Consecuencias de una mala alimentación en los niños

Francisco María García · 26 enero, 2018
La alimentación en los niños es uno de los aspectos más importantes en su desarrollo. Los padres somos responsables de proporcionarles los nutrientes necesarios, además de crear en ellos unos buenos hábitos alimenticios.

Las consecuencias de una mala alimentación en los niños se traducen en la aparición de graves patologías que pueden tener desenlaces altamente perjudiciales. Una dieta equilibrada compensa estos riesgos y favorece una vida sana.

Prevenir para evitar las consecuencias de una mala alimentación en los niños

Prevenir antes que tratar es la norma. Una alimentación adecuada en la niñez, con presencia de todos los grupos alimenticios, evitará consecuencias en la edad adulta. Los malos hábitos que los padres permitan que se formen en la infancia acompañarán al niño durante toda su vida.

Si el niño se opone a comer verduras, frutas o pescado se deben buscar alternativas para que estén presentes en su alimentación. De una dieta sana, equilibrada y variada durante los primeros años de vida dependerá el metabolismo del adulto.

Menos desarrollo y concentración y más cansancio son algunas de las consecuencias de una mala alimentación en los niños. Por ejemplo, les costará mucho más estudiar o leer.

Los niños malnutridos sufren alteraciones en la piel y en la pigmentación del cabello. Los problemas de visión y un desarrollo físico y mental inadecuado son frecuentes, al igual que enfermarse con más facilidad.

Peso y talla fuera de los valores normales

Por exceso o por defecto, la malnutrición acarrea serios daños en el organismo. El peso y la talla fuera de los valores normales son una de las consecuencias de una mala alimentación en los niños. También puede ocasionar hipertensión arterial, osteoporosis, enfermedades renales y del corazón.

No hay que olvidar que el aumento del colesterol y ciertos tipos de cáncer son otros de los riesgos de una mala alimentación.

El peso y la talla fuera de los valores normales son una de las consecuencias de una mala alimentación en los niños.

Falta de hierro

La falta de hierro es una deficiencia nutricional que puede desembocar en anemia. Sus efectos sobre el desarrollo intelectual de los niños son irreversibles. Acorta la capacidad de analizar y entender, y en consecuencia la inteligencia se ve limitada.

La hipotonía o debilidad muscular

La debilidad muscular, conocida como hipotonía, es una consecuencia de la mala alimentación en los niños. Tristeza, palidez, cese del crecimiento y llanto débil son algunos de los síntomas; el bajo rendimiento físico y escolar es otro riesgo. En los bebés se manifiesta con un retraso en la llegada de los primeros pasos.

“La falta de control sobre el tipo de alimentos que ingieren es una de las causas de una mala alimentación en los niños”

Obesidad desde la infancia

El sobrepeso en los niños se manifiesta en un aumento rápido de peso y dificultad para el desplazamiento. Puede ocasionar desórdenes hormonales, diabetes, aumento del colesterol, alteraciones óseas, complicaciones respiratorias y hepáticas.

La falta de control sobre el tipo de alimentos que ingieren es una de las causas de una mala alimentación en los niños. Cuando se abusa de alimentos envasados, embutidos, refrescos, comidas rápidas con exceso de grasa, dulces y frituras, las consecuencias llegan rápido.

El exceso de carbohidratos, grasas y proteínas acarrea serios problemas para la salud de los niños, por eso deben suministrase con mucha moderación.

Proteínas, pocas o en exceso

El consumo de proteínas, indispensables para la formación de la fibra muscular, debe ser el adecuado. En exceso, sobrecargan los riñones y el hígado, responsables de desechar las sustancias nocivas una vez que el metabolismo entra en acción.

El exceso de calcio, que se acumula ante la imposibilidad de desechar sustancias del cuerpo, ocasiona cálculos renales. También puede disminuir la asimilación de los minerales.

El déficit de proteínas ocasiona dificultad para metabolizarlas. La caquexia produce agotamiento y atrofia de músculos, cansancio, debilidad y apatía.

Carbohidratos, déficit o abuso

En la infancia, el exceso de carbohidratos, además de obesidad, ocasiona diabetes y enfermedades cardiovasculares. Aparecen las caries, cambios de humor, falta de concentración e hiperactividad.

En el extremo opuesto, el déficit de hidratos de carbono provoca fatiga e inapetencia. Al ser la “gasolina” del cuerpo, su escasa ingesta disminuye la energía.

Muchos niños no están dispuestos a comer determinados alimentos.

Grasas, más o menos

Una dieta con grasas en exceso ocasiona sobrepeso. El déficit deriva en avitaminosis, o falta de vitaminas A, D, E y K, irritabilidad, falta de concentración y apatía.

La falta de vitaminas también  causa problemas de tiroides, ocio, anemia, escorbuto y raquitismo. Los padres deben estar atentos a las manifestaciones de cansancio, calambres, dolores de cabeza, adormecimiento, trastornos del carácter y disminución de la capacidad mental.

Las consecuencias de una mala alimentación en los niños pueden ser permanentes. La alimentación variada y equilibrada en la infancia determina una existencia sana y prolongada. Cueste lo que cueste, incluir en la dieta de los niños alimentos de todos los grupos es indispensable para que se desarrollen de manera adecuada.