Así es la vida de 7 hermanos criados en una biblioteca

Amanda · 18 noviembre, 2016

¿Qué podemos esperar de unos niños criados en una biblioteca? ¿Acasos están destinados al éxito? No tenemos muchas historias para comparar, pero esta realidad nos motiva a enseñar el amor por los libros. Se trata de la historia de siete hermanos que crecieron rodeados de libros, en su propio hogar, sus padres habrían coleccionados más de 20 mil textos de diversa índole, por esto dicen ser privilegiados.

Se cree que muchos niños no recuerdan mucho lo que fue su infancia, pero hay casos donde prevalece el aprendizaje y los hábitos de la niñez. El gusto por los libros es algo que puede comenzar cuando somos niños y puede acompañarnos a nuestra vida adulta, tal es el caso de los hermanos Martinón Torres, quienes aún viven del recuerdo de su biblioteca personal.

¿Cómo es la vida de los niños de la biblioteca?

En un período de un poco más de diez años, la pareja constituida por Federico Martinón y Georgina Torres tuvieron siete hijos; en la actualidad son adultos, pero su niñez los marcó de por vida. La gran familia que creció en la ciudad de Ourense duplicaba su tamaño por la cantidad de libros que había en su biblioteca, que ocupaba la habitación más grande.

Las principales aventuras de los niños de esa familia, eran vividas en la biblioteca, allí se paseaban por historias que hoy en día los acompañan. Sin embargo, convivir con las letras de todo el mundo, les permitió inspirarse para alcanzar todas sus metas; hoy por hoy, la biblioteca de los Martinón Torres dio a luz a siete grandes profesionales del mundo.

Por alguna razón los niños se decantaron hacia las ciencias; el mayor de ellos, Federico, es un reconocido pediatra, destacado principalmente por su rol en la expansión de la vacunación por toda Europa. Pese a la gran inclinación hacia los libros de aventura, la tendencia en el resto de las profesiones se dirigió hacia la parte científica.

Vivir con tantos libros resultó bastante natural para ellos, quienes comenzaron a forjar sus ilusiones en torno a sus héroes favoritos. María, la tercera hermana, recuerda su afición por los libros de Verne y las historias de Sherlock Holmes; en la actualidad es una distinguida arqueóloga, al igual que Marcos.

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Marcos ha reescrito gran parte de los libros de su infancia por medio de sus experiencias en el área de arqueología; también se destaca como profesor  en University College de Londres. Su hermana María ha logrado transformar la historia de la evolución humana a través de sus hallazgos.

Otros pediatras de la familia son “Federico abuelo”, “papá Federico” y “Federico hijo”, también lo es la más pequeña, Nazareth, recientemente premiada en la Universidad de Salamanca por su trabajo sobre la enfermedad meningocócica. Por su parte, Georgina, la segunda hermana, es geriatra en el Hospital Universitario de Ciudad Real; desde allí, también analiza la obra de Velázquez y su relación con la vejez.

Lucas es un hombre de letras, actualmente dirige el departamento de comunicación de Xunta de Galicia, es periodista y tiene en su hoja de vida la escritura de los discursos de Alberto Núñez Feijóo cuando era candidato a la presidencia. Mateo por su parte, se inclinó por el área de informática, dirige una exitosa empresa en Santiago de Compostela.

Vida de intelectuales

La crianza de los hermanos Martinón Torres se destacó por su constante inclinación hacia la lectura; Marcos explica que sus padres nunca le pidieron que fuera arqueólogo, pero él se decantó por esta especialidad porque la historia y el arte formaban parte de sus vidas.

Estos hermanos cuentan que en ningún momento sus padres les aconsejaron que tomaran una u otra carrera, al contrario, el lema de la casa era: “Se debe pedir a cada cual lo que está a su alcance realizar”, frase del libro El principito.

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María recuerda que en su casa materna se veneraban los libros, no solo eran considerados un vehículo de información y trasmisión de conocimiento, además funcionaban como fuente de entretenimiento y a veces también de consuelo.  El consejo de sus padres era que dieran lo mejor de ellos mismo, a su propio ritmo y estilo; esto les permitía reconocer que todos eran buenos en algo.

Pese a que los padres Martinón Torres no dijeron a sus hijos qué hacer, les dieron herramientas para crecer y todos ellos decidieron emplearlas. Marcos dice que nunca dudó en sus aspiraciones, asegura que por su mente nunca pasó ser deportista o hacer algo distinto a la arqueología; en cambio la curiosidad los dirigió por un camino intelectual plagado de opciones.