Cosas en las que los padres nos equivocamos al prohibir a los hijos

Prohibir a los hijos ciertas cosas es algo que todos los padres hacemos; es una forma de proteger y controlar a nuestros hijos. Pero, a veces, según qué cosas, no deberíamos prohibirlas, pues es importante que se den para su correcta evolución.

Escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López el 28 Marzo, 2020.

Última actualización: 28 Marzo, 2020

Todos los padres queremos educar a nuestros hijos lo mejor que podemos. Pero, a veces, prohibir a los hijos determinadas cosas no hace otra cosa que perjudicarlos. Sin querer, claro, y de manera inconsciente.

Una tendencia que tenemos los padres es el prohibir a los hijos determinadas cosas, como una forma de proteger, educar y corregirlos. Pero estas prohibiciones, a veces, coartan la libertad como individuo y perjudicamos el desarrollo de la personalidad, conocimiento de sí mismo, confianza e, incluso, la autonomía de los pequeños.

Si quieres saber qué cosas prohibimos los padres y no deberíamos hacerlo, continúa leyendo.

Límites y normas, sí; prohibir a los hijos en exceso, no

Todos estamos de acuerdo en que las normas y límites son muy necesarias para la educación de nuestros hijos. Les ayuda a relacionarse con los demás y su entorno de una manera sana. Y, además, es importante para su seguridad y bienestar personal.

Pero lo que nunca deberíamos hacer es prohibir a los hijos ciertas cosas, y la mayoría lo hacemos. Prohibimos gritar, correr, saltar, preguntar, llorar y, a veces, incluso, ¡mancharse! A continuación, tienes una lista de cosas que no tenemos que prohibir a nuestros hijos.

Cosas que no tenemos que prohibir a los hijos

Jugar como un niño

Si recuerdas algunos momentos de tu infancia, seguro que muchos tienen que ver con jugar con barro, saltar en un charco de agua, explorar en busca de tesoros… Entonces, ¿por qué no permitir que tu niño salte en charcos, que se manche de barro y explore? De las manchas ya nos encargaremos luego de limpiarlas, y un pantalón roto se puede coser.

Lo único de lo que debemos asegurarnos es de que los juegos se desarrollan en un entorno seguro y, si quieres pasártelo pipa, ¿por qué no juegas con ellos, aunque terminéis manchados? Saca tu lado más infantil junto a ellos.

Preguntar es una de las cosas que no tenemos que prohibir a los hijos

A veces, las continuas preguntas de nuestros pequeños acaban por agobiarnos. Pero ellos no lo hacen para molestarnos, sino para dar respuesta a sus inquietudes; necesitan entender el mundo.

Entonces, en lugar de decirle deja de preguntar” o “no preguntes tanto”, buscad juntos la respuesta en un libro, en un atlas o por cualquier medio que os pueda ayudar a dar una contestación a sus dudas.

“La educación no es la respuesta a la pregunta, la educación es el medio para encontrar la respuesta a todas las preguntas”.
~ <em data-reactroot="">– William Allin-</em> ~

Expresarse

No debemos prohibir a los niños expresarse, ni en nuestro hogar ni fuera de él. Muchos hemos visto cómo nuestros pequeños han dicho algo inconveniente delante de familiares o conocidos y, por eso, prohibimos rotundamente que hablen delante de los mayores. Pero, si le quitas el derecho a expresarse desde su infancia, en el futuro será una persona que no exprese sus pensamientos, emociones o ideas.

Lo indicado es enseñarle valores como el respeto y consideración hacia los demás y que, a veces, podemos herir a otras personas con nuestras frases. Acepta siempre sus opiniones como las de cualquier otra persona.

Llorar

Si prohíbes a tu hijo que llore, le estás prohibiendo que exprese sus emociones, y, al igual que ríe cuando está contento, es totalmente normal que llore cuando se siente triste. No utilices frases como “deja de llorar” o “llorar es de…”. Mejor, en su lugar, pregunta qué es lo que le pasa, para que pueda expresar sus sentimientos y desarrollar su inteligencia emocional.

Ser posesivo con sus cosas

¿Por qué tenemos que obligar a los niños a compartirlo todo, en cualquier momento y cualquier lugar? Son sus cosas. Tenemos que enseñarles el valor de ser generoso y la importancia de compartir, pero nunca obligarlos. Ni quitarles su juguete para dejárselo a otro niño, porque al final no están compartiendo, sino que les estas enseñando a que, cuando quieran algo, lo pueden quitar.

Ser niños

Los niños corren, gritan, saltan y ríen con fuerza; hacen mucho ruido. Tienen rabietas, desobedecen y hacen travesuras. En definitiva, tienen mucha energía, curiosean, exploran, descubren, se equivocan, se manchan… Por supuesto, ¡porque son niños, no plantas!

Por tanto, no podemos obligarlos a que se estén callados, quietos y sin moverse durante una hora en algún sitio al que vayamos sin tener nada que hacer. Su naturaleza es esa, la vitalidad y el movimiento.

Aquí tienes algunas de las cosas en que los padres nos equivocamos al prohibir a los hijos. Los niños son niños y no podemos prohibirles que sean como son, porque nosotros también pasamos por ahí. Estas prohibiciones, al final, acaban teniendo repercusiones en su conducta, libertad, confianza, personalidad y autonomía. ¿Intentamos evitarlas?

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Licenciada en Psicología por la Universidad de Murcia en 2009 (itinerario mixto en psicología clínica y educación). Máster de Práctica Clínica en Salud Mental por la AEPCCC (Asociación Española de Psicología Cognitivo Conductual) en 2010. Acreditada por la European Foundation of Psychology (EFP). Número de colegiado: COP Murcia MU:02396

Curso de Formador de Formadores, Formador Ocupacional, Psicología Infantil, entre otros por la Universidad Antonio de Nebrija. Experiencia como formadora en Escuela de Padres durante 4 años.

Participación en Symposium Internacional sobre Familia y Psicología de la salud, así como, en el estudio para la Identificación de Alumnos con Altas habilidades en Educación Secundaria, organizado por la Universidad de Murcia.

Psicóloga y directora de gabinete de psicología y educación durante 3 años. Redactora para revista online sobre maternidad, educación, bebés, psicología, etc.

Actualmente, trabaja como psicóloga a domicilio, desplazándose a casa del paciente con trastorno mental o emocional, especialmente en problemas educativos y clínicos infanto-juveniles (apoyo y refuerzo a niños con dificultades de aprendizaje, técnicas de estudio y orientación familiar).