El deseo de ser padres como decisión de pareja

Ser padres puede producirse de manera inesperada o planificada. En ambos casos, lo ideal es que la pareja esté de acuerdo en determinados aspectos como las decisiones que tomarán en el futuro.

El deseo de ser padres puede surgir de manera espontánea o planeada. Puede surgir en cualquier momento de la vida, porque no hay reglas para ello. Las motivaciones son muchas. Algunas de ellas son más válidas, mientras que otras obedecen a decisiones no demasiado meditadas.

Lo ideal es que un hijo venga al mundo como fruto de un acuerdo de pareja. Esto es una garantía de seguridad y estabilidad para ese nuevo ser. También para sus padres. Se trata de una decisión que cambia para siempre a la pareja y a quienes la componen.

El asunto se vuelve problemático si el deseo de ser padres no es genuino. Es decir, que hay circunstancias en que el hijo no es un fin, sino un medio. En esas condiciones pueden aparecer muchas dificultades que terminarán afectando a todos los involucrados.

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De dónde nace el deseo de ser padres

Hace apenas unas décadas, la decisión de tener un hijo no era algo a analizar. Se suponía que ese era el producto normal de una relación de pareja estable. Procrear era algo obvio. Con el avance en los métodos para el control de la natalidad, las cosas cambiaron, cada vez hay más libertad para tomar decisiones frente a este tema.

Nadie pide venir al mundo. Es la pareja la que decide que es hora de permitir que nazca un nuevo ser. Idealmente, esa decisión se toma cuando la pareja se ha consolidado y ambos quieren avanzar hacia el siguiente nivel. Consolidar una familia y organizar un proyecto de vida en torno a ella.

A veces las razones para tener un hijo son equivocadas, influye la moral, la religión y las costumbres. No existe el deseo de ser padres, lo que hay es un sentimiento de deber o de culpa. Es un mal precedente. Un hijo exige importantes esfuerzos e impone compromisos que solo se asumen saludablemente cuando es fruto del deseo.

“Lo ideal es que un hijo venga al mundo como fruto de un acuerdo de pareja”

También ocurre que algunas parejas con problemas creen que un hijo ayudará a arreglarlos. Es desafortunado que piensen así. Lo usual es que la llegada de un nuevo ser termine de quebrar lo que ya está fracturado. Por supuesto que también hay excepciones; en principio puede no haber realmente un deseo de ser padres, pero con el paso del tiempo surge y se consolida.

Aspectos a tener en cuenta

No basta con el deseo de ser padres. Tener un hijo implica grandes cambios en la vida. Por eso hay que hacer una evaluación honesta en pareja; hay que definir si están preparados o no para asumir esa responsabilidad.

Los principales aspectos a tener en cuenta son los siguientes:

  • Debe ser una decisión de pareja. Es un tema sobre el que se debe hablar explícitamente y también con toda franqueza. Cada miembro de la pareja debe saber qué puede esperar del otro. Especialmente desde antes del matrimonio si este va a existir.
  • Considerar aspectos prácticos. Es importante evaluar si se cuenta con suficiente tiempo para la crianza. También si los recursos económicos y emocionales son suficientes. Hay que hablar acerca del estilo de crianza que la pareja desea y qué tipo de familia se quiere conformar.
  • Es preciso estar preparados para el cambio de rutina. Cada pareja debe identificar, con la mayor claridad posible, cuáles son los cambios que sobrevendrán. Un hijo altera por completo la rutina habitual. ¿Están listos para asumir esa profunda transformación?
  • Capacidad de compromiso. Ambos miembros de la pareja deben comprometerse con la decisión. Lo aconsejable es que se digan francamente qué están dispuestos a aportar y qué no.
El deseo de ser padres debería ser compartido.

Cuando uno de los dos no quiere tener hijos

Es una situación que se presenta con relativa frecuencia. Uno de los miembros de la pareja quiere tener un hijo y el otro no; en ese caso, el deseo de ser padres no es compartido. Por lo tanto, uno de los dos tiene que ceder.

Lo aconsejable en esos casos es el diálogo. Lo más importante es que los dos estén dispuestos a escuchar al otro. No caben los prejuicios, ni las presiones, ni las discusiones, hay que tener plena libertad de expresar lo que se piensa y siente.

A veces la falta de deseo de ser padres se debe a una consideración práctica. La situación económica, por ejemplo. En ese caso, lo importante es buscar salidas para que el deseo pueda hacerse realidad. En cambio, en otras ocasiones se trata de un rechazo profundo a encarnar el papel de padre o madre. Ahí se debe considerar si es válido continuar en pareja o es hora de cambiar.

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