Por qué puede ser un problema el perfeccionismo en exceso en los niños y cómo ayudarlos

14 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Mara Amor López
El perfeccionismo en su justa medida es sano, pero cuando este está presente en el niño de forma excesiva, puede acabar siendo un problema al que hay que poner solución.

Muchos niños intentan buscar la perfección en las cosas que hacen; son muy meticulosos y muy exigentes con sus tareas, pero si algo no les sale bien, lo vuelven a intentar. Por ello, hay que saber que el perfeccionismo en exceso en los niños es un problema cuando interfiere de manera significativa en su vida diaria.

Los pequeños que son perfeccionistas en exceso se enfadan si un dibujo no les ha salido bien, y pueden, incluso, llegar a romper el papel; o, si están colocando algo que no queda como esperaban, lo tiran enfadados. Estos son algunos de los comportamientos que podemos ver en estos niños perfeccionistas.

¿Quieres saber por qué puede ser un problema el perfeccionismo en exceso en los niños? ¿Cómo podemos ayudarlos los padres? Vamos a dar respuesta a estas preguntas a continuación. ¡Sigue leyendo!

Perfeccionismo sano e insano

Autores como Kottman (2000) y Blatt (1995) dicen que el perfeccionismo tiene dos caras: una asociada a un trastorno psicológico y otra a un funcionamiento normal y adaptativo. Vamos a ver en qué consiste cada uno.

Hay que tener cuidado con el perfeccionismo en exceso en los niños.

Perfeccionismo sano

El perfeccionismo sano es aquel en el que el niño se plantea metas altas, pero alcanzables y razonables; las expectativas que tienen sobre ellos mismos y los demás son altas. Son exigentes, pero sin llegar a tener comportamientos exageradamente críticos, organizados, puntuales y cuidadosos en todo lo que llevan a cabo.

Son niños que intentan sacar todo su potencial y no se frenan ante el fracaso de algunos de sus objetivos marcados; lo usan como motivación para seguir esforzándose en conseguirlo de nuevo. También reconocen sus limitaciones y no se obligan a obtener una perfección en todo lo que hacen.

Perfeccionismo insano

Los pequeños están plenamente convencidos de lo que quieren llegar a ser, y esos pensamientos son muy rígidos, absolutos e irracionales, lo que les produce un malestar significativo y diversos problemas psicológicos.

Estos niños muestran reacciones muy exageradas, tristeza intensa, culpa, enfado, vergüenza y una alta frustración cuando consideran que han fracasado.

¿Por qué puede ser un problema el perfeccionismo en exceso en niños?

Con respecto a todo lo dicho anteriormente, a todos nos queda claro que un niño que busca destacar en lo que hace y ser disciplinado para conseguir sus objetivos es sano, pero también hemos visto que el perfeccionismo no siempre es sano y puede acabar siendo un problema para los pequeños que lo sufren.

El perfeccionismo se convierte en un problema cuando los niños:

  • Evitan probar actividades o deportes nuevos por miedo al fracaso. Ante una tarea, solo contemplan la opción de conseguir lo que se proponen, por eso, evitan aquellas en las que no tienen la seguridad de conseguirlo.
  • Tienen un fracaso y les cuesta superar ese estado, es decir, cuando ellos sienten que están fallando, no quieren seguir con esa tarea o actividad, porque no les ha salido bien.
  • Son extremadamente críticos con ellos mismos; ante cualquier error, sienten que no saben hacer nada, que son tontos, etc.
  • Se niegan a empezar o terminar una actividad porque no se dan las condiciones perfectas, según ellos.
  • Se les hace muy complicado sentir alegría o satisfacción cuando consiguen algún objetivo que tenían marcado o cuando realizan alguna tarea sin ninguna dificultad.

Debemos estar muy atentos a estas señales que nos estarían diciendo que el perfeccionismo en exceso se está convirtiendo en un problema en la vida de nuestro niño y ponerle solución.

Consecuencias del perfeccionismo en exceso en niños

Esta obsesión por hacer las cosas perfectas puede producir problemas psicológicos para los que nuestro hijo necesitará la ayuda de un profesional.

¿Cómo podemos ayudar los padres?

Vamos a ver qué podemos hacer los padres si vemos que nuestro hijo tiene un problema de perfeccionismo en exceso. Aunque en casa podamos hacer cosas que mejoren la situación, si esta no mejora, es muy importante buscar la ayuda de un profesional que nos ayude a reestructurar esos pensamientos irracionales sobre la perfección.

  • Evitar frases como “eres el mejor”, “eres el más listo”, “todo lo haces bien”, que, aunque parezcan inofensivas, estos niños pueden interpretarlas como que ellos tienen que ser así, por lo que pueden acabar poniéndose el listón demasiado alto.
  • Dar ejemplo. Si nosotros, ante un error, ponemos el grito en el cielo y nos sentimos mal, les estamos mandando un mensaje negativo acerca del fracaso. Tenemos que quitarles importancia a los errores.
  • Reforzar el esfuerzo más que el éxito. Podemos dividir un objetivo en partes más pequeñas y reforzar su esfuerzo en conseguir cada una de esas partes. Así, estaremos desvinculando el refuerzo sobre el objetivo total, que es más complicado de alcanzar de golpe.
  • Enseñar el valor del error. Explícales que cometer errores no es nada negativo, sino todo lo contrario, pues a través de ellos aprendemos. La ciencia y los grandes inventores han ido avanzando, gracias a los fracasos que les han ido ayudando a mejorar lo que querían conseguir.

En definitiva, como hemos visto a lo largo de todo el artículo, el perfeccionismo en exceso en niños puede ser un problema al que hay que poner solución. Los padres debemos ser capaces de detectar si existe o uno dicho problema.

Si observamos las actitudes de los niños ante un fracaso, nos estaremos dando cuenta de si este es un perfeccionismo sano o no. Si un niño tiene una emoción negativa cuando obtiene un resultado muy bueno, aunque no perfecto, tenemos que sospechar que existe un problema y, si es necesario, recurrir a un profesional.

Oros, L. B. (2005). Implicaciones del perfeccionismo infantil sobre el bienestar psicológico: Orientaciones para el diagnóstico y la práctica clínica. Anales de Psicología. 21 (2), 294-303.