La mochila emocional del pequeño

Llenar la mochila del pequeño de bonitas experiencias no es algo útil, es necesario. De la felicidad de nuestros hijos durante su infancia va a depender en gran medida su desarrollo futuro. De ahí que los buenos recuerdos de su niñez sean básicos para el resto de su vida.

¿Qué prefieres? ¿Criar a un futuro adulto pleno, responsable, seguro de sí mismo, autónomo y feliz? ¿O un chico inseguro, lleno de rencor y de malos y vagos recuerdos que le impiden desarrollarse y comunicarse de forma adecuada?

Piensa en tu infancia. Si fue feliz, serán recuerdos que te acompañarán toda la vida y te harán mejor persona. Pero si no fue así, trata de recuperar aquellos momentos e imagina cómo te hubiese gustado que fuera.

¿Sabes de algún niño que no le guste reír y divertirse? ¿Conoces algún chico que no disfrute jugando, corriendo y saltando por doquier? Por eso hemos de potenciar su felicidad, porque en la mochila del pequeño solo pueden haber buenos y bellos recuerdos de sus primeros años de vida.

La mochila del pequeño y la frustración

Como es lógico, siempre en estos temas surge la eterna pregunta, ¿y si le frustro? No te preocupes, puedes decir no a tu pequeño, y ello no irá en detrimento de su felicidad. El hecho de que hagan constantemente lo que quieran no les hace más felices.

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Un niño, en sus primeros años de vida, se siente inseguro en un mundo que no comprende del todo bien. Por eso pregunta constantemente y transforma su cerebro en un esponja que absorbe información en cualquier momento.

Para que nuestros pequeños se sientan más cómodos y seguros, necesitan rutinas, hábitos y límites. Si tienen buenas costumbres y saben hasta donde pueden llegar, serán más seguros, autónomos y plenos.

Así que no es necesario que el pequeño haga cuanto le venga en gana para que sea más feliz. De hecho, el efecto a medio y largo plazo es precisamente el contrario. Un niño sin limitaciones acaba teniendo un desarrollo poco adecuado.

La importancia de los límites para un niño feliz

La mochila del pequeño ha de estar llena de buenos recuerdos, de felicidad y de alegría. De ahí la importancia de los límites en su educación y desarrollo. De lo contrario, estamos provocando un efecto muy negativo.

Porque la falta de limitación de un pequeño puede desarrollar un efecto de tiranía, insatisfacción y falta de autonomía tremendo. Si tu hijo cree que todo está permitido, querrá ir siempre un poco más allá. Ellos exploran el mundo, y si creen que todo está a sus pies, evolucionarán en esa falsa creencia.

Ahora bien, ¿cómo crees que reaccionará tu hijo el día que alguien le diga que no? Si está acostumbrado a hacer cuanto le viene en gana sin límites en casa para que no se frustre, ¿cómo afrontará el día a día fuera del hogar?

Como es lógico, las instituciones educativas se rigen por reglas que todos los niños han de cumplir. No cabe duda de que los hogares han de hacer lo mismo. Pero si estas no existen, el chico no solo no encuentra seguridad, está abonado a un desarrollo parcial en el que la irresponsabilidad, la falta de consecuencias y la inseguridad camparán a sus anchas.

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Cómo llenar la mochila del niño de buenas experiencias sin frustraciones

Por eso hay muchas opciones para evitar la frustración del pequeño. Aunque le pongamos límites, en realidad estos no actúan en su contra. Más bien todo lo contrario, le facultan para saber qué pueden hacer, hasta dónde ha de llegar. Se siente seguro porque sabe en qué contexto se mueve y cuáles son sus posibilidades.

No obstante, los límites no pueden ser aleatorios. Debes imponerlos en compañía de tu hijo. Así ambos os sentiréis partícipes de las reglas del hogar. Los dos seréis parte de un mismo mundo de seguridad y felicidad compartida.

El niño se sentirá parte de la organización del hogar. Sabrá que las reglas no son casualidad, sino por obra suya propia. Aprenderá hasta donde puede llegar y actuará con responsabilidad, con autonomía y con el entendimiento de que lo está haciendo bien por su propia voluntad.

En este contexto de buena predisposición, nuestros hijos crecerán plenos, seguros y felices. Llenaremos sus mochilas de alegría y experiencias bonitas. Y ello irá siempre con ellos, en su mente, en su corazón y en su misma alma.

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