Un niño es una vasija llena de sueños

Un niño es una vasija llena de sueños, además de ilusiones y esperanzas. Sin dudas, todo aquello que un pequeño cree, crea. Esto se debe a su privilegiada, única y especial mente libre, sin ningún tipo de frontera gobernada por la la fría y calculadora razón del adulto.

Pues allí reside la magia que reviste la infancia, construida nada menos que por formas superiores e inéditas de vivir. La piel del menor siente diferente, su ser piensa distinto y su óptica es más justa y benevolente.

Criar un niño consiste en comprender que es una delicada vasija llena de sueños e ilusiones, al cual debemos tratar con extremo cuidado. Ello conlleva no presionar a la criatura con objeto de que sienta, piense, actúe y vea de igual manera que un mayor.

Un hijo, una vulnerable vasija llena de sueños

Un hijo se construye con ilusiones y esperanzas. Cual vasija llena de sueños, el niño actúa con una tenacidad y pasión cuando de alcanzar sus metas y objetivos se trata. Por eso, no imponer los propios deseos que revistas ciertas frustraciones personales ocultas resulta imperioso.

Al utilizar determinadas palabras en pos de motivarlos, podemos llegar a herirlos. Por eso, cuida las frases que usas. Recuerda alentar positivamente, actuar asertivamente y siempre fomentando la mejor autoestima infantil posible.

Nunca olvides que desarrollar su inteligencia emocional es una gran herramienta. No tiene sentido despojar a tu pequeño de lo más lindo de su infancia en búsqueda de un buen porvenir. Pues en pos de un futuro prometedor, cercenas el presente, ahogas su niñez.

La clave del éxito no se halla solo en apostarle al híper desarrollo de determinadas capacidades y competencias cognitivas y físicas. Mucho menos, hacerlo de manera prematura. Así simplemente engendras niños que anhelan tener una vida común: tardes en parques, juegos de rol y travesuras por doquier.

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El niño no sueña a futuro, sino con raíces en el presente. Los pequeños reclaman tiempo y, sobre todo, sus espacios. Es el momento de vivir, experimentar y sentir intensamente. Es tiempo de aprender desde lo lúdico, el momento de elegir lo que despierta curiosidad, lo que los apasiona y motiva.

Una infancia llena de sueños y despojada de miedos y presiones

Nuestros hijos se desarrollan en una sociedad competitiva. El error como padres consiste en creer que nuestros hijos deben estar preparados para sobresalir en este marco. El interrogante que surge es: ¿Es absolutamente necesario?

Sin dudas, la pérdida de la infancia supone de altos costos emocionales que a futuro pasarán factura. Los miedos y las presiones que cada padre impone a su hijo no hace más que acarrear los resultados más nefastos para con estas vasijas llenas de sueños, ilusiones y esperanza.

Pues a través de este absurdo intento de sobreponer nuestros propios deseos y añoranzas por sobre la de nuestros hijos, nace el rechazo, la negación. Con ello, necesariamente se hacen presente más rápido que tarde altas dosis de estres y, sobre todo, una presión y frustración inmensas.

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Respeta sus objetivos, refuerza sus alas y permite que vuele tan alto como pueda, con destino a donde solo él quiera. Impulsa al nene a alcanzar sus más arraigados y osados sueños y anhelos. Celebra cada uno de sus logros, tiéndele la mano en cada caída.

Edifica la perseverancia y la paciencia con materiales fuertes y contundentes como la seguridad, autoestima y confianza en sí mismos. Así verás crecer un mundo signado por la esperanza, que debe ser regada con gotas de ilusión y fe.

Acompáñalo a transitar su propio camino, no le impongas la ruta. Déjalo vivir, déjalo ser. Facilita una aproximación al conocimiento, pero no como agente de presión y fuente de miedos e incertidumbres. Recuerda operar siempre desde su propia curiosidad y pasión infantil.

Definitivamente un niño es una frágil y sensible vasija llena de sueños. Cual diamante en bruto, tiene infinidad de beneficios, virtudes y fortalezas. Está en nosotros pulir y purificar esa piedra preciosa o simplemente explotarla sacando a relucir solo impurezas.

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