La psicología en la alimentación infantil

La alimentación es mucho más que el acto de ingerir alimentos. Por eso, debemos inculcar hábitos saludables de todo tipo, para que los pequeños desarrollen una relación sana con la comida.
La psicología en la alimentación infantil
Mara Amor López

Escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López.

Última actualización: 13 abril, 2022

La psicología tiene una gran importancia en la alimentación infantil, aunque no lo parezca. Hay niños que si ven demasiada comida en su plato se agobian y no comen, mientras que otros tienen hambre todo el tiempo. Los padres juegan un rol primordial en la construcción de los hábitos alimentarios de sus hijos, ya que lo que los mayores comen y cómo lo comen repercute en su estado anímico.

Es importante enseñarle a los pequeños unos hábitos alimentarios saludables y para ello es necesario marcar algunos límites. Así mismo, mantener una actitud firme para que aprendan a comer bien y se comporten apropiadamente en la mesa.

Todo esto impacta en el desarrollo o no de ciertos problemas vinculados a la alimentación, que son típicos de la infancia. En este artículo te contamos más sobre este tema. ¡No te lo pierdas!

La psicología en la alimentación infantil

La psicología juega un papel importante en la manera de alimentarse de las personas, sin importar la edad. Estados anímicos como el aburrimiento, la ansiedad o la tristeza pueden generar patrones en la forma de comer que resultan perjudiciales para la salud de los más pequeños. Esto, a su vez, puede derivar en patologías como la obesidad, la bulimia y la anorexia, entre otras.

Por esta razón, es importante educar a los hijos en la alimentación consciente y en proveer al organismo de comida solo cuando hay necesidad, no por placer.

Muchas veces, los niños comen sin hambre, ya sea porque están aburridos, nerviosos o simplemente, por el deseo de consumir ciertos elementos. En general, estos son alimentos agradables para el paladar, pero con escaso valor nutricional y bastante perjudiciales para la salud.

Cuando un niño come por placer, se refuerza la necesidad de buscar comida de forma continua, como una forma de satisfacción. Dicha conducta está relacionada con el sistema de recompensas mediado por la dopamina y a largo plazo, puede acarrear ciertos trastornos.

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Las emociones afectan la forma de comer de los niños

Hay niños que ante la tristeza o la ansiedad son más propensos a comer, mientras que otros se muestran inapetentes bajo las mismas circunstancias. Está claro que las emociones afectan a la forma de comer, por lo que se ha acuñado el término de alimentación emocional para referirse a esta asociación.

Los niños son pequeños para darse cuenta de esto, aunque sus organismos los incitan a demandar ciertos alimentos que, además, suelen ser poco saludables. Por ejemplo, los bollos, el chocolate, las galletas o las golosinas. En este sentido, somos los padres los que tenemos que establecer unos límites y basar su alimentación en hábitos alimentarios apropiados.

La psicología en la alimentación infantil: ¿qué podemos hacer al respecto?

A continuación, vamos a ver algunas estrategias que se pueden implementar ante determinadas circunstancias cotidianas que generan gran inquietud en los padres.

Los vómitos autoinducidos

Con frecuencia, muchos niños utilizan a las náuseas o a los vómitos para condicionar la acción de sus padres. Puede ser una forma de exteriorizar la negativa a comer o una forma de llamarles la atención.

Es importante dar cuenta de esto, porque si la conducta se perpetúa en el tiempo, tu hijo entenderá que esa es la forma de conseguir su cometido. Por lo tanto, es necesario conversar con él, explicarle que no es algo saludable para sí mismo y que puede conseguir tu atención de otras formas.

La masticación inadecuada

La digestión comienza en la boca y de ahí la importancia de masticar bien los alimentos. Los padres deben ser firmes en este hábito, sin llegar a ser autoritarios.

Algunas veces, los pequeños se quejan de que el alimento que tienen delante es muy duro o difícil de comer, pero otras lo utilizan como excusa para descartar aquello que no les gusta. En esos casos hay que evitar cambiar la comida por otra de mayor agrado, pues sino jamás intentarán comerla.

La obesidad y los malos hábitos alimentarios

Un niño que en lugar comer una pieza de fruta o tomar un yogur recibe productos con alto contenido de azúcar (como bollos, chocolates, golosinas), aumenta el riesgo de desarrollar patologías crónicas. Sumado a esto, si lleva una vida sedentaria, puede acabar por padecer obesidad.

Hoy en día esta enfermedad va en aumento, pues los niños dedican muchas horas a estar sentados, ya sea con el ordenador o la tele. Por este motivo, es importante establecer unos buenos hábitos alimentarios desde pequeños, así como también una rutina de actividad física apropiada. Por ejemplo, salir al parque a jugar o hacer el deporte que les guste.

El hambre que nunca cesa

Hay niños que comen menos y otros niños que necesitan un mayor aporte de energía. Pero en cualquier caso, es importante inculcarles las nociones de cantidad y calidad de la ingesta desde pequeños. Así mismo, establecer los momentos en los que se come y los que no.

Cuando un niño dice que tiene mucha hambre entre comidas, debemos ofrecerle cosas sanas. Por ejemplo, una pieza de fruta, un yogur natural o un puñado de frutos secos, si ya tiene edad para comer eso. Es preciso evitar la bollería, los chocolates o las golosinas como colaciones.

Por otro lado, es importante tener en cuenta que los peques ingieran una suficiente cantidad de agua y que esta no se reemplaza por un zumo.

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Sobre la psicología en la alimentación infantil

Como ves, la psicología juega un importante papel en la alimentación infantil, sobre todo para prevenir ciertas enfermedades o trastornos alimentarios.

Es clave que los buenos hábitos sean inculcados desde la casa y que todos los miembros los mantengan. Esto incluye a la alimentación sana y equilibrada, con un gran aporte nutricional a base de verduras, frutas, legumbres, carnes, huevos y lácteos. No sólo es importante el tipo de comida que se come, sino también la cantidad y el momento.

Finalmente, hay que tener presente que los adultos de la casa son el ejemplo a seguir de sus hijos. De nada vale pedirles cosas a los pequeños que sus mayores no pueden cumplir, porque esto puede resultar doblemente perjudicial para ellos.

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