Tú y yo somos padres, pero también somos pareja

Tú y yo tenemos ahora el mejor regalo del mundo: nuestro bebé. Sin embargo, además de padres somos pareja, somos dos en uno, somos dos que siguen buscándose con la mirada, somos tres que siguen trazando su complicidad en las caricias, siendo plenamente conscientes de que hemos entrado en una nueva etapa, en algo más grande, intenso, diferente…

Cuando se habla del vínculo de la pareja en relación a sus hijos, es muy común encontrar libros, trabajos y artículos que nos explican por una parte cómo debemos ponernos de acuerdo en la educación del niño, o cómo debemos  por otra, afrontar esa etapa del nido vacío en que finalmente, nuestros hijos ya se van de casa.

Ahora bien… ¿qué ocurre con la pareja cómo tal? ¿Qué acontece en esa esfera íntima y privada cuando nace el primer bebé y de algún modo. dejamos de ser los de antes? Porque lo queramos o no, tanto el padre como la madre sufre una pequeña revolución interior donde aparecen nuevos papeles, nuevas responsabilidades que, de algún modo, van a afectar a la propia relación de pareja.

Hoy en “Eres Mamá” queremos hablarte de ello.

Ahora, tú y yo somos tres: cuando la pareja crece en todos los sentidos

Hay quien habla de una pequeña crisis, de nuevos roles e incluso de sentimientos contradictorios. Hasta no hace mucho solía hablarse de que era común que el padre se sintiera “desplazado”, de que esa dependencia tan íntima del bebé con su madre dejaba a un lado la figura del padre.

Sin embargo, a día de hoy, la crianza paternal es más activa y está más presente, lo cual nos invita a enfocar toda esa atmósfera privada de la pareja en relación con su hijo de otro modo, de otra forma más rica, más nutrida y positiva para todos.

Estamos cansados, pero nuestra complicidad, la ilusión y el cariño nos acompaña

Se acabaron esos planes de última hora, el hoy no cocinamos y salimos fuera, el vámonos este fin de semana, el nos quedamos tú y yo solos… Todo cambia, lo sabemos, pero la llegada de un hijo es un cambio a lo grande y en positivo. 

Por tanto, es común que los momentos más complejos sean esos en que se llega a casa desde el hospital, en que toca repartir responsabilidades, atender llantos, cambiar pañales, ajustar horarios de trabajo y mirarnos a la cara para reírnos de nuestras ojeras, de nuestra cara de agotamiento…

Todo es nuevo y todo es intenso. Y las etapas nuevas en las parejas siempre se viven con intensidad, son un reto que a su vez, nos permiten conocernos mucho mejor el uno al otro. Son momentos en que llegamos a amarnos muchísmo más.

Papá y mamá agradecen estar solos unas semanas ¡Están anidando!

Tras el nacimiento del bebé, los nuevos padres agradecerán sin duda un pequeño intervalo de tiempo en intimidad y soledad. Tiempo habrá de que la familia se habitúe al nuevo miembro, tiempo habrá para que los amigos conozcan a ese pequeño tesoro, y tiempo habrá en que podamos llenar la casa de movimiento, risas y buena compañía.

Ahora lo que quieren los padres es anidar, y ese periodo de tiempo que suele durar lo que les permita la baja laboral del padre -generalmente más corta que la de la madre- les va ayudar no solo a conocer al bebé, a tenerlo cerca y hacerlo suyo con besos, caricias y atenciones, lo que hará también la pareja es mirarse a los ojos para reencontrarse como “padres”, como “familia”, y dejando atrás esa etapa en la que estaban ellos dos.

Tú y yo, seguimos siendo uno, tú y yo, somos dos en una nueva etapa

En esta nueva etapa van a surgir múltiples retos, nuevos desafíos y responsabilidades en las cuales, ser siempre la mejor referencia para nuestros hijos. Sin embargo, hay un aspecto que nunca deberemos descuidar: la relación con la pareja, nuestro vínculo, esa magia que debe seguir alimentándose a través de las miradas y los pequeños detalles.

En ocasiones, esa rutina tan demandante que es criar un hijo hace que descuidemos ciertas cosas, que nos olvidemos de mirarnos a los ojos, de reírnos por nada y por todo, de tener palabras bonitas, preferencias, de valorar al otro, de admirarnos, de cuidarnos mutuamente como lo hacíamos antes.

El bebé lo necesita todo, lo sabemos, pero ello no está reñido en disponer de vez en cuando un tiempo de intimidad, un día especial donde permitir que la familia nos ayude para tener una cena a solas, una escapada breve donde hablar, reencontrarnos…

Asimismo, no podemos olvidar que la relación se construye en el día a día, y que es en el hogar y en nuestra cotidianidad donde se alimenta el amor más significativo, ahí donde nos tenemos en cuenta y nos alimentamos con buenos momentos, complicidades, caricias, risas y esos ojos que lo dicen todo sin necesidad de palabras…

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