Los niños no necesitan ser los mejores, deben ser felices

A veces nos obsesionamos con la idea de que nuestros hijos sean perfectos, que sean los mejores, y les arrebatamos cualquier rastro de felicidad.
Los niños no necesitan ser los mejores, deben ser felices

Escrito por Génesis Romero, 30 agosto, 2021

Última actualización: 31 agosto, 2021

En ocasiones, los padres depositan sobre sus hijos algunas expectativas que entorpecen su proceso de desarrollo intelectual, su maduración y la exploración personal que les permite tener confianza en sí mismos. Son incontables las veces en las que hemos oído a mamás y a papás indicar que el éxito es el único camino para ser felices, cuando realmente, esto representa un mapa limitado capaz de causar frustración, tristeza o miedo.

Encontrar la felicidad puede ser algo más sencillo para los niños, si no ponemos sobre su espalda una carga de nuestros deseos, presiones y lo que creemos que “será lo mejor” para ellos. De hecho, algunos adultos suelen fallar cuando están seguros de que algún día sus hijos les agradecerán lo exigentes que fueron con ellos.

No obstante, lo único seguro es que las expectativas y deseos de que un niño sea “el mejor” solo lo hará crecer inseguro, infeliz, intolerante a sus propios errores y con baja autoestima. Veamos de cerca cómo ocurre esto y aprendamos a manejar este tipo de situaciones para que nuestros hijos sean, ant todo, felices.

Consecuencias de impulsar a un niño directo al éxito

Como mamás y papás tomamos decisiones y hacemos nuestros mejores esfuerzos para generar el bienestar de nuestros hijos. Sin embargo, debemos conocer los límites para evitar imponer modelos de vida ideales sobre los niños. Y sobre todo, tenemos que dejar de cometer el error de compararlos con los demás.

Sí, que los pequeños estén preparados para enfrentarse a la vida es algo que todos los padres queremos. Pero restringir sus metas al éxito solo servirá para cortar sus alas y nunca les daremos la posibilidad de demostrar que pueden hacer otra cosa y obtener mejores resultados de los que esperábamos.

En definitiva, si no les enseñamos que la felicidad está en los pequeños detalles y en ser auténticos, llegarán a ser adultos con muchas frustraciones, presiones e incluso, con poco conocimiento sobre sus propios gustos.

Existe una larga lista de consecuencias de impulsar al niño al éxito, las cuales se pueden resumir en 4 efectos negativos.

1. Pérdida del autoconocimiento y la autonomía

Cuando nos enfocamos en empujar a un niño a “ser el mejor” según nuestros propios ideales, le arrebatamos la posibilidad de conocerse y de desarrollar sus propias habilidades.

Por ejemplo, quizás tú quieres que él juegue al fútbol mientras que su verdadero talento es la pintura o la actuación. Pero si nunca le das la oportunidad de explorar los distintos campos, no descubrirá jamás su virtud.

En este sentido, solo le pones obstáculos que le impiden desenvolverse en el mundo de acuerdo a sus capacidades. Así mismo, impides que sea autónomo y que descubra su verdadera forma de alcanzar el éxito y ser feliz.

2. Limitación de su condición de niño

Si le exigimos a un niño que sea el mejor en cualquier lugar, no le damos espacio para que viva cada una de sus etapas con diversión, creatividad y curiosidad.

Recuerda que durante la infancia, como en cualquier periodo de la vida adulta, se aprende y se disfruta más cuando hay libertad, relajación y alegría. Por eso, es importante eliminar las presiones que ejercemos para que actúen como queremos.

3. Baja autoestima y automotivación

Si planteamos que el éxito es la meta y no les enseñamos a disfrutar el camino, los niños harán todo por conseguir buenos resultados, sin reparar en los beneficios de tomar conciencia del trayecto.

Asimismo, es probable que al llegar a la meta no encuentren la satisfacción deseada, pues les habremos sembrado la semilla del perfeccionismo. Esto solo creará inconformidad con su desempeño y nunca se sentirán lo suficientemente satisfechos como para festejar sus logros.

4. Miedo al fracaso

Tener temor a fracasar nos traza una barrera que nos impide avanzar. Así, nos arraigamos a una baja autoestima y nos sentimos incapaces de alcanzar nuestros objetivos. En línea con esto, un niño con miedo al fracaso será un adulto ansioso, autoexigente e inseguro.

Lo que debes transmitirle a tu hijo

Antes de ser los mejores, los niños deben y merecen ser felices. Por eso debemos tratarlos con amor y depositar nuestra confianza en ellos. Es necesario incentivarlos a divertirse y a explorar el mundo sin límites.

Para lograrlo, no olvides estos puntos importantes:

  • Recuérdale a tu hijo que lo amas y que no importa si a él le gusta algo distinto que a ti. Tú lo respetarás y lo apoyarás en sus elecciones, si estas lo hacen feliz.
  • Aclárale que a pesar de sus equivocaciones y sus errores, tú estarás siempre a su lado. Nada cambiará tus sentimientos hacia él.
  • Incentívalo a divertirse, a explorar y a juegar con otros niños. Solo así desarrollará las habilidades sociales y las destrezas necesarias para crecer con confianza en sí mismo y sin temores al fracaso.
  • Enséñale sus derechos y sus deberes. Recuérdale que merece el mismo respeto que los demás.

¡Los niños merecen ser felices!

Darle amor a un hijo y hacerle saber que está con alguien que lo apoya, lo acepta y lo cuida es el primer paso para garantizar su felicidad.

Como padres, debemos aceptar la esencia de nuestros hijos, sin tratar de cambiarlos porque no se ajustan a nuestras expectativas. Recordemos que la infancia es la primera etapa de autodescubrimiento y las etiquetas no generaran entornos sanos ni felices para nadie.

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