Cómo utilizar el tiempo de espera como estrategia de disciplina

Eva Maria Rodriguez · 21 septiembre, 2016

El tiempo de espera puede ser una estrategia muy efectiva de modificación del comportamiento cuando se usa adecuadamente. El objetivo final del tiempo de espera debe ser que los niños aprendan cómo tomarse un tiempo a modo de pausa cuando se meten en un problema. Sin embargo, muchos padres no están utilizando esta estrategia de disciplina de manera efectiva.

El funcionamiento de esta estrategia es muy simple. Cuando tu hijo comienza a comportarse mal se le saca de esa situación para evitar que siga con ese comportamiento. Así dicho suena muy sencillo, pero a la hora de llevarlo a cabo puede no serlo tanto.

Claves para que el tiempo de espera sea una estrategia eficaz

El tiempo de espera es un método de disciplina que busca dar al niño una oportunidad de enfriarse y pensar en lo que ha hecho mal. En ningún momento la intención debe ser asustarlo, amenazarlo o intimidarlos, sino simplemente apartarlo de la situación.

Para conseguir que este método de disciplina sea eficaz hay que tener en cuenta los siguientes aspectos:

Explica el proceso de tiempo de espera a tu hijo

Si estás introduciendo de tiempo de espera a tu hijo por primera vez o  estás cambiando el proceso de tiempo de espera debes explicarle en qué consiste, es decir, qué va a pasar en qué tipo de situaciones.

Debes explicarle las reglas del tiempo de espera claramente y decirle el tiempo que permanecerá en espera. Este tiempo empezará a contar cuando se tranquilice.

No abuses del tiempo de espera

La estrategia del tiempo de espera pierde efectividad cuando se usa con demasiada frecuencia. Si la utilizas varias veces al día, al poco tiempo perdará eficacia y el niño dejará de responder.

 Si ves que a lo largo del día tienes que emplear la estrategia varias veces es mejor que plantees otro método de disciplina alternativo, como quitarle privilegios, por ejemplo.

Niña en tiempo de espera

 

Antes de nada, ofrece una advertencia (solo una)

Ciertos comportamientos deben dar lugar a las consecuencias del método de disciplina seleccionado, como un agresión física malintencionada, por ejemplo. Sin embargo, otro tipo de comportamientos pueden ir precedidos de una advertencia.

Asegúrate de que tu hijo te escucha cuando le adviertes y, si el comportamiento prosigue, aplica el tiempo de espera. De este modo le das al niño la oportunidad de darse cuenta de que no está haciendo las cosas bien y de que cambie voluntariamente su comportamiento.

No hay segundas oportunidades después de que se ha anunciado el tiempo de espera

Si tu hijo se ha portado mal y no ha reaccionado a la advertencia o ha hecho algo que sabe que no puede hacer, no hay segundas oportunidades, una vez que le digas que entre en tiempo de espera. Si le das otra oportunidad entrarás en un círculo vicioso del que no podrás salir.

No le des a tu hijo la oportunidad de negociar o de que te manipule. No hay promesas que valgan. El tiempo de espera debe cumplirse si quieres que, en el futuro, el método funcione y si quieres que tu hijo te respete y te obedezca.

Sé coherente y consistente, estés donde estés

En casa elige un lugar donde tu hijo debe pasar el tiempo de espera acordado. Procura que el lugar no dé pie a distracciones ni a que nadie le moleste. Aplica el tiempo de espera esté quien esté en casa.

Si estás fuera de casa no dudes en aplicar el tiempo de espera. Puede ser en el coche o en cualquier parte del lugar donde estés que cumpla con los requirimientos. Si estás en un espacio público hazlo también.

Ten siempre un plan B preparado

Debes evitar una lucha de poder con tu hijo si se niega al tiempo de espera. No discutas, ni grites ni fuerces a tu hijo a ir donde no quiere. En su lugar, deja claro que negarse a cumplir el tiempo de espera establecido dará lugar a una consecuencia más grave.

Si aun así se niega, sigue adelante con la consecuencia negativa anunciada. Para reforzar aún más la importancia de cumplir con el tiempo de espera, la próxima vez que tu hijo se porte mal, al primer titubeo de negativa aplica la consecuencia negativa de nuevo.