Papá es mi héroe, mi modelo a imitar

Valeria 20 junio, 2017

Decía Sigmund Freud que pocas cosas son tan valiosas en la infancia como sentir la seguridad que nos confieren los padres. De algún modo, cada uno de ellos, los que supieron y saben responsabilizarse de su papel, se alzan como nuestros auténticos héroes, como esos modelos que siempre tendemos a imitar.

Sabemos que nuestro espacio va dedicado en mayor parte a las mamás, que nuestro propósito es siempre dar estrategias, consejos y orientaciones a esas mujeres que afrontan su embarazo, su período de lactancia o que al fin y al cabo, tienen sobre sus manos la importante tarea de criar, guiar y educar.

Ahora bien, los padres son parte presente, y a día de hoy estamos viendo además un fenómeno que nos agrada y que nos ilusiona, y es esa defensa realizada por parte de los propios padres a través de muchos medios, escenarios y organizaciones defendiendo su paternidad consciente, constante y cercana.

Tanto es así, que ya se ha puesto nombre a este movimiento: son los “neopadres”, esos hombres de las más variadas edades que acuden ya a talleres de crianza respetuosa, que tienen ganas de cambiar estereotipos y clichés, y que están tan informados como las madres en casi cualquier tema relacionado con los niños y la infancia.

Son papás que se alzan como un auténtico modelo a imitar, que nos inspiran y que sin duda, marcarán para siempre la vida de sus hijos…

Mi padre, mi héroe, mi referencia

Todos tenemos en mente a nuestros propios padres. Son nuestras raíces, ellos dejaron su impronta en lo más hondo de nuestro ser, de nuestras raíces y nuestra identidad. Es tan profunda su figura, que no se nos escapa que hechos como sufrir la ausencia del padre o experimentar por ejemplo una crianza basada en el desapego o la frialdad afectiva, hace que tengamos que afrontar muchos vacíos, algunos traumas y múltiples complejidades psicológicas que darían para un libro.

Ahora bien, si tuvimos el privilegio de contar con una figura paterna cercana, significativa y afectuosa, dispondremos sin duda de un auténtico tesoro en la vida, de una referencia en nuestro día a día, de alguien a quien imitar en sus consejos, en su trato, en sus detalles… Porque un buen padre es inspiración y es el timón de muchas familias, al igual que las madres.

Lo que nos aporta el buen padre

El buen padre aporta tanto como la buena madre. Son dos pilares, dos árboles que nutren fortalezas, que protegen con sus ramas y que nos guían ahí donde alcancen nuestros sueños, nuestros deseos y posibilidades.

  • El buen padre, por encima de todo, sirve al niño como modelo de conducta. Los pequeños son muy receptivos hacia lo que ellos les dicen, hacia lo que ellos hacen o dejan de hacer. Así, es imprescindible que los padres sean muy conscientes de cada cosa que realizan o expresan en voz alta. Nuestros hijos son muy receptivos hacia cualquier estímulo, conducta, actitud…
  • El buen padre nos ayuda a tomar decisiones, sobre todo esas que están basadas en valores, en reglas y en esos actos de conciencia y madurez que día a día les irá enseñando el papá.
  • El buen padre, además, promueve la curiosidad en los niños y les ayuda a resolver problemas siendo siempre receptivos.
  • Por su parte, es común que el buen padre sea siempre ese refugio que buscan los pequeños cuando surge alguna dificultad. Saben que papá es esa persona que apaga cualquier miedo, que no sabe decir “no”, es ese héroe que mira por nosotros lo que hay debajo de la cama, que nos distrae cuando hay truenos y tormentas, y que nos hace reír cuando hemos tenido un mal día

Papá no es un niño grande, papá es esa persona que me ayuda a crecer

Nuestro lenguaje coloquial, surtido a veces de incorrectas ideas, frases vacías y muchos clichés, ha hecho durante mucho tiempo algo de daño a la figura del padre. Así, frases como “mi pareja me ayuda con mis hijos” o “mi marido es como un niño grande porque mis hijos se lo pasan genial con él” son ideas que debemos corregir y enfocar de modo correcto.

  • Un padre no ayuda en la crianza, un padre forma parte de ella.
  • Un papá no está en exclusiva para jugar con sus hijos, para divertirlos o entretenerlos cuando no está mamá o cuando ella está  ocupada.
  • Un padre jugará con sus hijos cuando toque, pero ante todo, lo que hará es educar, es atender, es nutrir en emociones, ser cercano, saber poner límites cuando toque y ser ese padre sabio y responsable que hace de la crianza un acto consciente, responsable y maduro.

Aprendamos por tanto a cuidar más nuestro lenguaje, a poner en práctica acciones integrativas donde madres y padres lleven a medias sus responsabilidades, donde no haya diferencias ni preferencias y donde los niños, siempre sean lo más importantes. Todos podemos ser héroes en la vida de nuestros niños….

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