Mi hijo es demasiado perfeccionista: ¿cómo puedo ayudarle?

Es importante enseñarle a un hijo perfeccionista la gestión de sus emociones, para que aprenda a tolerar la frustración. El perfeccionismo es un extremo que produce un gran malestar emocional.
Mi hijo es demasiado perfeccionista: ¿cómo puedo ayudarle?
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 23 enero, 2023

Se enoja porque los vecinos no juegan bien, empieza un dibujo una y otra vez porque no queda como le gusta o se demora mucho tiempo para cumplir con algo sencillo. Estos son algunos de los comportamientos que podrían estar en la base de un hijo perfeccionista.

Cuando pensamos en el perfeccionismo, casi siempre logramos apreciar el lado positivo del resultado conseguido. Querer hacer las cosas a un nivel que nos deje conformes no tiene nada de malo y, de hecho, funciona como un motivador. Sin embargo, cuando los resultados no son los deseados, se siente como un golpe. Entonces, ¿de qué modo el perfeccionismo impacta en las infancias? ¿Cómo podemos ayudar? Veamos.

¿Cómo saber si mi hijo es perfeccionista?

Durante la infancia, una misma conducta puede tener múltiples significados. A menor edad, los niños presentan una mayor dificultad para expresar qué es lo que les pasa. Con el paso de los años y el aprendizaje de las emociones, empiezan a ponerle un nombre. Es por eso que, en ocasiones, algunas acciones pueden resultar confusas y un llanto descontrolado puede significar tanto hambre como enojo.
Veamos algunas de las características que podrían ayudarnos a identificar cuándo se trata de perfeccionismo o de hiperexigencia:
  • Siente un enojo y frustración enorme cuando no puede cumplir con su objetivo. Por ejemplo, puede tener una gran rabieta cuando el trazo del lápiz apenas se sale de una figura que tenía que pintar.
  • No le gusta ser el blanco de bromas. Si bien no lo conceptualiza de dicho modo, lo hace sentir expuesto e inseguro.
  • No hay argumento que valga para justificar su “fracaso” si no gana o si no lo hace bien. No se trata simplemente de un juego, sino que es algo que le afecta y le provoca un malestar intenso.
  • Tiene modos rígidos de comportamiento. Perciben que de ese modo conocen el camino y tienen el control de la situación.
  • No intenta cosas nuevas o desconocidas. Allí pueden quedar expuestos al error o al fracaso, ya que las cosas no necesariamente salen bien la primera vez.
  • Es sensible a las críticas. Si la recibe, abandona la actividad.
  • Le interesa el reconocimiento de personas que considera importantes. Por ejemplo, quiere que su profesor lo felicite o reconozca su tarea.
  • Puede enfadarse cuando se reconoce el logro de otras personas. Por ejemplo, al regresar de un paseo, un niño puede enojarse si la madre felicita a su hermana por su buen comportamiento.

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Es necesario detectar a tiempo las señales que hablan de que un niño es perfeccionista y ayudarlo a encontrar modos más saludables de lograr lo que se propone.

¿Cómo puedo ayudar a mi hijo perfeccionista?

El perfeccionismo genera malestar porque siempre es inalcanzable, ya que todo se puede mejorar y se podría haber hecho mejor. La frustración se vuelve una constante y se aprecia poco lo conseguido. A continuación, te contamos algunas estrategias a considerar.

Analizar el mensaje que transmitimos

Es importante saber que muchas conductas de los niños tienen que ver con los comportamientos y actitudes de su entorno. De modo que las figuras adultas deben preguntarse cuáles son las expectativas y exigencias que tienen. En ocasiones, se intenta vivir una vida a través de la del niño y proyectar aquellas cosas que hubiésemos querido hacer o ser.
Por ejemplo, un progenitor que hubiese querido triunfar en natación presiona a su hijo para que practique ese deporte y sea el mejor. Esto puede traer como consecuencia que sienta una gran presión por no decepcionar e incluso que se genere el efecto contraproducente de disminuir su rendimiento. Por el contrario, es importante tener en cuenta la opinión del menor, que ellos son los protagonistas de sus propias vidas y fomentar su autonomía.

Cuidado con lo que valoramos

También, es necesario que revisemos aquello que reconocemos o destacamos. Por ejemplo, si siempre lo elogiamos solo porque es excelente en natación, el mensaje que se interpreta es que nos importa por eso y no por otras cualidades o atributos. Esto puede fomentar que se obsesione con alcanzar determinado resultado, ya que interpreta que vale o que es querido en función de este.

Enseñar a valorar el proceso y el fracaso

Tanto cuando alcance sus metas, pero sobre todo cuando no lo haga, resulta muy útil preguntar por el proceso. Debemos plantear preguntas acerca de cómo lo vivió y destacar lo importante que es el esfuerzo y el camino, más allá del resultado. Es importante animar al niño a pensar en términos de los pequeños pasos que se dan en el día. De este modo, nos corremos de ese lugar de todo o nada, un extremo en el que suelen caer las personas perfeccionistas.

Ayudar a expresar las emociones

Cuando un niño perfeccionista no logra lo que desea, más que escuchar un consuelo del tipo “no te preocupes, la próxima saldrá mejor”, lo primero que necesita es ser validado en su emoción. Es decir, es necesario facilitar las condiciones para que exprese cómo se siente y, luego, ayudarlo a gestionar dichas emociones.

Es importante validar las emociones del niño cuando siente frustración o enojo, para luego ayudarlo a gestionar sus emociones.

Por qué el perfeccionismo puede ser limitante

El perfeccionismo es un obstáculo para un desarrollo pleno, ya que tiene algunas consecuencias como las siguientes:
  • Limita la creatividad, flexibilidad y espontaneidad.
  • Afecta la autoestima.
  • Mayor desgaste al enfrentarse a una tarea.
  • Experimenta una gran frustración.
  • Intentar imponerse, puesto que consideran que la forma en que ellos lo hacen, es la única forma correcta.
  • Genera estrés, ansiedad y otros trastornos.
  • Imposibilita disfrutar de la actividad.

Recomendaciones finales

No se trata de decirle a un niño que debe conformarse, sino que tiene que aprender a ver la cara real del esfuerzo y no debe invalidar los intentos. Asimismo, es muy importante tener cuidado con el tema de las “etiquetas” durante la infancia. La frase “es un pequeño perfeccionista” puede sonar a una sentencia. A ciertas edades, ellos aún no tienen muy en claro que con el tiempo las personas pueden cambiar, aprender y desaprender.

Como hay una literalidad en lo que se dice, debemos evitar que esa etiqueta se enquiste y provoque la sensación de que nada se puede hacer en relación con los comportamientos que nos hacen sufrir. Esto debe pensarse no solo en torno a los niños, sino también a sus progenitores. Por último, en una sociedad que alienta de manera desmedida la competencia, las figuras adultas deberán ser la brújula que oriente a las infancias a escapar de la hiperexigencia.

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