Por qué los niños juegan a ser animales

Naí Botello 20 julio, 2018
Resulta común que los niños jueguen interpretando diferentes roles como doctores o superhéroes, pero cuando todo el tiempo quieren asumir el rol de animales, ¿será normal? Profundizamos sobre esta conducta para entender por qué se produce.

Un paso fundamental para que los niños aprendan sobre su entorno y sobre la vida es a partir del juego. Es común ver a los pequeños interpretando los roles de lo que es conocido para ellos; es decir el papá, la mamá, la maestra, los superhéroes de la televisión. Sin embargo, muchos padres se preguntan por qué los niños juegan a ser animales.

Debemos entender que las elecciones que el niño hace cuando participa de los llamados juegos de roles tienen mucho que ver con sus afectos, intereses y con su intención de comprender al otro. En la mayoría de los casos, esto se vincula con la admiración.

La interpretación de personajes

Que los niños jueguen a ser otra persona o retocen pensando que son un perro o un gato es una de las acciones más comunes en ellos. El querer ser otra persona parte de un deseo de conocer a partir de la experimentación y la empatía.

Desde luego, esta resulta una de las formas más sencillas de comprender y recrear lo que ocurre alrededor del niño. Gracias a la aplicación de esta forma de jugar, los adultos podemos descubrir rasgos claves de la personalidad del pequeño.

Ahora bien, el jugar a ser alguien más no es una acción exclusiva de los niños. Existe una gran variedad de juegos de mesa para adultos en los que el objetivo de la diversión radica en tratar de representar de la manera más fiel el personaje que se le es asignado.

Asimismo, si nos adentramos más en el campo de la psicología, encontraremos múltiples ejemplos sobre conductas, a veces erradas, vinculadas a la imitación.

Los disfraces de animales para las fiestas de cumpleaños de los niños pequeños son una excelente opción

Por qué los niños juegan a ser animales

Queda claro que jugar a imitar personas, habilidades, profesiones y seres reales o imaginarios atrae enormemente a los pequeños de la casa. Pero, ¿qué ocurre cuando la elección del pequeño es casi exclusivamente un rol de animal?

En principio, debemos entender que, por la ternura que inspiran los animales, los adultos estamos constantemente bombardeando a nuestros hijos con imágenes, cuentos, juguetes y hasta referencias sobre perros, osos, conejos, etc.

De hecho, algunas de las primeras frases que les enseñamos a los niños junto a ‘mamá’, ‘papá’, o ‘bebé’ son ‘¡guau guau!’, ‘¡miau!’ o ‘¡pio pio!’. Esto tiene sentido si entendemos lo sencillo que puede resultar repetir onomatopeyas y, a su vez, enseñarle al pequeño sobre la naturaleza que nos rodea.

Por otra parte, es notorio que, en casi la totalidad de los programas infantiles, los personajes principales son animales humanizados que hablan, cocinan, van al trabajo y la escuela.

De este sobreestímulo puede desprenderse que el niño idealice a los animales de la misma forma que lo hace con los superhéroes. Por eso, desea recrear lo que para él son aventuras de juegos de seres con los que siente una enorme familiaridad.

“Jugar a ser animales resulta una de las formas más sencillas de comprender y recrear lo que ocurre alrededor del niño”

Las ventajas de jugar a ser un animal

Otro de los motivos por los cuales un niño desea jugar a ser un animal es por la libertad que este tipo de personajes ofrecen. Cuando se enseña a los niños sobre modales y buenas costumbres, se hacen analogías con el desorden o con estar sucios y el vínculo de los animales con estos comportamientos.

Los niños pueden sentirse de pronto acartonados al tener que cumplir normas como sentarse bien, no gritar, no tocar el piso.Por el contrario, el poder representar a un animal les da esa absoluta libertad.

De seguro te has preguntado alguna vez por qué los niños juegan a ser animales.

Si están jugando a ser un perro o gato, podrán saltar y correr y estar en contacto con la grama; si juegan a ser un oso podrán ser gruñones. En fin, esto les otorga un universo de posibilidades divertidas.

Además de la diversión, las ventajas de jugar a ser un animal pueden verse en la práctica del desarrollo del lenguaje no verbal. Esta mejora se da al tratar de comunicarse como si fuese un perro o un gato, lo que genera también un incremento de su desarrollo cognitivo.

Por último, vale la pena aclarar que, aunque queda claro que los juegos de roles con animales traen múltiples beneficios para el desarrollo del pequeño, si el niño toma una actitud obsesiva y deja de ver la diferencia entre la realidad y la ficción del juego, deberás llevarlo a un especialista en psicología para que estudie de forma particular su caso.

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