Desde que te vi me robaste el corazón

Agetna · 29 marzo, 2016

Me robaste el corazón desde la primera vez que te vi.


Apenas dejaste escuchar tu melodioso llanto supe que ese era el idioma que más iba a gustarme en la vida y el cual adoraría siempre percibir.

Sí, me robaste el corazón y te lo llevaste para nunca devolverlo.

Gracias.

La historia del día más feliz de mi vida

De aquella tarde recuerdo el nerviosismo de todos los familiares que aguardaban fuera de la sala y el trillo que tu papá marcó sobre el piso yendo y viniendo hacia la puerta tras la cual tú y yo aguardábamos.

Me acuerdo también que mis padres estaban que se arrancaban los pelos de la impaciencia por convertirse en abuelos.

Si me concentro un poco puedo volver a percibir el frío que había en la habitación donde estaba y la poca ropa que dejaron ponerme.

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Yo que siempre fui una mujer muy recatada, que nunca me gustó ni insinuar el busto por la abertura de las blusas, de pronto me vi sin ropa interior y con las nalgas y los senos prácticamente al aire.

¿Te da risa? Hasta a mí, ahora que lo recuerdo.

El salón en donde te conocí estaba iluminado, tan iluminado como si tuviera el mismo sol en pleno cenit al centro del techo.

Había varias personas a mi alrededor, todas vestidas de verde. Un verde oscuro que dicen algunos transmite calma, esperanza, energía positiva…

Para aseverar esto hoy tendría que detenerme a observar los uniformes con mucha paciencia.

La ansiedad, el miedo, el júbilo, el furor, la impaciencia… eran demasiadas emociones juntas para ponerme a ver si el pantalón del anestesista o la blusa de la gineco-obstetra que iba a hacerme el parto por cesárea me trasmitían paz.

Ahora mismo hago un viaje al pasado y puedo volver a sentir la aguja de la anestesia en mi espalda junto al adormecimiento de mis piernas.

Soy partícipe otra vez del constante chachareo de los médicos y enfermeros que platicaban sobre la cena del día anterior, la cita que tuvieron con tal y cual persona, lo alto que estaba el precio de la gasolina…

Parecía como si de pronto estuviéramos todos compartiendo en un bar.

También preguntaban por nosotros.

Si había tenido buen embarazo, qué nombre pretendía ponerte, si pertenecías al sexo que yo quería, si trabajaba, cómo me sentía en ese momento, si este era mi primer y mi único hijo o si tendría otros…

Según mis vecinas todo el parloteo y las averiguaciones son comunes durante las cesáreas.

Dicen que de esa manera primero: los médicos intentan desviarte la atención hacia otros asuntos para que te relajes y pierdas el miedo, y segundo: para asegurarse, en tus respuestas, de que la anestesia no te vaya a hacer mal y comiences a delirar.

Pero bueno, eso es lo que dicen mis vecinas, a ciencia cierta, no sé si es verdad.

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Retomando el asunto de nuestro encuentro puedo afirmarte que al sentir tu llanto por primera vez los oídos se volvieron sordos a las conversaciones, los ojos se me aguaron de manera repentina y en la garganta se me formó un nudo que apenas me dejó respirar.

Luego vi tu cuerpecito blanco y desgarbado arrancado de mi vientre y no pude más que llorar de la emoción.

Me robaste el corazón cuando te vi por primera vez y fue tan fácil que me da hasta miedo.

Desde que te vi me robaste el corazón

Te conozco hace apenas 1 mes y lo que siento por ti es tan grande que no puedo imaginarme algo similar; únicamente si volviera a convertirme en madre.

Siento que eres lo más importante que tengo en la vida y que desde tu llegada soy la persona más exitosa del mundo.

¡Que se queden los demás con las riquezas y sus muchas conquistas! Yo ya tengo la más grande de todas.

Gracias mi amor, gracias otra vez por existir y embriagarme con tu presencia.

Desde hoy te agradezco que me des la maravillosa oportunidad de criarte y verte crecer, participar de tu vida, tus ideas y tus sueños.

Ser tu fiel compañera en tus desventuras y tus logros, tener la oportunidad de escucharte y aconsejarte lo mejor que pueda, ser tu maestra, ayudarte, amarte por sobre todas las cosas… esas son hoy las principales misiones y metas de mi vida.

Gracias por dejarme abrazarte, besarte, acariciarte, quererte, gracias por darme la dicha de poder llamarte: hijo.