmente y a sentirse seguro. Así, es el medio óptimo y natural por el que los niños cubren sus necesidades emocionales.Niño en brazos de su madre con el chupete en la boca.

Por lo mismo, el chupete cumple también esta función al permitir al niño succionar repetidamente. Al hacerlo, se tranquiliza y obtiene sensaciones agradables. Sin embargo, un objeto nunca podrá sustituir a una persona y, aunque el chupete permita la succión, no proporciona el contacto y afecto de la madre, que es lo que verdaderamente precisa el bebé.

La función emocional del chupete

Sucede que muchas madres no pueden, o no desean, implementar la lactancia materna u ofrecerla a demanda. Tal vez sus obligaciones laborales les impidan estar siempre presentes, quizá padezcan mastitis o pezones agrietados, o simplemente se encuentren agotadas por la excesiva demanda de pecho que realiza el niño.

En estos casos, el chupete aparece como un sencillo sustituto a la función emocional de calma y consuelo que ejerce el pecho. Así, ofrecemos el chupete al niño cuando está irritable, inquieto, cuando llora, cuando va en el cochecito, al irse a dormir… Indudablemente, este ayuda al pequeño a tranquilizarse o a conciliar el sueño, pero no es lo más adecuado.

El uso excesivo del chupete puede generar malformaciones dentarias. También interfiere en el habla, pues impide al niño balbucear y comenzar a expresarse. Además, genera una dependencia que acarreará dificultades y disgustos cuando deseemos retirar el chupete al pequeño. Pero, sobre todo, le priva de lo que realmente necesita.

Un niño angustiado, inquieto o lloroso necesita afecto y contacto. Ha de sentirse atendido, arropado y protegido por los adultos, que constituyen sus principales figuras de apego. El establecimiento de un vínculo seguro es primordial para un correcto desarrollo emocional, y esto el chupete no lo proporciona.El chupete cumple una función emocional en los niños, pero no siempre es lo más adecuado.

Si deseamos que en el futuro el niño desarrolle estrategias adecuadas de regulación emocional, que sea autónomo y psicológicamente sano, hemos de cubrir sus necesidades emocionales durante sus primeros años. Darle el chupete no es suficiente.

Chupete: ¿cuándo sí y cuándo no?

En suma, el chupete puede ser un complemento adecuado, pero nunca un sustituto del afecto y la atención de los padres. Aquellos niños que no siguen lactancia materna pueden manifestar una necesidad de succión mayor a la que cubren con el biberón. En estos casos, el chupete puede ser de ayuda, pero habrá de acompañarse siempre de contacto, de miradas, de afecto y de calor humano; no será suficiente darle el chupete y marcharnos.

Además, es preferible reservarlo para momentos puntuales de real necesidad. Por ejemplo, cuando vamos en el coche con el niño y nos es imposible sacarlo de su sillita para acunarlo y calmarlo.

Para aprender a regular sus emociones por sí mismo, el pequeño requiere que alguien haya cumplido antes esta función por él. Por ello, es imprescindible que los adultos significativos estén disponibles para el niño. Ten en claro que lo que realmente necesita tu bebé es a ti, por lo que el chupete es algo opcional.

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  • Facal, M., Pérez, A. J., & Lagarón, C. (2003). Chupetes¿ sí o no?¿ es conveniente que la madre ofrezca el chupete a su bebe? La respuesta es... A veces. Revista de ortodoncia clínica6(4), 206-217.