Trastorno de la comunicación social en niños

Francisco María García · 24 febrero, 2018
¿Cómo se puede identificar el trastorno de comunicación social en los niños? No siempre es sencillo de localizar; pero hay algunos síntomas muy claros.

El trastorno de la comunicación social (TCS) hace referencia a ciertas restricciones en el uso pragmático del lenguaje. Dificulta las habilidades de comunicación verbal y no verbal de los niños. No se trata de una característica exclusiva de quienes presentan compromiso cognitivo.

Citado en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, el TCS se manifiesta de diversas formas. El síntoma más evidente es el limitado uso de palabras o frases en contextos sociales.

También se puede ver que el pequeño obvia saludos y otras expresiones de cortesía. Cuando es obligado a expresarlas, lo hace de forma mecánica; no hay intención en la palabra, tampoco en los gestos.

Indicios de trastorno de la comunicación en los niños

Quienes sufren de trastorno de la comunicación entienden solo lo que se les indica de manera explícita; desconocen inferencias, dobles significados o sátiras.

No escuchan la pronunciación intencional, ni “leen” los ademanes del interlocutor; tienen además dificultad para pronunciar los signos de interrogación y exclamación.

Las interacciones sociales no son de su interés. El desarrollo del habla se retrasa y cuando alcanza cierto dominio de él, no logra adecuarlo a las distintas audiencias o situaciones.

El trastorno de la comunicación social.

No saben pedir asesoría o información. No mantienen el hilo de una conversación, y les cuesta regirse por las normas del buen hablante y del oyente.

La mayoría de las veces, su lenguaje es demasiado formal. En esencia, regular la interacción y adaptarse a los contextos y necesidades, resulta un serio problema para ellos.

El TCS no es autismo

El trastorno de la comunicación social en niños es observable desde los primeros años. Pero con signos o síntomas que los padres pueden no distinguir de inmediato.

En ocasiones se confunde con el trastorno del espectro autista. Sin embargo, puede ser descartado por la ausencia de conductas repetitivas e intereses obsesivos.

Un niño con TCS se dirige en el mismo “tono” hacia los padres, compañeros o extraños. Puede que no esté siendo escuchado o entendido, pero continuará su planteamiento; incluso puede decir cosas que ofendan sin saberlo.

Todo esto interfiere en su habilidad para hacer amigos y mantenerlos. Además, afecta la evolución de capacidades académicas como la lectura y la escritura. De ahí que su etapa académica podría convertirse en una experiencia traumática.

¿A qué se atribuye el TCS?

Se desconoce el origen del trastorno de la comunicación social. Sin embargo, algunos expertos han indicado que puede ser congénito o adquirido. Está relacionado directamente con algún “desperfecto” en el hemisferio derecho del cerebro, por cuanto impide procesar el lenguaje verbal y gestual al mismo tiempo.

Otra causa probable es la exposición indiscriminada a toxinas como el plomo durante el embarazo. Al no haber certeza sobre los detonantes, no existe un tratamiento preventivo.

Solo la evaluación, diagnóstico y atención oportuna, podrá ayudar a mejorar la calidad de vida del niño. Orientadores, psicólogos clínicos, neuro pediatras y expertos en lenguaje pueden hacer valiosos aportes. Sobre todo cuando el trastorno de comunicación social está acompañado por:

  • Hiperactividad.
  • Déficit de atención.

¿Cómo se puede tratar el trastorno de la comunicación social?

Si un niño es diagnosticado con trastorno de la comunicación social, lo ideal será trazar un plan de formación individualizado.

Este programa comprende terapia del lenguaje y refuerzo de destrezas sociales. Padres, maestros y especialistas deberán estar comprometidos en la búsqueda de estrategias eficaces.

Aun sin necesitar un sistema educativo especial, desde la casa y la escuela puede trabajarse en adaptaciones y nuevos métodos de enseñanza.

El trastorno de la comunicación social.

La tarea será mejorar la socialización del niño, despertar su comprensión lectora y ampliar su vocabulario.

Un método favorecedor para quienes se enfrentan a esta condición, es repasar los refranes y sus significados, pero alguien debe explicarlos y relacionarlos.

El adulto que interviene debe hacer que las lecturas y diálogos sean interactivos. Debe detenerse, hacer pausas e interrogar al niño sobre el tema, para que reflexione.

La detección temprana y el desarrollo de habilidades son esenciales, así como el desarrollo de habilidades. Los niños con TCS deben percibir un buen modelo de comunicación: el que establece contacto visual y respeto de los tiempos de habla y escucha.

El especialista sugerirá, además del tratamiento médico, el establecimiento de una serie de estrategias, juegos o disciplinas deportivas para una positiva respuesta ante las diversas situaciones cotidianas.

Las actividades que obligan a formar turnos o a intercambiar roles funcionan muy bien, así como la narración de historias en conjunto, en las que, entre pausas, el niño tenga que responder preguntas, completar frases y reflexionar.

No obstante, la detección temprana es la clave para el éxito de cualquier procedimiento. Entre los cinco y los quince años es cuando más señales se presentan y hay que estar atentos.