Mi hijo no quiere ir a la guardería, ¿qué hacer?

Francisco María García · 6 septiembre, 2018
Cuando llega el momento de que los niños vayan por primera vez a la guardería, se producen todo tipo de reacciones en ellos. ¿Cómo deben reaccionar los padres?

Hay niños que prácticamente saltan de felicidad cuando la madre anuncia que es hora de ir a la guardería. Otros, en cambio, esquivan el momento, dan vueltas por la casa, se esconden o se envuelven en las mantas más fuerte que nunca. ¿Cómo reaccionar si mi hijo no quiere ir a la guardería?

Esta negación puede ser desesperante, pero es fundamental armarse de paciencia. Siempre son de gran ayuda el conocimiento del tema y la mejor información.

Con frecuencia, se dan casos de niños que se ponen muy rebeldes a la hora de ir al colegio; sobre todo cuando son muy pequeños, debido a que les cuesta abandonar el hogar familiar y deben atravesar el período de adaptación.

Puede ocurrir que ya se han adaptado a la guardería y, por algún motivo que debe analizarse, de repente no quieren asistir más. Otras veces no hay motivo aparente; el niño nunca termina de adaptarse a la guardería y cuesta entender por qué y cómo actuar.

Mi hijo no quiere ir a la guardería: pautas para hablar en familia

En algunos hogares, existe la posibilidad de esperar a que el niño demuestre por sí sólo la inquietud de ir al colegio. En otros casos, la guardería cumple la función vital de cuidar al niño mientras la madre y el padre trabajan.

Puede ocurrir que el pequeño de la casa acepte su sino con resignación, con alegría o con rechazo. Esto último es lógico: la escolarización temprana rara vez responde a una necesidad infantil.

Tomando conciencia de que el niño no elige, es más fácil comprender por qué no quiere ir a la guardería. Él preferirá, seguramente, quedarse todo el rato con la madre o el padre, los abuelos o las personas de su afecto y confianza.

Las guarderías para bebés y niños son lugares muy educativos para ellos.

Existe la posibilidad de que esto pase no con un niño aislado sino sociable, pero en el seno familiar o acompañado por su madre. En definitiva, hay que asumir que lo mejor para el niño es quedarse en casa al menos hasta los tres años de vida.

En cualquier caso, enviar tempranamente al niño a la guardería no significa ser peores padres. La crianza respetuosa y consciente tiene más que ver con proponer instancias de diálogo, de escucha y de comunicación.

En este sentido, la adaptación del niño a la guardería será más fluida si se le explica lo que ocurrirá mediante juegos, palabras que entiendan y recursos lúdicos diversos, como pueden ser las canciones.

Estos juegos son casi un entrenamiento para los pequeños. En ellos, pueden anticipar la experiencia y los beneficios de la guardería para que resulte más llevadera su estancia allí.

Tips para favorecer la adaptación y la permanencia del niño en la guardería

  • Transmitir autoconfianza y tranquilidad.
  • Darle tiempo a un buen despertar y prepararle un buen desayuno.
  • Evitar llegar tarde.
  • No enviarlos en caso de malestar físico.
  • No sobrecargar el peso de sus mochilas.
  • Procurar un buen descanso nocturno.
  • Preguntarles y animarlos a contar sobre maestros y compañeros.
  • Darle tiempo a jugar en la casa: pasar tiempo de calidad con él evitará que sienta una carencia afectiva.

“En cualquier caso, enviar tempranamente al niño a la guardería no significa ser peores padres. La crianza respetuosa y consciente tiene más que ver con proponer instancias de diálogo, de escucha y de comunicación”

Otras opciones si el niño no quiere ir a la guardería

Si el infante presenta muchas dificultades de adaptación, es probable que esté viviendo alguna situación desagradable en la guardería. Antes de elegir la guardería para el niño, sobre todo si es muy pequeño, hay que tomar precauciones.

Si se observa que, pasado el primer mes, el pequeño sigue resistiéndose todos los días a ir al centro, habrá que considerar factores que exceden al pequeño.

El primer día de guardería puede ser difícil si no se lo afronta con anticipación.

Dentro de las reacciones frecuentes en niños que no quieren ir a la guardería se pueden enumerar: la insistencia en querer llevar juguetes propios, el apegarse a una de las educadoras, ponerse más demandante en la casa o llorar a la entrada y a la salida.

La paciencia es crucial para atravesar y superar esta primera etapa. Al sentir esa frustración de que ‘mi hijo no quiere ir a la guardería’, no hay que alarmarse si conserva un estado de ánimo enérgico o si se mantiene afectuoso con su familia.

En conclusión, solo quien más tiempo pasa con el niño y mejor lo conoce podrá analizar los motivos del rechazo a la guardería. No deben ahorrarse palabras a la hora de hablar con maestras y cuidadoras de la institución, además de conversar con el propio niño.