Una madre sabe que el día tiene más de 24 horas

Cuando te conviertes en madre, 24 horas no te alcanzan para sacar adelante la interminable lista de tareas y obligaciones.
 

El día no tiene 24 horas. Al menos, no para las madres. Porque este tiempo es escaso para lo mucho que hay por hacer cuando se tiene un hijo pequeño. El trabajo es inmenso cuando hay un niño en la familia.

Y aún cuando mamá pueda contar con los brazos de papá, de la abuela y del abuelo para ayudar en la crianza y las labores domésticas, las jornadas se hacen muy pesadas. Parece imposible distinguir cuando termina una y comienza la otra.

Una jornada sin fin

Cuando nació mi hija el tiempo se me hizo corto. Recuerdo que me levantaba a las seis de la mañana para asearme a la carrera y estar lista para cuando ella emitiera sus primeros gemidos de la jornada. Eso en los “días de fiesta”, porque la mayoría de las veces me daban las 11 y las 12 del mediodía sin poder ni acercarme al lavabo.

Apenas Any se despertaba pedía mi pecho de la única manera que sabía hacerlo: llorando. Me sentaba en el sillón de nuestro cuarto y allí estábamos durante varios minutos. A veces se quedaba dormida y esperaba a que volviera a despertar para asearla. Otras permanecía despierta y mirándome con esos ojos bellos que la naturaleza le dio. La limpiaba, le cambiaba el pañal, y nos quedábamos un rato sobre la cama: ella descubriendo el mundo, yo descubriendo cada maravilloso gesto suyo.

La mañana y la tarde seguían de la misma forma hasta que llegaba la noche, y después la madrugada. Y otra vez se repetía la rutina: pecho-sueño, pecho-cambio de pañal, sueño-pecho, llanto-pecho… Durante esos primeros meses, entre el desvelo y la poca concentración que el cansancio me dejaba lograr, tuve la sensación de que los días no avanzaban y estaba metida dentro de una larga jornada sin fin.

 
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Una lista interminable de tareas

Con respecto a las tareas relacionadas con el bebé, por suerte, siempre pude contar con el apoyo de mis padres y mi marido. Ellos se encargaban de la mayoría de los quehaceres del hogar y todos los que estaban relacionados con la niña: lavar ropitas y sábanas, ir a comprar lo que necesitaba para ella y hasta preparar el biberón cuando me comencé a quedar sin leche.

Mi madre me guió haciendo uso de su vasta experiencia tras haber criado a tres hijos. Ella me ayudaba a bañar a mi bebé (cosa que me daba un miedo terrible), a curarle el ombligo, a sacarle los gases… Pero sé que no a todas les sucede lo mismo. Y que la mayoría se las tienen que arreglar solas para salir adelante y no enloquecer entre tantos llantos y pañales sucios. 

No obstante, por mucho que mi familia colaborara, a veces estaba a punto de desfallecer, y las pocas horas de sueño que tenía apenas me servían para recuperarme. Y es que, en realidad, si sumamos las horas necesarias para hacer las labores cotidianas de la casa, más el extra de trabajo que supone el bebé, la lista parece interminable. Y, sin duda, 24 horas se quedan escasas para llegar a todo, aun cuando haya varias manos colaborando. 

 
Gary Nikolai Angelov (2)

Una madre sabe que el día tiene más de 24 horas

Una madre sabe que el día tiene más de 24 horas desde el momento en que da a luz. En el embarazo hay tiempo para todo: hacerse la manicura, bañarse, peinarse, cepillarse los dientes con calma…. Es posible ir de compras, decorar la habitación del bebé, y hasta sacar y guardar sus ropitas una y otra vez como si se tratara de un juego…

Mientras se espera al primer hijo hay miles de momentos para relajarse y pensar en el futuro. Pero cuando llega el bebé las rutinas se transforman de manera brusca. De la noche a la mañana el mundo se nos hace diferente y nuestros hábitos sufren un cambio trascendental.

Creo que a todas, incluso a las mejor preparadas, nos pasó algo parecido. Por mucho que imaginamos cómo iba a ser la maternidad, nos tomó por sorpresa y nos convertimos en madres, en buenas madres, por el camino. Por suerte la naturaleza es sabia y dotó a las mujeres de la conciencia, la paciencia, el amor, el altruismo y la devoción necesaria para criar a sus hijos.

 
  • Brahm, P., & Valdés, V. (2017). Beneficios de la lactancia materna y riesgos de no amamantar. Revista chilena de pediatría88(1), 07-14.
  • Escaño, A. (2017, 13 enero). Emociones tras la maternidad. Recuperado de https://lamenteesmaravillosa.com/emociones-tras-la-maternidad/