Mi lugar favorito, contigo

Valeria · 17 agosto, 2017

¿Cuál es mi lugar favorito? Contigo. Desde que existes, no hay rincón más plácido que ese que formas tú en mi cuerpo. No hay sabor más dulce que el de tus besos, no hay sonido más mágico que tus risas, hijo mío.

Desde que soy tu mamá mi lugar favorito es contigo. Porque eso la felicidad es eso y mucho más. Para mí, la vida de se compone de todos esos detalles a tu lado, buenos, memorables, infinitos, preciosos. Todos tienen un lugar en mi corazón.

Hoy vamos a reflexionar un poco acerca de los espacios emocionales, también conocidos como ‘lugares emocionales’. No se trata ni más ni menos que de aquello que llamamos nuestro ‘lugar favorito’ y que tiene tanta importancia para nosotros en la vida.

Los espacios emocionales ocupan un lugar privilegiado en nuestro corazón. La maternidad nos brinda la posibilidad de agigantar ese espacio y de expandir nuestra capacidad afectiva sin límites, como nunca antes lo habíamos imaginado, con lo cual, podemos experimentar muchas maneras de ser felices.

Ser madre trae mucha felicidad a nuestra vida y el agradecimiento por ello es imposible de explicar con palabras exactas, pero tú querida lectora, sabes de qué hablo.

El ingrediente mágico no puede ser más sencillo: tener a nuestro lado a las personas que amamos.

La felicidad consiste en saber qué y quiénes son lo importante en nuestra vida. Saber recordar que el mejor lugar del mundo es la piel de nuestros hijos, carne de nuestra carne. También lo son las caricias y la satisfacción estar bien con nosotros mismos.

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.

–Benjamin Franklin–

La felicidad es una opción, no una meta.

Posiblemente en tu día a día te has encontrado más de una vez con esas amigas o compañero/as de trabajo que dicen estar hartas de todo, que los niños les dan mucho trabajo, que cada vez son más exigentes, protestones y que apenas tienen tiempo de relajarse o disfrutar de un instante de paz y silencio.

Cada vez que te encuentres en estas situaciones, vale la pena tener en cuenta una sencilla reflexión:

Podemos elegir quedarnos en la queja. De quien se lamenta de no poder dormir apenas, de quien se obsesiona porque su bebé no es como otros y aún no deja el pañal. Podemos ser quien se queja porque su niño aún no ha aprendido a leer o…

Podemos escoger ser felices, construir con lo que tenemos y enfocarnos en mejorar las cosas para poder alcanzar mejores estados.

Ante la adversidad, lo mejor es apreciar lo que tenemos. Entender que la crianza no es fácil. Pero ya que decidimos crear vida y traerla al mundo implica un pequeño esfuerzo por nuestra parte. Al fin y al cabo la felicidad es un 80% cuestión de actitud y un 20% saber cómo mantenerla, de saber mirar las cosas con el corazón.

Tú, mi lugar favorito, mi todo

Madre e hijo felices juntos

Las personas ocupamos lugares en la vida de los demás y no hablamos en absoluto de espacios físicos, sino emocionales. Para entenderlo mejor basta con poner un sencillo ejemplo. Es muy posible que cuentes con algún familiar con el que no tienes buena relación. Tal vez sea un primo, un tío e incluso alguien más cercano.

Si ese vínculo fue dañino o traumático el espacio emocional que ocupe en tu vida será sin duda negativo. Puede incluso que hallas optado por “desinfectar” su figura en tu corazón, borrarla.

Sin embargo, aquellos que nos enriquecen, que nos cuidan, que nos aman, valida y nos regalan felicidad, ocupan sin duda espacios gigantescos en nuestros corazones y en nuestras mentes.

Gracias mi vida. Por ocupar todo mi ser

Algo sin duda curioso que sucede sólo con los hijos es que ellos llegan al mundo con todo el espacio ganado. Casi sin saber cómo, ocupan cada un lugar en nosotros, llenan cada pedacito de nuestra mente y cada recoveco de nuestro corazón. Y día a día ese espacio crece y crece. Es una experiencia única.

Otras personas en cambio, como pueden ser nuestras parejas o amistades, se han ganado esos espacios emocionales poco a poco gracias a su buen hacer, buenos actos y a esa conexión mágica que ocurre tan pocas veces en la vida. También este tipo de conexiones son producto de las circunstancias y de cómo surgen las cosas.

Sin embargo, nuestros hijos en cambio conquistaron cada terreno de nuestros afectos de forma inmediata. Simplemente con existir.

Eres mi felicidad y lo serás siempre

Mi lugar favorito está contigo

La felicidad es cuestión de actitud, lo sabemos. Entendemos también que para ser felices no necesitamos grandes cosas, a menudo, nos basta con ese día a día donde la armonía, la calma y la complicidad con los nuestros nos confiere ese bienestar inigualable.

Para ser felices debemos aprender a tolerar y a entender las decepciones, las tristezas y esos desafíos que a menudo nos pone la vida. Con esto queremos decir algo muy sencillo: las familias felices son aquellas que juntas, saben hacer frente a las adversidades y a esos momentos que en ocasiones, rompen nuestro equilibrio.

Cuando superamos las dificultades, por ejemplo logramos volver a casa con nuestro bebé prematuro, nos sentimos excelente.

Sentimos que hemos dejado atrás una dificultad y que ahora, todo va a ir para mejor, para bien de todos. Sentimos que esta alegría tan grande nos invade gracias a que hemos sido fuertes, a que hemos aprendido de ese proceso que lo creamos o no, era necesario.

Si me preguntas cuál es mi lugar favorito, te diré que aquel en el que estemos juntos, podamos crecer y caminar de la mano. Eso, mi vida, es la felicidad.