Mi hijo no quiere dormir fuera de casa

Corina González · 20 septiembre, 2018
A cierta edad, los niños empiezan a reunirse en casa de sus amigos y participan de las famosas pijamadas. Sin embargo, no para todos es una experiencia agradable dormir fuera de casa.

Las nuevas aventuras, por más sencillas que parezcan, siempre generan emoción en los niños, en especial cuando se trata de horas de diversión junto a sus amigos. Cuando los planes no solo incluyen el día sino también la noche, al momento de ir a la cama se revela otra cara de la moneda; una actitud adversa aparece debido a que el pequeño no está acostumbrado a pernoctar fuera de su hogar.

En esos casos, surge la pregunta ¿por qué mi hijo no quiere dormir fuera de casa? Si haces una profunda evaluación para determinar el motivo de la negación del niño, de seguro encontrarás algún momento en el que le tocó vivir una experiencia similar que, por las circunstancias que fueren, no fue del todo agradable.

Estar en un lugar ajeno a su hogar, alejado de sus padres, e incluso probablemente el simple hecho de no estar en su cama, pueden crearle una sensación de inseguridad y la necesidad imperiosa de regresar a casa.

¿Por qué mi hijo no quiere dormir fuera de casa?

Las razones por las cuales un niño no quiere dormir fuera de casa pueden ser muchas. Por ejemplo, sentir apego a sus padres o al entorno. También es normal que, llegada la noche, comiencen a extrañar sus hábitos y costumbres.

Hay que tener claro que los pequeños se sienten seguros es en su hogar. Es normal y comprensible este tipo de reacción ante estas situaciones.

Cuando se modifica el lugar para dormir, el niño puede sentirse incómodo y hasta irritable, puesto que empezará a extrañar la textura de sus sábanas, el colchón de su cama, los objetos a su alrededor, los olores y hasta la temperatura de la habitación.

Si mi hijo no duerme lo suficiente, la creación de hábitos puede ser una excelente salida al problema.

Si mi hijo no quiere dormir fuera de casa, ¿qué puedo hacer?

Para hacer de esta nueva experiencia una gran aventura en lugar de algo traumático, es necesaria una preparación a nivel psicológico y emocional de los niños. De esta manera, podrán disfrutar cada momento que pasen donde quieran que vayan, aunque eso implique estar distantes de sus padres a la hora de dormir.

Normalmente, la vida social de los niños les impulsa a dar inicio a actividades en las que se vinculan con sus amigos y compañeros. Entre los 6 y 8 años de edad, las invitaciones a la casa de aquellos más cercanos son usuales, pasar una tarde de juegos puede ser la entrada a futuros encuentros que incluyan la pernocta.

No obstante, antes de aceptar estas propuestas, asegúrate de que tu hijo esté preparado para esas noches. Si eres una de esas madres que acostumbran lamentar ‘mi hijo no quiere dormir fuera de casa’, debes analizar muchos factores antes de atribuir ese comportamiento a cualquier cosa.

La más importante de estas variables es determinar si el niño es autónomo a la hora de ir a descansar. Esto le permitirá estar más seguro al momento de estar lejos de casa.

“Estar en un lugar ajeno a su hogar, alejado de sus padres, e incluso probablemente el simple hecho de no estar en su cama, pueden crearle al niño una sensación de inseguridad”

Recomendaciones

Estas son algunas sugerencias muy útiles para afrontar este proceso de adaptación y maduración:

  • Si es la primera vez que tu hijo duerme fuera de casa, se sugiere que lo haga con alguien de confianza. Se puede comenzar con una visita a los abuelos; poco a poco, se acostumbrará a pasar la noche en ambientes diferentes al suyo.
  • La comunicación es esencial para crear la confianza en el niño. Conversa mucho con él sobre el tema; puedes hacerlo mientras preparan la mochila, preguntándole cómo se siente, dándole ánimo y asegurándole que la va a pasar muy bien.
  • Hazle saber que siempre estarás allí para él si desea comunicarse contigo. Debes decirle a los padres de su amigo que siempre estarás en contacto con tu hijo para propiciarle mayor seguridad; recuerda que, mientras más se comuniquen, más tranquilos se sentirán ambos.
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  • No olvides incluir en su maleta ese objeto especial, que puede ser su manta o peluche favorito, así como su pijama y cuentos para dormir; estos podrán darle un ambiente de mayor confort.

Si ante la inminente pernocta fuera de casa observas que tu hijo no deja de llorar, es un indicativo claro de que no esta preparado para afrontar esta experiencia. Lo mejor que puedes hacer es no forzarlo a tenerla ya que, lejos de recordarla como grata, permanecerá en su cabeza como un acontecimiento traumático.

Para terminar, recuerda que es de suma importancia que transmitas seguridad a tus hijos. No debemos preocuparnos exageradamente ante sus reacciones cotidianas como llorar o estar asustados, ni extrapolar las preocupaciones que podamos sentir. Con estas acciones, evitaremos que noten nuestro nerviosismo y que así se genere esta misma sensación en ellos.