No hagas al resto lo que no quieres que te hagan a ti

No hagas al resto lo que no quieres que te hagan a ti. Se trata de un consejo simple pero que todos deberíamos tener presente. Repasamos su profundo significado.

“No hagas al resto lo que no quieres que te hagan a ti” es una frase que nos inculcaron desde que tenemos uso de razón. Algunos dicen que quien la dijo por primera vez fue Confucio; otros, que está en un versículo de la Biblia. Lo cierto es que de esta frase nace una regla de oro, de la que se desprenden códigos morales, éticos y legales.

Incluso, los derechos humanos la tomaron para actuar de acuerdo con sus principios. Algunos ven como algo superficial la regla de no hacer al resto lo que no quieres que te hagan, pero esta se fundamenta, básicamente, en el respeto hacia el otro.

¿Aplicamos esta teoría en nuestra vida diaria?

Si nos hiciéramos una pregunta como esta sin mirar atrás, contestaríamos de forma positiva. No obstante, cuando meditamos un poco sobre lo que realmente significa y valoramos objetivamente nuestra forma de actuar, nos damos cuenta de que a menudo hacemos todo lo contrario.

Un caso particular se da cuando estamos en una fila muy larga y tenemos el tiempo contado, pero alguien de adelante se descuida y nos pasamos a su puesto; resolvemos así nuestra escasez de tiempo sin importar el respeto y el derecho de quien estaba en ese puesto. En este ejemplo vemos algo que, de ser nosotros los afectados, lo reprocharíamos y hasta criticaríamos airadamente.

Lamentablemente, esto se ha convertido en una conducta repetitiva y normal entre las personas. Con nuestras acciones, casi siempre tratamos de sobrepasar los derechos, valores y sentimientos del otro; como consecuencia, terminamos haciendo lo que no nos gusta que nos hagan.

La violencia es otra acción a evitar para no hacer lo que no quieres que te hagan.

No hacer lo que no quieres que te hagan: una cuestión de respeto

¿Qué es el respeto? El respeto es un valor que debemos cultivar desde el núcleo familiar y que se debe inculcar en los niños. Aparece —o al menos debería— constantemente en nuestra relación con la sociedad.

Pasa por tener consideración con el prójimo y se hace necesario para tener una convivencia sana entre los ciudadanos; permite que exista armonía en la sociedad.

Lamentablemente, eso se está perdiendo a causa de la descomposición moral que día a día crece. Todo por querer poner nuestros intereses por encima de otros; esto se ve reflejado desde las mas grandes élites hasta los mas bajos estratos sociales.

“Algunos ven como algo superficial la regla de no hacer al resto lo que no quieres que te hagan, pero esta se fundamenta, básicamente, en el respeto hacia el otro”

¿Podemos vivir en una sociedad donde no prevalezca el respeto?

Dándole valor a los sentimientos de los demás y teniendo empatía, nos convertiremos en mejores personas. También crearemos un clima mas armonioso y la vida cotidiana tendrá un color más agradable y amable.

Por el contrario, si actuamos de forma opuesta, estaremos fomentando el desconocimiento por el prójimo y la discordia y dejando sembrado el abuso, el irrespeto y la anarquía. De este modo no podríamos convivir, o peor aún, sobrevivir.

El mejor ejemplo de una sociedad en crecimiento se produce cuando en ella se manifiesta el respeto comenzando por uno mismo y reflejándolo en el otro. Así se crea una humanidad equitativa, noble, solidaria y fuerte; eso se convertirá en nuestra bandera de sentido ético y de pertenencia.

Burlarse de los demás está dentro de la regla de no hacer lo que no quieres que te hagan.

¿Cómo puedes hacerlo?

Cada uno debe aportar un granito de arena para mejorar la sociedad en la que vivimos. Si tenemos consideración por el otro, ese otro la tendrá por nosotros. Se formará entonces un clima de tolerancia y aceptación y lograríamos un mundo mejor. Juntos, podemos hacer de nuestro entorno algo más que el simple medio de vida.

Podemos hacer del mundo un espacio de disfrute; es hora de aprovechar el tiempo para cultivar los valores que desde pequeños nos inculcaron, empezando por respetar a todas las personas. Debemos comenzar por valorar a quien está a nuestro lado y a quien se nos cruza en el camino todos los días. Con respeto, podemos manejar las diferencias e incluso aprender algo del otro.

Hay que tener presente que nosotros y solo nosotros somos los responsables de crear un ambiente sano para la vida y la convivencia. Pero sobre todo, es muy importante inculcar los valores correctos en nuestros hijos.

Si lo hacemos, en el futuro serán ciudadanos funcionales de la sociedad, que trabajen por hacer un mundo mejor. Recuerda: “No hagas al resto lo que no quieras que te hagan a ti”. Se trata de una expresión que debe convertirse en una verdadera filosofía de vida.

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