Así afecta el síndrome del cuidador a padres y madres

Los cuidadores también pueden enfermarse, pues viven bajo mucho estrés durante un tiempo prolongado. Te contamos todo lo que debes saber sobre esta condición.
Así afecta el síndrome del cuidador a padres y madres
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 17 marzo, 2022

“Soy una mala madre, un mal padre”. “Siento que no puedo prestar atención”. “Ya no tengo ganas de dedicarme a mi hijo o hija como antes”. “Se suponía que iba a ser el momento más especial de la vida y no la estoy pasando bien”. Estas son algunas de las ideas que se disparan en torno a la crianza de los hijos y que van de la mano de la ambivalencia emocional.

Durante muchos años primó la idea romántica (y poco real) de la maternidad y de la paternidad. Sin embargo, hacerse cargo de alguien implica un esfuerzo grande y nos enfrenta a ciertas concesiones, que muchas veces son invisibilizadas o naturalizadas: “lo que debe ser”.

Pero este “lado b” de la crianza esconde al síndrome de cuidador, una condición que refleja las consecuencias negativas del agotamiento parental. Veamos mejor de qué se trata en este artículo.

¿En qué consiste el síndrome del cuidador?

El síndrome del cuidador engloba al desgaste físico y psicológico que sufre la persona que se dedica a cuidar de otros. No se presenta únicamente en quienes atienden gente enferma, sino también en quienes están al cuidado de los niños o de los adultos mayores.

Quien padece este síndrome se siente el responsable exclusivo de la atención de la otra persona y lo vive con gran malestar.

Cuidar todos los días de alguien es una tarea bastante demandante, que requiere de mucho compromiso y dedicación. Sin embargo, la dificultad para llevarla a cabo varía según las características de la persona que se debe cuidar. Por ejemplo, cuando el niño que queda al cuidado presenta algún trastorno o tiene alguna discapacidad, el desafío para el cuidador es superior al que se enfrentaría con un niño sano.



padres dormidos con gemelos en brazos en el sofa de la sala
La crianza de los hijos es una tarea ardua y diaria, que requiere de mucha dedicación. Y a veces, no le deja momentos a los padres para ocuparse de sí mismos.

Cómo se expresa el síndrome del cuidador

Algunos de los síntomas que evidencian el desgaste físico y psicológico de los que cuidan son los siguientes:

  • Ansiedad, nerviosismo, irritabilidad y estrés.
  • Fatiga y cansancio. Dificultades para conciliar el sueño.
  • Aislamiento, pérdida del contacto con amistades.
  • En ocasiones, problemas conyugales o de relación con los demás miembros de la familia. Incluso, muchas veces los otros hijos acaban por asumir roles parentales para intentar suplir al progenitor.
  • Descuido de la propia salud.
  • Dificultades para relajarse, aun cuando se dispone de tiempo para hacerlo.
  • Enojos o malos tratos hacia la persona que es cuidada.
  • Rencor e ira hacia los demás miembros de la familia.



Recomendaciones para manejar el síndrome del cuidador

El síndrome del cuidador afecta en mayor medida a las mujeres, pues suelen ser las personas mayormente dedicadas a los trabajos domésticos y al cuidado de los hijos. Incluso cuando mantienen un trabajo formal o asalariado fuera del hogar. De esta manera, no es de extrañar que sean ellas quienes se ven más impactadas por el desgaste emocional y físico.

A continuación, te compartiremos algunas de las recomendaciones para evitar llegar a esta condición.

Trabaja sobre tus propias emociones

Cuidar de alguien genera emociones ambivalentes. Por un lado, gratifica dedicar tiempo para enseñar y acompañar el crecimiento a los hijos. Pero también, despierta inseguridad, ira o miedo ante las situaciones difíciles.

También, hay momentos en que los progenitores, especialmente las madres, se sienten despersonalizados. En general, sus temas de conversación se vuelven lineales y temáticos (giran en torno al cuidado, a la salud o al aprendizaje del infante). Tienen poco tiempo para realizar sus propias actividades, para compartir tiempo con sus amistades o familiares, entre otras cuestiones.

Por todo eso, es muy importante que los cuidadores puedan encontrar espacios para expresar sus sentimientos, sin culpas y con autenticidad, pues es necesario validar dichos estados.

Resérvate un tiempo para ti misma

Si bien la crianza demanda muchas horas, esa tarea es igualmente importante que cuidar la propia salud física y mental. Para lograrlo, se sugieren momentos de descanso y de ocio, en los cuales retomar contacto con los intereses personales.

La corresponsabilidad parental es un recurso más que necesario para no sobrecargar a uno de los dos cuidadores. Asimismo, además de colaborar y buscar un reparto equitativo de tareas, es crucial reconocer el trabajo del cuidado y agradecer por ello.

La crianza suele considerarse una obligación y se pasa por alto la enorme entrega y el esfuerzo que se pone en ella.

Gestiona tus expectativas y tus exigencias

Se dice mucho acerca el rol esperado de las madres y los padres, todo lo que “deben ser y hacer”. Sin embargo, cada realidad es diferente y es fundamental dejar de lado los mandatos y el deseo de ser una supermamá. Es más saludable aprender a pedir ayuda y reconocer los propios límites.

Cuida tu propia salud

Madre cansada porque su bebé no duerme por las noches.
Asegurar un buen descanso es uno de los pilares clave del autocuidado. Y esto es especialmente importante para los cuidadores.

Hay que prestar atención a la alimentación y al descanso, pues cuidar de otros requiere reponer energías al final de cada día.

Los primeros meses de la vida de un bebé exigen mucha dedicación, pero esta situación debe cambiar poco a poco y dar lugar a una autonomía progresiva del niño y del adulto responsable.

Genera otros círculos de cuidado

En la medida de la posible, genera espacios de recreación y de cuidado. Por ejemplo, anota al niño en un club, en el jardín o déjalo algunas horas con otra persona. Esto te dará un par de horas libres para conectar con tus intereses, tus proyectos o incluso, el autocuidado.

Es clave aprender a delegar, porque no eres la única persona que conoce o entiende lo que quiere el niño. Reservarte exclusivamente ese sitio puede ser gratificante al principio, pero esclavizante al final.

Cuidarse es la clave para cuidar

Es cierto que la crianza es una desafío permanente, especialmente en los primeros años de vida cuando las prioridades de los progenitores cambian. Sin embargo, es importante intentar buscar un equilibrio porque, de lo contrario, surge el tedio y la frustración.

También, debemos saber que todo ese malestar que sentimos los niños lo perciben. De modo que no solo nos hacemos mal a nosotros mismos, sino que además los dañamos a ellos.

Es necesario respetar los tiempos propios, permitirse espacios dedicados para uno mismo y no ponerse más responsabilidades o exigencias de las que se pueden cumplir. Por supuesto, la sociedad también debe hacer su parte y dejar de estereotipar modelos ideales de maternidad y paternidad. Pues resultan muy lejanos a la realidad que implica acompañar en la crianza.

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