La empatía del maestro es clave para el desarrollo académico de los niños

Un buen educador puede marcar la diferencia entre un niño apasionado por aprender y otro que odie ir al colegio.

La empatía del maestro es una de las asignaturas pendientes de muchos docentes. A algunos educadores solo les interesa hacer lo básico: resumir dos o tres lecciones, mandar deberes y luego enviar a los niños a casa. ¡Y no saben el daño que provocan con esta actitud!

Poco se interesan en los sueños, sentimientos y miedos de los niños. Su única motivación para ir a trabajar es recibir un sueldo a final de mes. Un sueldo pagado con el esfuerzo y las ganas de superación de otros, muchos de ellos, padres de los niños que estos maestros ignoran.

La empatía del maestro es clave para el desarrollo académico de los pequeños. Muchos de los grandes genios de la historia agradecen a día de hoy sus triunfos a muchos de sus tutores.

Con muy poco, consiguieron que niños increíbles se convirtieran en adultos excepcionales. Y para ello no hacen falta ni varitas mágicas ni colegios especiales: hace falta pasión en la profesión.

¿Por qué es tan importante la empatía del maestro con los niños?

Al igual que con sus padres, los pequeños de la casa también ven en los tutores escolares modelos de referencia. Admiran a sus maestros: les hacen dibujos, no paran de hablar de ellos, les regalan cualquier cosa y, por supuesto, los quieren muchísimo.

La empatía del maestro es clave para el desarrollo académico de los niños.

El maestro debe corresponderles con dedicación, respeto y amabilidad, porque de él depende el desarrollo de esos niños que tanto lo veneran.

“El maestro deja una huella para la eternidad; nadie puede decir dónde se detiene su influencia”

–Henry Adams–

Mejora su autoestima

Un buen profesor hace que cada niño se sienta especial. Los escucha y jamás los ridiculiza ni les hace sentir que valen menos que los demás. Sabe muy bien que cada uno de sus alumnos es distinto, y se preocupa por fomentar sus puntos fuertes y restar importancia a los débiles.

Por el contrario, un mal docente puede acabar causando auténticos traumas en el niño. Educar mediante el miedo, las amenazas y las burlas no es educar: es maltratar.

Facilita el aprendizaje

Si un niño se siente motivado, aprenderá más y mejor. Es muy fácil conseguirlo si le echamos un poquito de imaginación: podemos hacer juegos, inventar historias o representar una obra de teatro con los temas que se estén dando en clase.

Cuanto más feliz y animado esté, más sencillo será que preste atención. De la misma forma, podemos utilizar estos trucos a la hora de estudiar en casa. ¡Se divertirá muchísimo!

Evita la exclusión social

Hoy en día, el bullying es una realidad tangible. Un maestro empático puede brindarle a una víctima de acoso un refugio ante el temporal, aunque no sea la solución a largo plazo. La rápida actuación de los docentes ante casos de esta índole ha salvado más de una vida.

También, en casos menos severos, puede fomentar la integración del pequeño hablando con los otros estudiantes o añadiéndole a un nuevo grupo que pueda hacerle sentir más cómodo.

maestro con gafas sonriendo a niño

Les enseña a crear metas vitales

“De mayor quiero ser como mi maestro” o “Tengo a la mejor maestra del mundo” son frases muy escuchadas por los padres. Un buen docente enseña a sus alumnos a fijar metas y a luchar por conseguirlas. Puede que se caigan por el camino, pero eso les enseñará a levantarse.

Un suspenso no es una tragedia, es solo un error que más adelante se solucionará. La empatía del maestro en estos casos es fundamental para que el niño no sienta que ha fracasado. Con una sonrisa y un par de consejos sobre técnicas de estudio, sabrá que no ha decepcionado a nadie, pero que tiene que estudiar más.

En estas situaciones también es importante la actitud de los padres. Gran parte de la educación de sus hijos tiene que venir de dentro de casa, y parece que a algunos progenitores se les olvida. No está bien exagerar con respecto a las notas académicas: hay cosas mucho más importantes. 

Es necesario que exista buena comunicación entre los tutores escolares y los progenitores. Con una reunión cada 15 días será suficiente, pero hay que tomárselo en serio. La única forma de que un menor crezca sano y feliz es a través de la armonía y el apoyo emocional.

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