Enseña a tu hijo a no quemar etapas

No quemar etapas significa vivir acorde a la edad que se tiene.

En la infancia con los juegos, la vestimenta, la música, las historias y las fantasías propias de los niños.

En la adolescencia con las aspiraciones de crecer, de ser independiente, conocer el amor, aprender…

En fin, cada edad con las características y las necesidades que genera.

Ahora bien, existe una tendencia, que no es propia de este siglo sino que la hemos heredado, de querer adelantarnos en el tiempo y vivir como si tuviéramos más edad, sobre todo, mientras somos adolescentes.

Predisposición que irremediablemente nos conduce a cometer errores de los cuáles vamos a arrepentirnos la vida entera.

El ímpetu de vivir durante la adolescencia

Muchos adolescentes piensan que el tiempo se les va a acabar e intentan vivir cada momento al máximo.

Para ellos no hay nada más importante que saciar su sed de diversión y poner pasión y adrenalina en cada una de sus aventuras.

Es que son muchas las actividades y los sueños a cumplir cuando se tiene 11, 12, 13 años ¿verdad?

Sin embargo, algunos de esos adolescentes más que disfrutar de la etapa que viven se consideran adultos y como tal imitan la vida de quienes tienen 20 años más.

Ahora bien, si se tratara de imitar el esfuerzo, la consagración al trabajo, la disciplina, o la no procrastinación, a una madre no le preocuparía tanto.

Al fin y al cabo tener un hijo superdotado en modales y carácter puede ser una bendición.

Lo lamentable en estos casos es que los adolescentes suelen imitar las malas conductas y los vicios de las personas adultas.

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Fumar, beber, tener sexo desprotegido y holgazanear son algunos de los estilos más copiados.

El ímpetu de vivir durante la adolescencia conduce a algunos a quemar etapas y pasarse a la siguiente fase con los ojos vendados de inocencia e inexperiencia.

Situación que expone a los menores a un riesgo constante.

La adolescencia: etapa crucial en el aprendizaje

Mamá, tú más que nadie sabe que la niñez, adolescencia y primera juventud no son eternas y el tiempo perdido, más temprano que tarde, pasa la cuenta.

Todo en la vida tiene su tiempo. Tu hijo debe saber que este no es el momento de hacerse pasar por quien no es, y menos, de experimentar lo que puede costarle su futuro y hasta su propia vida.

Como la fábula del grillo y la hormiga, hazle entender que no puede dejar para mañana lo que debe resolver en el presente.

Los años no se detienen y la juventud que hoy lo acompaña no va a darle prórroga.

Estudiar, aprender y dar un sentido a su vida es aprovechar al máximo la etapa que vive.

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Este es el mejor momento para desarrollar su mente, para sentar las bases de un futuro que se le viene encima.

Incúlcale que si se prepara de aquí a muy pocos años tendrá la satisfacción de graduarse y ser útil a otros.

Podrá ser independiente si es lo que quiere, o aportar a la economía familiar y sentirse orgulloso por eso.

Muéstrale que si no toma medidas y deja que el tiempo pase sin más ni más, de aquí a un año, será el mismo de hoy, solo que un poco más viejo e ignorante si se compara con el niño que estudió y aprendió.

Enséñale a tu hijo a no quemar etapas

Mamá, enseñarle a tu hijo a no quemar etapas significa no dejar para mañana su proyecto de vida.

Este fin de semana, antes de ir a jugar con sus amigos, pídele que haga las tareas escolares o el estudio independiente que le quedó.

No permitas que el brillo que lo acompaña en estos tiempos se vaya apagando a medida que surjan las complicaciones que, sabes, aparecerán si decide quemar las etapas por las que debe pasar toda persona en su vida.

Haz que reflexione al respecto.

Enséñale a tu hijo la importancia de aprovechar el momento y disfrutar sus años de infancia y adolescencia como unos de los más lindos que tendrá en la vida.

Que utilice el tiempo en prepararse para el futuro, estudiar y aprender todo lo que pueda.

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